¿Petróleo en la costa del paraíso?

La posibilidad de encontrar crudo a unos 100 kilómetros de Punta del Este abre una conversación sobre una riqueza potencial, sus riesgos y la forma de gestionarla antes de que el futuro se vuelva irreversible.
Tranquilos. Esta imagen está hecha con IA. EE
18-05-2026
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Por Luciano Zubillaga (*) y Carlos Celaya (**)

El petróleo que todavía no existe

El perfil de una torre de exploración petrolera rompiendo el horizonte idílico del atardecer en Punta del Este parece una imagen tan improbable como perturbadora.

Sin embargo, el sueño petrolero es tentador.

Ha sido acariciado por casi todos los gobiernos uruguayos. Tanto que la propia empresa pública ANCAP adjudica desde 2019 áreas en su plataforma continental, a unos 100 kilómetros de la costa, para tareas de prospección.

Desde entonces, la exploración offshore volvió a ganar espesor. No porque Uruguay haya encontrado petróleo, sino porque el mapa de contratos, sísmica, inversiones, expectativas y alianzas internacionales se volvió más complejo.

El tiempo fue pasando, las posibilidades de éxito seguían siendo inciertas y las compañías necesitaban argumentos cada vez más sólidos para continuar buscando.

Entonces llegó una noticia capaz de inyectar nueva adrenalina. No venía de Uruguay, sino de un lugar situado a más de 7.000 kilómetros de distancia.

El 24 de febrero de 2022, TotalEnergies anunció un descubrimiento significativo de petróleo liviano con gas asociado en el prospecto Venus, en el bloque 2913B de la cuenca de Orange, frente a las costas de Namibia.

El hallazgo no convirtió automáticamente a Uruguay en país petrolero, pero sí reactivó una hipótesis geológica poderosa: las cuencas de ambos márgenes del Atlántico Sur comparten una historia profunda. Hace unos 90 millones de años, antes de la apertura definitiva del océano, África y Sudamérica formaban parte de un mismo sistema continental. Lo que aparece en Namibia puede no repetirse en Uruguay, pero ayuda a explicar por qué las petroleras volvieron a mirar hacia esta costa.

Desde entonces, la actividad en el offshore uruguayo se ha intensificado. El país ha entrado en un tiempo marcado por un recurso que todavía no se visualiza, pero que ya produce efectos reales.

No hay reservas probadas ni estimación oficial de reservas comerciales. Lo que existen son recursos prospectivos, escenarios técnicos y compromisos exploratorios, todavía pendientes de confirmación mediante perforación. ANCAP reconoce que Uruguay sigue siendo una frontera exploratoria: el interés aumentó, el riesgo geológico pudo haberse reducido, pero la probabilidad de descubrir un yacimiento comercial sigue siendo baja.

Como resultado de la Ronda Uruguay Abierta, ANCAP firmó contratos de exploración y producción para las siete áreas offshore definidas en la plataforma continental. Entre los hitos comprometidos para el primer subperíodo exploratorio figuran la perforación de un pozo exploratorio en el área OFF-6, la adquisición de 2.500 km² de sísmica 3D en el área OFF-4 y, tras el ingreso de Chevron como operador del área OFF-1, trabajos exploratorios adicionales por unos 3.500 km² de sísmica 3D. La inversión total estimada para esas actividades supera los 160 millones de dólares.

El mapa empresarial también cambió. En marzo de 2026, QatarEnergy ingresó como socio no operador en las áreas OFF-2 y OFF-7, ambas operadas por Shell, y Chevron también se incorporó a OFF-7. En OFF-2, Shell quedó con 70% y QatarEnergy con 30%. En OFF-7, Shell mantiene 40%, mientras QatarEnergy y Chevron poseen 30% cada una.

Además, la sísmica 3D volvió al centro de la escena. En marzo de 2026 comenzó la campaña 3DUR26, desarrollada bajo un contrato multicliente con CGG Services US Inc. / Viridien. Según ANCAP, al 22 de marzo ya se habían adquirido 564 km² de datos, equivalentes al 22% del objetivo de la primera temporada, con autorización ambiental y medidas de mitigación para fauna marina.

Hay contratos, estudios sísmicos, operadores globales, expectativas optimistas, sospechas, titulares de prensa, temores ambientales y turísticos, y conversaciones sociales que empiezan a modificar la manera en que se piensa el futuro de la costa uruguaya.

El petróleo, antes de ser encontrado, ya es una imagen: puede ser la promesa de un porvenir próspero o la amenaza de un futuro deteriorado.

Las torres petroleras no se verían desde la costa, dado que las áreas de exploración se ubican mar adentro. Pero ¿quién dijo que hay que ver una amenaza para sentirla?

Este ensayo inaugura una serie sobre transiciones urbanas: procesos en los que una ciudad, una costa o un territorio empiezan a cambiar antes de que el cambio se vuelva plenamente visible.

La paradoja uruguaya

Uruguay no llega a este posible ciclo petrolero como un país cualquiera. Llega con una marca internacional asociada a estabilidad, escala humana, institucionalidad, turismo, calidad de vida y transición energética.

Parte de esa imagen se apoya en su matriz eléctrica renovable, presentada internacionalmente como un caso de éxito. La posibilidad de avanzar hacia una frontera petrolera marítima introduce, por eso, una paradoja particularmente visible: un país asociado al futuro verde empieza a imaginar una riqueza de oro negro.

Punta del Este y Maldonado son el corazón simbólico de esa paradoja. Forman una economía del deseo: paisaje, turismo, inversión inmobiliaria, segunda residencia, temporada, playa y marca país.

La pregunta no debería ser sólo si habrá petróleo o no, ni cuánto podría valer. La pregunta es qué ocurre cuando un territorio construido alrededor de la idea de naturaleza, ocio y sofisticación empieza a imaginar también una frontera energética no tan sustentable.

En otras palabras: ¿qué pasa cuando el mar deja de ser solamente paisaje y empieza a ser subsuelo económico?

Los espejos internacionales

Hay casos que merece la pena observar. La explotación en la cuenca de Santos, frente a las costas de Río de Janeiro y São Paulo, muestra hasta qué punto una economía petrolera marítima puede convivir con tensiones ambientales, reputacionales y turísticas. El dinero del petróleo siempre es bien recibido, pero la posibilidad de un derrame puede convertirse en una mancha reputacional incluso más cara que cualquier beneficio fiscal.

La mera propuesta de abrir bloques offshore frente a Palm Beach y otras playas icónicas de Florida también ha generado un fuerte debate en la sociedad norteamericana. De nuevo, la promesa de empleo, inversión y riqueza no siempre compensa el miedo a perder una marca turística.

Namibia, el lugar que aceleró la imaginación petrolera uruguaya, ofrece otro espejo. Allí también conviven las expectativas de ingresos fiscales con la necesidad de proteger una identidad asociada a naturaleza, paisaje y singularidad territorial.

Estos ejemplos no sirven para copiar respuestas, sino para formular mejores preguntas. Las transiciones actuales - energéticas, digitales, ambientales, demográficas o urbanas - no se procesan únicamente con datos técnicos. También se procesan con legitimidad social, confianza institucional y capacidad narrativa.

Polarización inútil

La discusión pública suele organizarse rápido en dos campos: entusiasmo desarrollista o rechazo ambiental. Pero esa división es pobre. Hay un punto intermedio mucho más productivo: pensar cómo podría salir bien y cómo podría salir mal.

El petróleo, por sí solo, no garantiza ni desastre ni prosperidad. Lo decisivo es la forma de gestión: transparencia, distribución, institucionalidad, regulación ambiental, conversación pública y capacidad de planificar a largo plazo.

Hay una intuición social muy potente. Analizamos cientos de comentarios en redes sociales y canales de YouTube sobre programas dedicados a la posibilidad petrolera de Uruguay. Una idea aparece como hilo conductor: no se teme tanto al petróleo como a la gestión del petróleo.

El temor a estar en la playa y ver torres petroleras -como sucede en otras costas del mundo- puede ser exagerado en este caso. Pero el temor a que el recurso sea administrado con opacidad, capturado por pocos, vendido como promesa abstracta o usado para financiar decisiones de corto plazo sí es verosímil.

La discusión, entonces, no debería limitarse a la pregunta "petróleo sí" o "petróleo no". La pregunta más importante es otra: ¿qué tipo de instituciones, controles, acuerdos sociales y horizontes de inversión necesitaría Uruguay para que una eventual riqueza petrolera no se convierta en una mala transición?

¿Qué hacer para que salga bien?

Podría salir bien si Uruguay entendiera el offshore no como una licencia para abandonar su identidad verde, sino como una oportunidad limitada, controlada y excepcional para financiar una transición más sofisticada.

En ese escenario, los eventuales ingresos no se diluyen en gasto corriente ni en épica extractiva. Se orientan a infraestructura, ciencia, educación, innovación energética, protección costera, tecnología, cultura y fondos intergeneracionales.

La costa no se transforma en una zona de sacrificio, sino en un laboratorio de gobernanza. El petróleo sería tratado no como destino, sino como puente.

Podría salir bien si Uruguay construye desde el inicio una arquitectura institucional clara: reglas fiscales específicas, información pública accesible, estándares ambientales exigentes, monitoreo independiente, participación territorial y una conversación honesta sobre beneficios y riesgos.

También podría salir bien si la renta petrolera, de existir, se vincula a una agenda de largo plazo: transición energética, adaptación climática, protección de costas, educación tecnológica, investigación marítima, innovación productiva y diversificación económica.

El desafío sería evitar que el petróleo capture la imaginación nacional. Usarlo, eventualmente, sin dejar que defina el futuro del país.

¿Cómo podría salir mal?

Podría salir mal si el recurso se administra como una fiebre.

Si la promesa de riqueza acelera la especulación inmobiliaria, debilita controles ambientales, desplaza comunidades, divide a la sociedad entre beneficiarios y espectadores, o convierte la costa en una postal contradictoria: lujo, plataformas, opacidad y deterioro.

En ese escenario, el país podría cambiar algo irrecuperable por ingresos temporales. No alquilaría solamente su plataforma marítima; vendería parte de su capital simbólico.

La frase brutal sería: por treinta denarios de petróleo, revienta un paraíso.

Pero incluso esa imagen necesita pensarse con cuidado. Punta del Este no es un paraíso intacto. Es un territorio de tensiones: presión inmobiliaria, estacionalidad, desigualdad de acceso, expansión urbana, fragilidad ambiental, turismo de alto consumo y dependencia de ciclos externos.

El petróleo no inventaría el conflicto; lo haría más visible. Lo que ya estaba en la costa - deseo, inversión, desigualdad, paisaje, marca, promesa - se mezclaría con otra temporalidad: la del capital energético global.

Transiciones urbanas: una de cal y otra de arena

Toda transición trae ambivalencias. Por malo que parezca un proceso, puede dejar aprendizajes, capacidades o infraestructuras útiles para el futuro. Por bueno que parezca, puede introducir costos invisibles, desigualdades nuevas o daños difíciles de revertir.

Las ciudades y los territorios no cambian de manera pura. Cambian por capas. Una decisión económica altera el paisaje. Una expectativa de inversión modifica el precio del suelo. Una tecnología reordena la movilidad. Una promesa de empleo transforma la conversación pública. Un rumor sobre riqueza futura cambia el comportamiento de actores públicos y privados antes de que exista la riqueza misma.

Por eso, el caso Punta del Este no debería leerse solamente como una discusión petrolera. Es un caso de transición urbana y territorial. Un posible cambio en la economía del mar puede alterar la imaginación de la costa, el posicionamiento internacional de Uruguay y la manera en que sus ciudades turísticas se piensan a sí mismas.

Los estudios económicos, sociales y ambientales son necesarios, pero no alcanzan para medir una mutación imaginaria. ¿Cómo se calcula el efecto de una expectativa? ¿Cómo se mide la transformación de una marca país? ¿Cómo se anticipa la ansiedad colectiva frente a una riqueza futura? ¿Cómo se planifica una ciudad cuando el recurso que puede cambiarla todavía no fue confirmado?

Inteligencia territorial para navegar la transición

En este punto, la cultura creativa no debería entenderse como entretenimiento ni como ornamento, sino como una forma de inteligencia territorial: una capacidad para traducir datos, expectativas, temores y escenarios en relatos públicos comprensibles.

Las transiciones no se gestionan sólo con indicadores. También requieren lenguajes compartidos para imaginar riesgos, oportunidades y consecuencias antes de que el cambio se vuelva irreversible.

Una universidad, una plataforma cultural, un centro de investigación o un observatorio territorial podrían funcionar como espacios de lectura anticipada de esta transición.

No para decidir de antemano si Uruguay debe o no explotar petróleo, sino para abrir una pregunta más amplia: ¿qué tipo de conversaciones se necesitan ahora para organizar una riqueza futura?

Ese es el punto central. El futuro no llega de golpe. Primero aparece como rumor, como contrato, como mapa, como miedo, como promesa, como inversión, como rechazo. Después, cuando se vuelve infraestructura, muchas veces ya es tarde para discutirlo con libertad.

La imaginación colectiva suele llegar después de las decisiones técnicas, cuando debería llegar antes.

El petróleo uruguayo todavía no existe como industria. Pero ya existe como fuerza narrativa. Y esa es la cuestión central. Hay futuros que no necesitan haberse realizado para empezar a modificar la conducta de gobiernos, empresas, inversores, periodistas, ambientalistas, vecinos y ciudades.

A veces, una sociedad no cambia cuando encuentra un recurso. Cambia antes: cuando empieza a imaginar lo que ese recurso podría hacerle.

La pregunta, entonces, no es solamente si habrá petróleo frente a Punta del Este. La pregunta es si Uruguay será capaz de imaginarlo antes de padecerlo o celebrarlo demasiado tarde.

 

(*) Ex decano de investigación de la School of Cultural Technology en Xi'an Jiaotong-Liverpool University, Suzhou, China.

(**) Experto en comunicación y analista de discurso y sentimiento público. Periodista y consultor.

Fuentes de verificación para uso editorial

  • ANCAP, "Actualización de la exploración de hidrocarburos offshore Uruguay", 9 de julio de 2025: siete contratos offshore, contrato de producción compartida, baja probabilidad de frontera exploratoria, pozo en OFF-6, sísmica 3D en OFF-4, trabajos adicionales en OFF-1 y una inversión total estimada superior a USD 160 millones.
  • ANCAP, "Nuevos socios se incorporan a las áreas offshore OFF-2 y OFF-7", 26 de marzo de 2026: ingreso de QatarEnergy y Chevron como socios no operadores; OFF-2: Shell 70% / QatarEnergy 30%; OFF-7: Shell 40% / QatarEnergy 30% / Chevron 30%.
  • ANCAP, "Progress of the 3DUR26 seismic survey", 26 de marzo de 2026: campaña 3DUR26 iniciada el 1 de marzo de 2026; al 22 de marzo, 564 km² adquiridos, 22% del objetivo de la primera temporada; autorización ambiental y medidas de mitigación de fauna marina.
  • TotalEnergies, comunicado del 24 de febrero de 2022: descubrimiento significativo de petróleo liviano con gas asociado en Venus, bloque 2913B, offshore Namibia.
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