La promesa mentirosa del Mossad que arrastró a EE.UU. a la guerra con Irán
Había un plan. Y sonaba bien sobre el papel.
El jefe del Mossad, David Barnea, le presentó a Benjamin Netanyahu una promesa concreta: en los primeros días de guerra contra Irán, la inteligencia israelí podría encender la mecha de la oposición iraní. Protestas, rebelión, y quizás el colapso del régimen. Netanyahu lo compró. Trump también.
Tres semanas después del inicio del conflicto, el levantamiento popular no se ha materializado.
El plan que convenció a Netanyahu y a Trump
La apuesta de Barnea
Barnea no solo le presentó el plan a Netanyahu. También lo expuso ante altos funcionarios de la administración Trump durante una visita a Washington a mediados de enero, demuestran cuatro periodistas del NYT: Mark Mazzetti, Julian E. Barnes, Edward Wong y Ronen Bergman. La lógica era simple: eliminar a los líderes iraníes en los primeros días de la guerra, combinado con una serie de operaciones de inteligencia, generaría una rebelión masiva que podría terminar el conflicto rápidamente.
Trump se sumó al optimismo desde el primer discurso. "Tomen el control de su gobierno: será suyo para tomarlo", les dijo a los iraníes al inicio de los ataques.
Netanyahu también adoptó el plan. Y fue precisamente la confianza del Mossad en un posible levantamiento lo que el primer ministro usó para convencer a Trump de que derribar al gobierno iraní era un objetivo realista.
Las dudas que nadie escuchó
No todos compartían ese entusiasmo. Altos funcionarios estadounidenses y analistas de la agencia de inteligencia militar israelí, AMAN, miraban el plan con escepticismo. Los líderes militares de EE.UU. le advirtieron a Trump que los iraníes no saldrían a protestar mientras caían bombas. La evaluación de inteligencia era clara: la probabilidad de una revuelta masiva era baja.
Esas voces no pesaron lo suficiente.
Tres semanas de guerra, cero levantamiento
El régimen aguanta
Las evaluaciones de inteligencia estadounidense e israelí coinciden hoy en un punto: el gobierno teocrático iraní está debilitado, pero sigue en pie. El miedo a las fuerzas militares y policiales del régimen ha sofocado cualquier brote de rebelión. Las milicias étnicas fuera de Irán tampoco han lanzado incursiones transfronterizas de peso.
Lejos de implosionar desde adentro, Irán escaló. Golpeó bases militares, ciudades, barcos en el Golfo Pérsico e instalaciones petroleras vulnerables.
La frustración detrás de escena
Netanyahu, en público, mantiene cierto optimismo. "Es demasiado pronto para saber si el pueblo iraní aprovechará las condiciones que estamos creando para salir a las calles", dijo en una conferencia de prensa. "Espero que así sea. Estamos trabajando hacia ese objetivo, pero en última instancia dependerá solo de ellos."
Pero en privado, el panorama es otro. Según fuentes consultadas por el New York Times, Netanyahu expresó su frustración en una reunión de seguridad días después del inicio de la guerra. Temía que Trump pudiera decidir terminar el conflicto en cualquier momento, y las operaciones del Mossad aún no habían dado frutos.
Por qué no hubo levantamiento: el factor miedo
Nate Swanson, ex funcionario del Departamento de Estado que integró el equipo negociador de la administración Trump sobre Irán, fue directo. Dijo que nunca vio un "plan serio" dentro del gobierno estadounidense para promover un levantamiento en Irán.
"Muchos manifestantes no van a salir a la calle porque los van a matar", afirmó Swanson, hoy en el Atlantic Council. "Los van a masacrar. Eso es una cosa. Pero la segunda es que hay un buen porcentaje de personas que simplemente quieren una vida mejor y están al margen. No les gusta el régimen, pero no quieren morir oponiéndose a él. Ese 60% se va a quedar en casa".
Y agregó: "Todavía hay gente fervientemente anti-régimen, pero no están armados y no están llevando a la mayoría de la población a las calles."
El propio Trump llegó a conclusiones similares dos semanas después del inicio del conflicto. El 12 de marzo reconoció que Irán tiene fuerzas de seguridad en las calles "ametrallando a la gente si quiere protestar". "Creo que eso es un gran obstáculo para personas que no tienen armas", admitió en Fox News Radio.
La opción kurda: otra apuesta que se diluyó
El plan B del Mossad
Uno de los elementos concretos del plan israelí era apoyar una invasión de grupos de milicias kurdas iraníes desde el norte de Irak. El Mossad tiene vínculos históricos con grupos kurdos, y tanto la CIA como el servicio israelí les habían dado armas y apoyo en años recientes.
En los primeros días de la guerra, jets israelíes bombardearon objetivos militares y policiales en el noroeste de Irán, en parte para preparar el terreno para esas fuerzas kurdas.
Trump frenó el avance
La iniciativa no prosperó. Una semana después del inicio del conflicto, Trump fue explícito: "No quiero que los kurdos entren. No quiero ver a los kurdos heridos, muertos."
Turquía, aliada de la OTAN, también presionó. El canciller turco Hakan Fidan le transmitió el mensaje directamente al secretario de Estado Marco Rubio: Ankara se opone a cualquier operación kurda armada, dado su propio conflicto con separatistas kurdos en su territorio.
Bafel Talabani, presidente de la Unión Patriótica del Kurdistán, uno de los principales partidos kurdos iraquíes, fue más lejos aún. Advirtió que una avanzada kurda podría tener el efecto contrario al buscado: "Los iraníes son muy nacionalistas. Creo que si temen que los kurdos que vienen de afuera van a causar una división o fragmentación de su país, esto podría en realidad unificar al pueblo contra este movimiento separatista".
El historial que el Mossad ignoró
Una lección que ya había sido aprendida
La ironía es que el propio Mossad había llegado antes a esta conclusión. El predecesor de Barnea, Yossi Cohen, decidió que intentar fomentar una rebelión en Irán era una pérdida de tiempo. Redujo los recursos destinados a ese objetivo al mínimo.
En 2018, Cohen fue público al respecto: "Nos preguntamos si podíamos cerrar esa brecha, y llegamos a la conclusión de que no podíamos." La estrategia de esa etapa fue otra: debilitar al gobierno mediante sanciones económicas aplastantes, asesinatos de científicos nucleares y sabotaje de instalaciones.
Barnea revirtió ese enfoque en el último año, apostando a que una combinación de bombardeos intensivos y asesinatos de líderes iraníes podría encender una rebelión popular. Shahar Koifman, ex jefe del área de Irán en la División de Investigación de Inteligencia Militar del IDF, dijo que Israel había explorado distintas ideas para desestabilizar al gobierno iraní, pero que en su opinión estaban condenadas a fracasar desde el inicio. No cree que derribar al gobierno iraní sea un objetivo alcanzable en este conflicto.
¿Qué sigue? La apuesta por las "botas iraníes"
El gobierno de Netanyahu no ha renunciado públicamente a la idea del levantamiento en esta transición del conflicto con Irán. "Necesitamos botas en el suelo, pero tienen que ser botas iraníes", dijo Yechiel Leiter, embajador de Israel en EE.UU., en CNN. "Y creo que están en camino".
Por ahora, sin embargo, la promesa que justificó el inicio de la guerra sigue sin cumplirse. Y el régimen que debía derrumbarse desde adentro continúa en pie. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar