Ideas

Haciendo al mundo mercantilista de nuevo

Las ideas de Trump no son novedosas ni acertadas, sino más bien un resurgimiento del mercantilismo europeo de los siglos XV al XVIII.
Trump reflotó las ideas mercantilistas Dall-E
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El anuncio de aranceles recíprocos de Donald Trump en el "Día de la Liberación" causó un gran impacto en los mercados mundiales, que reaccionaron ante los previsibles efectos negativos en el comercio global y la amenaza de una guerra comercial a gran escala.

Apenas 15 horas después de la entrada en vigor de la medida, cuando los analistas aún intentaban descifrar las verdaderas intenciones detrás de la iniciativa, los nuevos aranceles fueron inesperadamente suspendidos por 90 días. El presidente norteamericano anunció una baja en los aranceles recíprocos a 10% para todos los países, mientras que en paralelo incrementó los aranceles sobre los productos chinos hasta el 125%. 

  • Es importante destacar que establecer un arancel promedio del 10% es significativo, ya que triplica el nivel arancelario que el país aplicaba hasta hace unas semanas que, según datos de la Organización Mundial del Comercio, era del 3,4%.

Trump y sus asesores han reiterado que su principal objetivo es corregir el déficit comercial de Estados Unidos, que consideran perjudicial para la economía del país.

Con respecto a China, Trump declaró: "Tenemos que resolver nuestro déficit comercial. Tenemos un déficit de un billón de dólares con China: cientos de miles de millones de dólares al año que perdemos. Si no resolvemos esto, no habrá trato". 

Y sobre la Unión Europea, argumentó: "No se llevan nuestros coches, ni nuestros productos alimenticios, nada. Nosotros nos llevamos sus coches: Mercedes, Volkswagen, BMW. Nos llevamos millones de coches, pero ellos no se llevan ninguno, ni nuestros productos agrícolas, nada"

Se podría decir que el equipo de Trump considera que el déficit comercial es perjudicial para Estados Unidos y que el país está haciendo un favor al resto del mundo, que crece a expensas de los resultados comerciales superavitarios frente a la economía estadounidense.

El presidente Trump está convencido de que una política proteccionista devolverá productividad y desarrollo al país, argumentando que, tras estas medidas arancelarias, los empleos y las fábricas volverán con fuerza e impulsarán una base industrial nacional.

Trump y un resurgimiento del mercantilismo europeo de los siglos XV al XVIII

Las ideas de Trump no son novedosas ni acertadas, sino más bien un resurgimiento del mercantilismo europeo de los siglos XV al XVIII. 

Aquellos pensadores, principalmente de Inglaterra y Francia, tenían una visión del mundo que se puede resumir así:

  • El mundo es estático y el comercio es un juego de suma cero. Los mercantilistas creían que la riqueza era fija y, por lo tanto, el enriquecimiento de un país se producía a costa del empobrecimiento de otro.
  • La riqueza depende de la cantidad de dinero que acumula un país. Estos pensadores creían que cuanto más dinero tenía un país, mayor sería la proliferación de su comercio y más bajas las tasas de interés para financiar nuevos proyectos. Por ello, recomendaban la conquista de colonias para extraer oro y la aplicación de impuestos a las importaciones para evitar el déficit comercial, que asociaban con una pérdida de moneda.

Las ideas mercantilistas fueron refutadas rápidamente por grandes pensadores como Adam Smith y los fisiócratas franceses. El marco conceptual mercantilista, que está claramente vivo y de moda en la actualidad, contiene errores graves.

En primer lugar, es fundamental comprender que la riqueza, lejos de ser estática, se expande continuamente. Es notable cómo el aumento de la productividad ha generado un impresionante crecimiento del PIB per cápita mundial en los últimos 300 años, a pesar de que la población se ha multiplicado por más de 8.

Por otro lado, los mercantilistas no comprendieron que el comercio siempre es un juego de suma positiva en el que ambas partes (oferentes y demandantes) se benefician. De lo contrario, no existiría el intercambio voluntario. Es decir, si alguien está dispuesto a vender un bien por una cantidad de dinero, es porque valora más obtener ese dinero que poseer el bien en su poder. Por otro lado, el comprador estaría dispuesto a realizar la operación solo si la utilidad que le reporta el nuevo bien es mayor que la de mantener su dinero en una cuenta bancaria o darle otro uso alternativo.

Siguiendo esta línea, es importante destacar que quienes realizan las transacciones comerciales son siempre personas motivadas por su propio interés, ya sean amigos, vecinos o individuos que jamás se conocerán y viven a miles de kilómetros. Cada transacción es el resultado de la cooperación de dos partes que intercambian derechos de propiedad buscando mejorar su situación. Por lo tanto, no son los países entes ontológicos los que exportan o importan bienes y servicios, sino sus residentes, que toman decisiones según su conveniencia, ya sean vendedores o compradores.

Otro error de los mercantilistas fue pensar que la riqueza de un país estaba ligada exclusivamente a la acumulación de moneda. El dinero es un medio de cambio fundamental para coordinar el sistema económico, pero no genera bienestar por sí mismo. Adam Smith les respondía a los mercantilistas que "la riqueza de un Estado consiste en conseguir provisiones y todas las otras mercancías y comodidades de la vida a bajo precio". En otras palabras, la riqueza de los habitantes de un país se basa en su capacidad para acceder a muchos bienes y servicios, no en la cantidad de circulante.

En cuanto a las tasas de interés bajas, tampoco dependen de la abundancia de dinero, sino de la calidad institucional que incentive el ahorro, disminuya la preferencia temporal de los habitantes y se canalice a través de un sistema financiero sólido. 

Por lo tanto, debe entenderse que los estadounidenses no están haciendo un favor al mundo ni a los países con los que tienen un déficit comercial. Tampoco los países con superávit comercial crecen o se benefician a costa del déficit de otros. Si alguien en el país X importa un bien del país Y, es porque ese producto es más barato o mejor que el que se puede fabricar en su país. En otras palabras, millones de estadounidenses se benefician al importar productos finales o insumos para producir desde China y el resto del mundo.

Además, son los mismos foráneos quienes financia gran parte de esas importaciones. Esto último queda claro al analizar la balanza de pagos. Los últimos datos publicados por el Bureau of Economic Analysis del Departamento de Comercio de Estados Unidos indican que la cuenta corriente en 2024 fue deficitaria en US$ 1,13 billones y que la cuenta financiera registró un ingreso de US$ 1,27 billones que se traduce como endeudamiento neto de Estados Unidos con residentes extranjeros. Para ponerlo en palabras más simples, quiere decir que los habitantes del resto del mundo son quienes le prestan el dinero a los norteamericanos para que estos consuman más y mejor.

El resurgimiento de las ideas mercantilistas empobrecerá al mundo. 

Sin duda, el resurgimiento de las ideas mercantilistas empobrecerá al mundo. No habrá ganadores en un mundo donde las barreras arancelarias entre los países crezcan e impidan la cooperación entre sus habitantes. 

Para los estadounidenses, un aumento de los aranceles se traducirá en un aumento del nivel de precios, reduciendo su capacidad de consumo y ahorro. Esto impactará en el crédito disponible, en la capacidad de aumentar la inversión y, por lo tanto, en la productividad y competitividad de Estados Unidos en el futuro. 

En cuanto a China, una disminución de sus exportaciones provocará una depreciación de su moneda, que se contagiará al resto de los países emergentes, disminuyendo también el poder de compra de sus habitantes. El afán de colocar mercancías que ya no tendrán como destino Estados Unidos y el efecto financiero conocido como "vuelo hacia la calidad" podrían generar una guerra de monedas, quiebras de empresas, interrupción de las cadenas de pagos e incluso una crisis financiera debido a los impagos de empresas muy apalancadas. 

El "Make America Great Again" quedaría reducido a un simple slogan político.    Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar