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El libro que está sacudiendo al progresismo: por qué la izquierda se olvidó de construir

En su nuevo libro, Ezra Klein y Derek Thompson desafían al progresismo a superar la ideología de la escasez para construir activamente un futuro más próspero y justo.
Ezra Klein y Derek Thompson proponen en "Abundance" una nueva agenda progresista. EE
01-05-2025
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El mundo progresista parece haberse acostumbrado a administrar la escasez. Regulaciones, ayudas puntuales y una distribución limitada de recursos existentes han definido la agenda durante décadas. Pero, ¿qué pasaría si la izquierda dejara atrás esta mentalidad restrictiva y apostara por construir, literalmente, un futuro abundante?

En su reciente publicación Abundance, Ezra Klein, columnista de The New York Times, y Derek Thompson, editor en The Atlantic, proponen exactamente eso. Ambos periodistas, conocidos por su análisis lúcido y divulgativo, lanzan una provocación directa al progresismo estadounidense: abandonar la lógica que limita el crecimiento y empezar a imaginar cómo expandir radicalmente la prosperidad social, económica y ambiental.

  • "No solucionaremos el desempleo cerrando las puertas a los inmigrantes", escriben. "Ni frenaremos el cambio climático haciendo que el mundo se muera de hambre por no crecer".

El libro plantea un giro narrativo clave: en lugar de repartir la escasez actual, la política progresista debería centrarse en multiplicar las oportunidades, ampliando infraestructuras, acelerando la transición energética y simplificando burocracias que hoy frenan avances significativos.

Una crítica a la izquierda que dejó de construir

Así lo resume Noah Smith: "La tesis básica de este libro es que el liberalismo —o el progresismo, o la izquierda, etc.— ha olvidado cómo construir lo que la gente desea. Todo progresista habla de 'vivienda asequible', pero las ciudades y los estados demócratas construyen tan pocas viviendas que se vuelven inasequibles. Todo progresista habla de la necesidad de combatir el cambio climático, pero las regulaciones ambientales han dificultado enormemente la sustitución de los combustibles fósiles por energías renovables. Muchos progresistas sueñan con el día en que el gobierno pudiera lograr grandes cosas y publican mapas de redes ferroviarias imaginarias de alta velocidad que atraviesan el país; sin embargo, diversas políticas progresistas han obstaculizado la capacidad del gobierno para construir infraestructura".

Klein y Thompson ejemplifican esta tensión con un caso emblemático: el tren de alta velocidad en California. A pesar de haber sido aprobado hace más de 15 años, todavía no se ha completado debido a trabas regulatorias, revisiones ambientales infinitas y oposición local. Según los autores, esta parálisis ilustra cómo "la izquierda ha olvidado cómo construir".

"Si los liberales no quieren que los estadounidenses recurran a la falsa promesa de hombres fuertes, necesitan ofrecerles los frutos de un gobierno eficaz", escribe. Vale aclarar: en Estados Unidos, liberal se usa para describir a los progresistas.

Otro ejemplo central es la vivienda. En muchas ciudades gobernadas por progresistas —como San Francisco o Nueva York— los precios se disparan debido a regulaciones estrictas y a la resistencia vecinal a nuevas construcciones. Los autores se alinean con el movimiento YIMBY (Yes In My Backyard), que aboga por eliminar trabas a la edificación de viviendas densas y accesibles. "La vivienda asequible no se decreta. Se construye", afirman.

En materia de energía, el libro plantea una defensa enérgica de acelerar los desarrollos de energía solar, eólica y nuclear. Critican que, por motivos burocráticos o ambientales, muchos proyectos de infraestructura verde tarden décadas en aprobarse. "Los enemigos de la descarbonización no siempre son los combustibles fósiles", señalan, "a veces es el propio sistema que dice defender el medio ambiente".

Y, mientras eso ocurre, Texas, un estado hiper-republicano conocido por su conservadurismo fiscal y sus actitudes libertarias hacia las empresas privadas, superó a estados demócratas como California tanto en energía verde como en vivienda asequible, un resultado irritante para cualquier progresista que pueda soportar mirar los datos.

La abundancia como política pública

La ciencia y la innovación también ocupan un lugar destacado. Klein y Thompson denuncian que los investigadores gastan hasta el 40 % de su tiempo en trámites administrativos. Proponen reducir esos obstáculos, aumentar la inversión pública y fomentar sectores como la inteligencia artificial, la biotecnología o la salud preventiva. "Queremos un Estado que no solo regule e imponga reglas, sino que construya, habilite e impulse", resumen.

El estilo del libro es claro, directo y lleno de ejemplos. La narrativa es accesible, pensada para un público amplio dentro del espectro progresista. No buscan convencer a los conservadores, sino reencantar a los votantes liberales desencantados con la parálisis estatal y el exceso de trámite.

"Es principalmente un fuerte grito contra los demócratas miopes", dice Samuel Moyn en NYT

Recepción crítica y legado posible

Abundance ha sido bien recibido en medios como The Guardian, Vox y The Atlantic, aunque no sin matices. Algunos críticos advierten que la propuesta podría caer en una tecnocracia sin sensibilidad social. Desde sectores más a la izquierda, se señala que los autores minimizan las desigualdades estructurales y el rol que deben jugar las políticas redistributivas. "La abundancia sin equidad puede ser abundancia para unos pocos", escribe un columnista en Jacobin.

Aun así, el impacto del libro es claro: ha reactivado una discusión dentro del progresismo sobre el rumbo futuro. ¿Seguir gestionando los límites o animarse a imaginar una expansión concreta de lo posible? "El futuro no tiene por qué estar definido por el miedo", cierran los autores. "Puede estar definido por la abundancia".

La propuesta es ambiciosa, pero también realista. Y, en un contexto global donde los desafíos del cambio climático, la vivienda y la tecnología se multiplican, Abundance funciona como un mapa provocador para quienes todavía creen que el progreso y la justicia pueden ir de la mano. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar