Expectativas

"El acuerdo EFTA-Mercosur es un win-win para ambas partes"

El Economista estuvo presente en la UCES en el marco de la conferencia "EFTA-MERCOSUR: Un acuerdo estratégico para la cooperación birregional" que brindaron los embajadores de Noruega, Halvor Sætre, y de Suiza, Hans Bortis
02-10-2025
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Esta semana, El Economista estuvo presente en la sede de la Asociación Dirigentes de Empresa (ADE) para participar de un nuevo desayuno de trabajo de la cátedra Unión Europea de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES).

Durante la jornada, titulada "EFTA-MERCOSUR: Un acuerdo estratégico para la cooperación birregional", los principales expositores fueron los embajadores de Noruega, Halvor Sætre, y de Suiza, Hans Bortis, quienes compartieron su visión acerca de la reciente firma del Acuerdo de Libre Comercio entre la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) y el MERCOSUR, concretada el pasado 16 de septiembre en Brasilia tras más de una década de negociaciones.

Cabe recordar que los cuatro Estados del EFTA (Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein) son economías abiertas y desarrolladas con datos comerciales que son sustancialmente más altos de lo que cabría esperar de un mercado de 15 millones de personas. 

Actualmente, la EFTA es el noveno jugador más grande del mundo en el comercio de bienes y el quinto en el comercio de servicios. Además, es el tercer socio comercial más importante en bienes para la UE y el segundo cuando se trata de servicios.

En este sentido, el director de la cátedra Unión Europea, Patricio Degiorgis, subrayó la trascendencia estratégica del entendimiento alcanzado: "Este acuerdo abre una nueva etapa de cooperación entre dos bloques que comparten valores de estabilidad institucional, sostenibilidad y apertura económica".

"Para el Mercosur significa un acceso preferencial a mercados altamente competitivos y, para la EFTA, una relación privilegiada con una región de enorme potencial productivo. No se trata solo de comercio: hablamos de inversión, innovación y una agenda común hacia el desarrollo sostenible", agregó. 

A lo largo de la exposición, los embajadores Sætre y Bortis detallaron las oportunidades que ofrece el acuerdo en materia de bienes industriales, servicios, propiedad intelectual, energías limpias y cooperación tecnológica. 

Además, remarcaron el carácter complementario de ambas regiones, destacando que el acuerdo EFTA-MERCOSUR constituye un mensaje positivo en un escenario global signado por la incertidumbre, las tensiones comerciales y la necesidad de construir cadenas de valor más resilientes.

Análisis en detalle 

En primer lugar, el embajador Bortis remarcó que el gobierno de Suiza no es ni parlamentario ni presidencial ni monárquico, sino que la última palabra la tiene siempre el soberano, algo que será fundamental a la hora de ratificar el acuerdo. 

También aclaró que, en su política exterior, Suiza defiende el principio de la universalidad ya que, con excepción del agua dulce, su país no tiene materia prima, por lo que está obligado a mantener relaciones con todos los países.

"Nuestra economía, que es liberal, abierta, y muy competitiva, gana un 50% de su trabajo en el exterior. Por ejemplo, Suiza es el tercer socio comercial de la Unión Europea: el 60% de nuestras importaciones viene del bloque, y el 40% va a los miembros de este", detalló.

Respecto al acuerdo en particular, Bortis subrayó que "es una liberación de por lo menos el 95% de exportaciones (...) La realidad es que entre los miembros de la EFTA estamos hablando de un mercado de unos 15 millones de personas, mientras que el del Mercosur abarca unos 270 millones. Por lo tanto, no se puede pensar que es una gran ventaja de acceso al libre mercado, pero, sin dudas, es un win-win para ambas partes".

En este sentido, explicó que los países de la EFTA tienen mucho para ofrecer en innovación e inversión, en creatividad y tecnología; aunque señaló que aún falta la ratificación, que en el caso de Suiza tiene la particularidad del referéndum.

"Hay temas que son muy importantes para nosotros, como la sostenibilidad, como el sector agrario y ustedes saben que, cuando hablamos de la política agraria entre Argentina y Suiza, no podría ser más diferente. Es significativamente opuesta porque aquí hay retenciones, mientras que Suiza subvenciona al sector agrario, en parte como una política de la economía de guerra heredada de la Segunda Guerra Mundial", agregó. 

Según el Embajador, aunque el sector agrario no representa ni el 3% del PIB suizo, el mismo tiene un gran peso estratégico en la política del país. 

Por su parte, el embajador Sætre destacó que "el pacto es un acuerdo de quinta generación. Es decir, se fomenta el libre comercio, pero de manera muy equilibrada, muy sustentada. Es un tipo de acuerdo muy maduro en donde los aranceles van a desaparecer o bajar, pero hay periodos de transiciones y cláusulas de salvaguardia". 

Sætre, a su vez, apuntó que las reglas son similares a las del acuerdo Unión Europea-Mercosur, y que es importante recordar que el pacto puede entrar en vigor entre dos actores cuando un país del Mercosur y un país de la EFTA lo ratifiquen; y luego los demás países pueden sumarse. 

"Hay que destacar que, aunque este acuerdo si se trata sobre aranceles, no es solo eso. Lo más importante son las posibilidades de dar más confianza a inversores, porque tienen un capítulo sobre inversiones y servicios. Entonces, aunque somos un mercado chico, Noruega y Suiza son países financieros importantes", agregó. 

Por último, el Embajador noruego remarcó que este no es un acuerdo ideológico, ya que tenemos varios países con diferentes sistemas de gobierno e incluso oficialismos muy diferentes: "Este no es un simple acuerdo capitalista, sino sostenible y social. Son acuerdos que funcionan para todos porque son equilibrados".  Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar

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