Problemas en MAGA-landia

Donald Trump enfrenta su peor enemigo

No es China, Rusia, Irán ni los demócratas. El mayor riesgo para Trump hoy son sus propios seguidores.
Donald Trump .
19-07-2025
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Durante años, Donald Trump se posicionó como el líder indiscutido de una base electoral ferozmente leal, capaz de justificar cada escándalo, cada giro ideológico y cada ataque a las instituciones. Pero hoy, por primera vez desde que irrumpió en la política, esa misma base se le da vuelta. El caso Epstein, símbolo absoluto del "Estado profundo" para el universo conspiranoico, detonó una rebelión interna que ni él, con todo su arsenal de narrativa y poder, está logrando controlar.

La traición que los MAGA no perdonan

Lo que en otro momento habría sido una tormenta más para surfear, esta vez estalló desde adentro. Luego de años prometiendo revelar los secretos del caso Epstein —incluido un supuesto "client list" con nombres de figuras de la élite global—, Trump y su Departamento de Justicia difundieron un memo que echó por tierra todas las expectativas: no hay lista, no hay conspiración, y Epstein se suicidó.

Para la base MAGA, no fue una explicación. Fue una traición.

"No es lo que votamos", "me siento engañado", "esto confirma que Trump se vendió al sistema", fueron los comentarios que coparon las redes, los programas de radio y los canales alternativos de ultraderecha. Muchos sintieron que el líder que prometió desenmascarar a los poderosos se convirtió en su encubridor.

Un caso que sintetiza todo el mito MAGA

Jeffrey Epstein, el magnate condenado por tráfico sexual de menores, murió en 2019 bajo custodia federal. Las fallas en las cámaras de vigilancia, las conexiones con personajes como Bill Clinton, el príncipe Andrés e incluso el propio Trump, alimentaron por años las teorías de que su muerte fue un asesinato para encubrir a una red global de pedófilos.

Durante su primera presidencia, Trump dejó crecer esas teorías. De hecho, muchos seguidores de QAnon —la comunidad conspiranoica más ferviente— lo veían como el mesías que iba a revelar "la verdad" y purgar a la élite corrupta. En su campaña 2024, Trump redobló la apuesta y prometió desclasificar todo.

Pero cuando finalmente tuvo la oportunidad, no cumplió. El contenido publicado en febrero era poco más que material reciclado. Y en julio, el FBI y el DOJ descartaron oficialmente la existencia de nueva evidencia. El resultado fue devastador.

Una base desilusionada, furiosa y sin dirección

Figuras claves del universo MAGA como Jack Posobiec, Tucker Carlson y Laura Loomer comenzaron a cuestionar abiertamente la narrativa oficial. Algunos acusaron directamente al presidente de encubrimiento. Otros exigieron un "comité estilo 6 de enero" para investigar los archivos. Hasta Elon Musk se sumó a las críticas, sentenciando que Trump está en las infames listas.

El golpe no fue solo simbólico. Algunos influencers comenzaron a quemar sus gorras rojas como forma de protesta. Otros abrieron espacios nuevos que ya no giran en torno a la figura de Trump, sino a la idea de que "todos los políticos son iguales". La fractura es real. Y no parece superficial. ¿Es irreversible? Imposible saberlo hoy.

Un intento desesperado por recuperar el control

Trump, acostumbrado a moldear la realidad a su favor, intentó contraatacar como siempre: mezclando provocación, victimismo y confusión. Demandó al Wall Street Journal por publicar una carta supuestamente enviada por él a Epstein. Ordenó a su fiscal general, Pam Bondi, que pidiera desclasificar los testimonios del gran jurado. Y en su red Truth Social, pidió "unidad" en el movimiento MAGA mientras insultaba a los que lo criticaban como "débiles" y "tontos útiles de la izquierda".

Pero el daño ya estaba hecho. Por primera vez, no bastó con gritar "fake news" o culpar a los Clinton. Su base más comprometida sintió que su cruzada moral se transformó en una transacción política más. La decepción es más peligrosa que la oposición.

El monstruo que lo llevó al poder hoy lo amenaza

Trump construyó su imperio político cabalgando teorías conspirativas: el "birtherism" contra Obama, el fraude electoral de 2020, las acusaciones de una élite satanista que maneja el mundo. Y esa narrativa le funcionó. Pero ahora, como advirtió alguna vez Kennedy, está siendo devorado por el mismo tigre que montó.

Charlie Sykes, autor de How the Right Lost Its Mind, lo resume con claridad: "Trump es tanto producto como promotor de las teorías conspirativas. Las usó para llegar al poder. Pero una vez que las encendés, no podés simplemente apagarlas cuando dejan de servirte".

¿Un giro irreversible?

Incluso aliados históricos como el vicepresidente JD Vance y el presidente de la Cámara, Mike Johnson, rompieron filas y pidieron que se publiquen los archivos completos. La presión viene desde adentro. Y si bien el movimiento MAGA es caótico, una cosa está clara: la fidelidad absoluta empieza a resquebrajarse.

A diferencia de Javier Milei en Argentina, cuya base libertaria ha mostrado obediencia casi religiosa, Trump enfrenta una militancia hiperideologizada que no tolera traiciones. El trumpismo no es verticalista, es visceral. Y hoy, esa víscera está en erupción.

El principio del fin... ¿o una nueva mutación?

Trump ha sobrevivido a todo: juicios, escándalos, censura, derrotas electorales, rebeliones internas en el Partido Republicano. Pero esta vez no enfrenta un desafío legal ni político. Enfrenta algo más peligroso: el desencanto emocional de los que lo creían un salvador.

¿Podrá recomponer el vínculo? ¿O estamos ante el nacimiento de un nuevo movimiento aún más radicalizado, pero sin líder claro?

Una cosa es segura: Trump ya no es dueño de la criatura que creó. Y esa criatura está hambrienta. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar