Alarma

Cómo Estados Unidos compite contra una estafa tecnológica

Mientras la prensa occidental se llena la boca con el "avance imparable" de la tecnología china, los inversores huyen.
Mookie Tenembaum 26-03-2026
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Una vez más, vemos la inflación artificial de una burbuja informativa. No es la primera vez y no será la última. La reciente histeria colectiva alrededor de "DeepSeek" y la supuesta supremacía de la inteligencia artificial (IA) china no es un hito tecnológico: es una operación de humo y espejos.

Lo fascinante no es que China mienta, esa es su política de Estado, sino la utilidad instrumental que esa mentira tiene para Estados Unidos. Washington necesita un "cuco", es decir, un hombre de la bolsa, un monstruo bajo la cama que justifique presupuestos, regulaciones y proteccionismo. Y China, en su desesperación por no parecer débil, se presta voluntaria para interpretar al monstruo, aunque su disfraz esté hecho de cartón pintado y se esté cayendo a pedazos.

La realidad que el mercado ya descontó: el oso chino

Para entender la farsa, primero hay que mirar dónde ponen el dinero los que saben, no lo que dicen los titulares. Mientras la prensa occidental se llena la boca con el "avance imparable" de la tecnología china, los inversores huyen.

Ahora se confirmó un dato devastador que pasó desapercibido entre tanto ruido de IA, y es que el sector tecnológico chino entró oficialmente en un bear market o mercado bajista. En la jerga financiera, esto significa una caída sostenida superior al 20% desde sus máximos recientes, impulsada por un pesimismo estructural. Si DeepSeek fuera la revolución que dicen, si sus chips fueran capaces de competir, las acciones estarían volando. Pero la realidad financiera es que nadie cree en la sostenibilidad de esas empresas. Los inversores locales e internacionales saben que los balances están maquillados y que la tecnología no se sostiene sin subsidios estatales masivos.

Física contra propaganda: por qué los chips chinos no existen

Para que el público general entienda por qué todo esto es una mentira, hay que bajar a la física básica de la computación. La IA no es magia; es fuerza bruta de cálculo. Y para calcular, necesitas chips de vanguardia.

Aquí entra el cuello de botella que China no puede superar, la litografía.

Para fabricar los semiconductores modernos que hacen funcionar a la IA, se necesitan máquinas de litografía ultravioleta extrema o EUV por su sigla en inglés. Solo una empresa en el mundo las fabrica, y es la holandesa ASML. Por su parte, Estados Unidos se asegura de que China no tenga acceso a ellas.

¿Qué hace China entonces? Intenta fabricar chips "avanzados", como los famosos de 7 nanómetros de SMIC, usando máquinas viejas del tipo de ultravioleta profundo, que sí pudieron comprar hace años. El problema es que una máquina vieja para hacer un chip nuevo requiere un proceso llamado multi-patterning. Imaginen que tienen que dibujar una línea ultrafina, pero solo tienen un marcador grueso. Para lograrlo, tienen que pasar el marcador cuatro o cinco veces con una precisión atómica, borrando los bordes.

El resultado es un desastre de "yield" o tasa de tendimiento. En una fábrica normal, como la de TSMC en Taiwán, de cada 100 chips que se imprimen, 90 funcionan. Por lo tanto es rentable.

En el método chino de fuerza bruta, de cada 100 chips, quizás funcionan 30 o 40. Los otros 60 van a la basura.

Esto significa que cada chip "Made in China" cuesta una fortuna astronómica de producir. No es un negocio: es una quema de dinero. Huawei no vende teléfonos con chips propios porque sea un negocio brillante, lo hace porque el Partido Comunista Chino cubre las pérdidas masivas para fingir autosuficiencia. Es un esquema Ponzi donde el capital del Estado tapa los agujeros de una producción industrial fallida.

La utilidad del "Informe del Miedo"

Si los chips son una porquería ineficiente y las empresas están en caída libre en la bolsa, ¿por qué instituciones serias como la RAND Corporation publican informes diciendo que China nos está ganando? Porque al complejo industrial-militar y tecnológico de Estados Unidos le conviene.

Informes como el de RAND no son análisis objetivos: son herramientas de lobby. Si dices "China es un desastre y no puede competir", el Congreso de EE.UU. recorta fondos. Pero si dices "China nos está respirando en la nuca con una IA superbarata", entonces se liberan miles de millones en subsidios para las tecnológicas americanas, se justifican barreras comerciales más altas y se acelera la inversión en defensa.

Estados Unidos compite contra un fantasma que ellos mismos ayudan a inflar. Les sirve para mantener a sus propias empresas en tensión y para alinear a sus aliados bajo el paraguas de seguridad americano.

La carrera hacia abril: Xi, Trump y la carta del bluff

Todo este teatro tiene una fecha límite: el mes de abril. Se acerca la reunión entre Xi Jinping y Donald Trump y el panorama para Xi es desolador.

El jefe de Estado chino llega con su economía interna estancada, problemas con el suministro de petróleo, ante las crisis en Venezuela e Irán y su sector tecnológico está en bear market.

Xi Jinping no puede llegar a esa mesa de negociación con las manos vacías. Necesita una carta de triunfo, algo que le permita decir: "Tengo poder, no me puedes aplastar".

El lanzamiento apresurado de modelos de IA como DeepSeek y la propaganda sobre su "eficiencia" es esa carta. Es un bluff de póker. China intenta convencer a Trump de que tienen una alternativa tecnológica real, para evitar que Estados Unidos apriete el botón final: el bloqueo total de los chips H20.

Los H20 son chips que Nvidia fabrica específicamente para China: son versiones "tontas" y recortadas de sus mejores productos, diseñadas para cumplir con las sanciones actuales. Pero incluso esos chips "tontos" están ahora en la mira de la administración Trump, que evalúa cortarlos del todo.

Si China pierde el acceso a esos semiconductores de segunda categoría, y dado que su producción nacional es una mentira insostenible de bajo rendimiento, el país se queda a oscuras digitalmente. DeepSeek es el intento desesperado de gritar "¡miren lo que podemos hacer!" antes de que les corten la luz definitivamente. Pero cuando se sienten en la mesa en abril, Trump sabrá lo que los inversores en China ya comprenden y es que el rey está desnudo, y que su "inteligencia artificial" es tan frágil como su mercado de valores.

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