Potencial "desbande" del plan económico
La derrota electoral de magnitud que sufrió el Gobierno en las elecciones del domingo pasado en la provincia de Buenos Aires puso a prueba la resiliencia de un plan económico que, al no poder apoyarse en una posición sólida del BCRA, depende excesivamente de la confianza en la continuidad del rumbo económico.
La primera reacción del mercado fue llevar el tipo de cambio velozmente hasta los $1.430, es decir, a una distancia de apenas 3% del límite de la banda cambiaria superior, hoy fijada en $1.470. En ese nivel, apareció oferta de mercado, seguramente especulando con aprovechar el carry de 45 días antes de la próxima parada: el 26 de octubre. Así, el tipo de cambio parece haber encontrado un nuevo equilibrio temporal en la zona de $1.410 a $1.420.
Este movimiento le permitió al Gobierno descomprimir en cierta medida las tasas de interés. El BCRA redujo la tasa a la cual toma pesos del 45% al 35% y en la Licitación del miércoles el Tesoro pudo obtener un roll-over aceptable, pagando tasas del 60% (contra el 76% que debió pagar a fines de agosto). Es decir, la corrección del tipo de cambio permitió relajar en algún grado la tensión acumulada tanto en el mercado cambiario como en el mercado de pesos.
Sin embargo, el problema hacia adelante es que en estas circunstancias resultan contradictorios los objetivos del Gobierno de a) sostener la banda superior y b) conseguir los dólares para pagar los vencimientos de deuda. El Tesoro actualmente cuenta con depósitos por US$ 1.100 millones y cuenta con compromisos en moneda extranjera, que ascienden a US$ 3.000 millones hasta fin de año y a US$ 16.000 millones durante el 2026 incluyendo pago de bonos, capital e intereses al FMI, otros organismos internacionales, Club de París, etc.
Con el nuevo escenario político y económico, las opciones para conseguir estos recursos se reducen:
El Tesoro no puede comprar los dólares en el mercado cambiario o mediante "compras en bloque", como hizo durante julio, dado que esto empujaría hacia arriba la cotización, obligando al BCRA a vender y tensionando el esquema actual.
Por otro lado, tampoco puede obtener roll-over en el mercado, dado que el Riesgo País se disparó hasta los 1.100 puntos. Si bien es esperable un recorte de dicha suba, para obtener financiamiento genuino a tasas mínimamente lógicas, Argentina necesita una caída de al menos 600 puntos, hoy inviable.
En tercer lugar, tampoco puede recurrir actualmente a la emisión de BONTE u otro instrumento que permita la suscripción en moneda extranjera pero pague en pesos. Esto implicaría, actualmente, un costo fiscal anual de US$ 420 millones por cada US$ 1.000 millones obtenidos.
Por último, resulta difícil creer que bajo una mayor debilidad política del Gobierno prosperen las iniciativas del RIGI o privatizaciones de empresas públicas. Es decir, las cuatro posibles fuentes de financiamiento que tenía el Tesoro para afrontar sus vencimientos parecen agotadas, siempre y cuando se mantenga dentro de los parámetros del plan actual.
De esta forma, incluso si en octubre el resultado electoral fuera más alentador, el Gobierno deberá elegir entre sostener el esquema de bandas y enfrentar serias dificultades para pagar la deuda, o reconfigurar el esquema actual (eliminar las bandas) y salir a comprar los dólares faltantes. En cualquier caso, la credibilidad del equipo económico está en juego. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar