Esta es la peor pesadilla de Javier Milei
Javier Milei está feliz. Por ahora. "Las dos variables que más llaman su atención, las encuestas y el mercado cambiario, le sonríen", dice Carlos Pagni en La Nación.
Por eso, hará todo lo posible para que la cosa siga así hasta, por lo menos, las elecciones de octubre.
Es más: quiere ir más allá con la inflación. Por eso, bajó el crawling peg de 2% a 1%. "El sueño de Milei es llegar a la hora de las urnas con una inflación mensual inferior a 2%", dice Pagni. Si arranca con el 0 adelante, tantísimo mejor.
Eso implica, además de una buena conducta monetaria, que el dólar no se mueva. Por eso, Milei no quiere saber nada con sacar el cepo cambiario antes de las elecciones. No lo dirá explícitamente y hará creer que un desarme de ese Frankestein es inminente, pero no lo hará. Es un riesgo enorme y, acaso, innecesario, como sugirió Nicolás Guaia en una entrevista en El Economista.
Si sale mal y el dólar se entona, se escapa la inflación y el Gobierno pierde su atributo de guardián del orden macroeconómico. En Argentina, controlar el dólar es una señal de fortaleza política. Y no controlarlo una señal de debilidad e incapacidad.
"El mantenimiento del cepo es una concesión política a la principal pesadilla del Presidente: que por normalizar el mercado de cambios haya que sufrir un reflujo inflacionario", dice Pagni y cuenta que hasta el propio FMI toleraría avanzar en un acuerdo con Argentina que implique mantener el cepo durante un tiempo más. Hasta las elecciones, sí. A pedido de Milei.
La preocupación por la eventualidad de un "reflujo inflacionario", dice Pagni, "es tan aguda que alguien que profesa la Estado-fobia de Milei tolera que un precio estratégico de la economía sea fijado desde el escritorio de un funcionario público".
Pragmatismo. O, como dice Milei, "somos libertarios no libertarados". Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar