A un poco más de una década desde que comenzó el desarrollo de Vaca Muerta, la formación ya genera la mayor parte del petróleo y el gas natural argentino. En ese contexto, la Argentina del shale se prepara para iniciar una nueva etapa de crecimiento con desafíos que obligan a diseñar la próxima década.
Hasta ahora, la historia de Vaca Muerta muestra, aún sin estar exenta de sus propios vaivenes, un desarrollo sorprendentemente lineal para un país que se mueve de margen a margen en el sismógrafo que distingue lo urgente de lo importante. Su peso específico creció año a año y gradualmente se fueron superando las restricciones de infraestructura que limitaron su expansión a lo largo de los últimos años.
El incremento de la producción de petróleo y de gas natural logró una reversión del déficit comercial del sector energético, un problema estructural para la economía argentina. En los primeros cinco meses de 2025, el país tuvo un superávit comercial de U$S 1.883 millones, sostenido por un superávit energético de U$S 3.015 millones. Sin la producción de Vaca Muerta, la Argentina habría vuelto a tener déficit comercial.
La producción de Vaca Muerta representa hoy el 58% de la producción total de petróleo (444 mil barriles diarios de los 762 mil que produjo el país en los primeros cinco meses del año) y el 50% de la producción de gas (71 millones de metros cúbicos al día de los 140 millones totales).
En 2019, esa proporción era de 17% y 23%, respectivamente. La participación de los no convencionales va a seguir creciendo en los próximos años.
La condición necesaria para esta expansión de la producción hidrocarburífera es un sostenido y creciente proceso de inversión. Durante los últimos diez años se invirtieron más de U$S 81.300 millones, de los cuales casi el 60% se destinó a la producción no convencional.
El año pasado se alcanzó un récord de inversión: U$S 12.830 millones, U$S 1.000 millones más que en 2023.
Sin embargo, la previsión de inversiones informada por las compañías a la Secretaría de Energía para 2025 presenta una leve merma. Dos datos importantes surgen de lo informado: se verifica una contracción de las inversiones destinadas a la producción convencional, pero también una expansión menor a la registrada años anteriores en las inversiones destinadas al no convencional.

Desafíos inmediatos
A pesar de que en los últimos meses se registró un amesetamiento en los niveles de producción de petróleo, estrechamente relacionado con la falta en la capacidad de transporte desde cuenca neuquina, el aumento en la cantidad de pozos enganchados a partir del mes de abril indica que la producción no convencional podría cobrar un nuevo impulso en los próximos meses.
De todos modos, la evolución de la producción durante el corriente año dependerá del contexto internacional y de la ejecución de los planes de inversión de las compañías.
Para lograr una nueva etapa expansiva, la producción hidrocarburífera requerirá en los próximos años de un crecimiento de las inversiones. Las características de la producción no convencional, que conlleva un sensible declino de la producción tras los primeros meses de operación de los pozos, requiere un flujo creciente de inversiones para sostener e incrementar los niveles de producción.
Más aún cuando la mejora de los rendimientos promedio de los pozos, producto del avance en la curva de aprendizaje, pareciera haber alcanzado un techo en 2022.
Hasta ese año, el crecimiento en el nivel de producción conjugó tanto al aumento en la cantidad de pozos enganchados como un incremento en la productividad. En los últimos años, en cambio, el incremento de la producción reposó en la expansión del nivel de actividad, mientras que la producción acumulada por pozo se redujo levemente.
La nueva etapa de expansión de Vaca Muerta se verá marcada por distintos factores. Por un lado, el contexto macroeconómico, en particular la liberalización o no del mercado cambiario, con su consiguiente impacto sobre el nivel de inversión extranjera directa, el costo de financiamiento y los costos locales de producción.
Por otra parte, a lo largo de los últimos meses el mercado internacional de crudo ha experimentado una marcada volatilidad, como consecuencia de la combinación de distintos factores que afectaron tanto a la oferta como a la demanda a nivel global.
En este marco, el sostenimiento de una recuperación en los precios internacionales implicaría la necesidad de ajustar los precios en surtidor para mantener un crudo local en línea con su valor de paridad de exportación.
Por el contrario, una disminución de las cotizaciones significa una reducción del flujo de caja de las compañías, afectando el nivel de inversiones y, por lo tanto, la expansión de la producción.