Transición y producción

Más petróleo, casi el mismo humo: Argentina duplicará su producción con apenas 6% más de emisiones

Proyecciones oficiales y del sector privado indican que en los próximos cinco años el país duplicará su producción de hidrocarburos gracias a Vaca Muerta, con un aumento marginal de las emisiones de gases de efecto invernadero.
El shale permitió concentrar la producción en menos pozos, con mayor productividad y menor huella ambiental por barril equivalente (Archivo)
Daniel Barneda 22-01-2026
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Argentina se encamina a una transformación profunda de su matriz productiva energética. En los próximos cinco años, la producción nacional de hidrocarburos —petróleo y gas— podría duplicarse, mientras que las emisiones asociadas crecerían apenas 6%, según estimaciones del Instituto de Energía de la Universidad Austral. El dato desafía uno de los principales cuestionamientos al desarrollo de Vaca Muerta: el impacto ambiental de la expansión fósil.

La clave está en la eficiencia operativa. El desarrollo no convencional permitió concentrar la producción en menos pozos, con mayor productividad y menor huella ambiental por barril equivalente. Un pozo horizontal en Vaca Muerta produce hoy varias veces más que un pozo convencional, reduciendo el uso relativo de equipos, transporte, energía y emisiones por unidad extraída.

A esto se suma la reducción sistemática del venteo y la quema de gas, uno de los principales focos de emisiones del upstream. En los últimos años, las operadoras incorporaron sistemas de captura, reinyección y aprovechamiento del gas asociado, impulsadas tanto por regulaciones más estrictas como por incentivos económicos. El resultado es una caída sostenida de las emisiones de metano por barril producido, uno de los gases de efecto invernadero más potentes.

El salto productivo estará liderado por el shale oil y shale gas, con Vaca Muerta como epicentro. Las proyecciones indican un fuerte aumento de la producción de petróleo, con capacidad de exportación creciente, y una expansión del gas natural orientada tanto al mercado interno como a la exportación regional y al GNL. Este crecimiento, sin embargo, no implicará una duplicación de la infraestructura ni del impacto ambiental: la escala juega a favor.

Desde el punto de vista macroeconómico, el escenario abre una ventana estratégica. Más producción con emisiones casi estables permitiría incrementar exportaciones, fortalecer el ingreso de divisas y reducir la dependencia energética, sin un salto proporcional en la huella de carbono. En un contexto global donde el financiamiento y el comercio energético están cada vez más condicionados por criterios ambientales, este diferencial resulta clave.

El desafío, advierten especialistas, será sostener la tendencia. Para que el crecimiento productivo no se traduzca en mayores emisiones, será necesario profundizar las inversiones en electrificación de yacimientos, monitoreo de metano, eficiencia logística y uso de energías renovables en la cadena de valor. También será central la transparencia en la medición y reporte de emisiones, una demanda creciente de los mercados internacionales.

Así, Argentina se posiciona ante una paradoja cada vez más frecuente en la industria energética global: producir más hidrocarburos con menos impacto relativo. En los próximos cinco años, el país buscará demostrar que el desarrollo de Vaca Muerta puede ser no solo un motor económico, sino también un caso de eficiencia ambiental en la transición energética.

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