En un contexto global marcado por la volatilidad del mercado petrolero y las tensiones geopolíticas, Latinoamérica se destaca como un actor crucial en la evolución del sector upstream, según indica el informe de la consultora Global Energy.
A medida que la actividad de exploración y producción (E&P) se enfrenta a una transformación hacia una disciplina de capital más estricta, la región latinoamericana muestra una combinación única de oportunidades y desafíos.
Con países como Brasil, Argentina, Guyana y Surinam liderando la producción offshore, Latinoamérica no solo se convierte en un centro vital para la industria, sino también en una de las principales apuestas para asegurar el futuro energético global.
A nivel global, el gasto en actividades de upstream sigue creciendo, impulsado principalmente por el desarrollo de crudo fuera de la OPEP+, en el que Latinoamérica juega un papel clave.
En 2025, la región absorbió alrededor del 11% de la inversión global en upstream y se espera que alcance el 30% del capex offshore para 2030, un aumento significativo que refleja su creciente importancia en la producción de petróleo y gas. Sin embargo, en el camino, enfrenta desafíos políticos, inestabilidad regulatoria y presiones internas que podrían frenar su impulso.
Brasil y Guyana: los motores de la producción offshore
Uno de los principales motores de este crecimiento es Brasil, cuya industria petrolera está experimentando un renacimiento con nuevos descubrimientos en el presal y áreas como Foz do Amazonas y Pelotas.
Según Global Energy, el gigante sudamericano ha atraído inversiones globales, y su petroleo offshore se perfila para ser un pilar clave del suministro mundial. Se proyecta que la producción de Petrobras alcance cerca de 4 millones de barriles por día para finales de la década, aunque los retrasos en proyectos y la intervención estatal podrían generar incertidumbre.
Por otro lado, Guyana está viviendo una explosión de producción. En 2025, la producción de petróleo aumentó un 36%, alcanzando los 892,000 barriles diarios, y se espera que el proyecto Yellowtail y otros proyectos emergentes en el mar de Stabroek eleven la producción a más de 1 millón de barriles diarios para 2026. La pequeña nación se ha convertido en una pieza clave en el tablero energético global, y su producción podría seguir creciendo a pasos agigantados.

Vaca Muerta: El gigante latinoamericano
Desde la mirada de la consultora, en Argentina, Vaca Muerta se mantiene como un referente del shale oil. Bajo nuevas políticas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), la Cuenca Neuquina busca consolidarse como uno de los mayores productores de petróleo no convencional del mundo.
La región ha demostrado un gran potencial de crecimiento, con proyecciones que apuntan a 900,000 barriles diarios para 2030, pero enfrenta una dependencia del contexto económico y político que puede afectar la estabilidad de las inversiones a largo plazo.
A pesar de su prominencia, Latinoamérica no está exenta de riesgos. Países como México, Venezuela y Colombia enfrentan desafíos regulatorios y políticos que podrían frenar su potencial. En México, la producción de Pemex sigue siendo inestable, y la falta de inversión en nuevas tecnologías y proyectos offshore podría llevar a una caída de producción a largo plazo.
Venezuela, por su parte, lucha por reactivar su infraestructura petrolera deteriorada y atraer inversión extranjera, mientras su sector sigue estando marcado por una profunda crisis económica y política. En este panorama mixto, Latinoamérica mantiene un papel decisivo en la definición del futuro del upstream global.
Su capacidad para aprovechar nuevas fronteras offshore y su potencial shale la posicionan como un jugador fundamental en la estrategia energética global. Sin embargo, la región debe sortear los riesgos políticos, regulatorios y de gobernanza que amenazan con socavar su progreso.
Los próximos años serán cruciales: si Latinoamérica logra navegar estos desafíos y mantener un entorno de inversión estable y atractivo, su papel en el sector energético global será aún más relevante. Sin embargo, la incertidumbre política, las presiones económicas y la rivalidad creciente con otras regiones podrían poner en riesgo su capacidad para consolidarse como un pilar energético mundial.