Escenario

La petroquímica como paradigma del potencial industrial argentino

No aprovechar la riqueza que podría generar la petroquímica evidencia la necesidad de definir y poner en marcha un proyecto de desarrollo soberano.
Si miramos a nuestro alrededor, veremos que casi todo lo que nos rodea tiene compuestos de la cadena petroquímica. EE
Daniel Glatstein 04-09-2025
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Desde hace mucho tiempo venimos navegando en una falsa disyuntiva que plantea dos posiciones extremas: producir en todos los casilleros de la matriz insumo-producto o convertirnos en una fría factoría de recursos naturales. En general, las soluciones de esquina no suelen ser las óptimas

Encontrar nuestro lugar en el mundo y consensuar un modelo de desarrollo productivo como Nación, es una tarea aún pendiente y, seguramente, motivo principal por el cual no se hunden inversiones relevantes de largo plazo en nuestro país.

Considero que la discusión sobre un modelo de desarrollo debe sostenerse en dos condiciones fundamentales: a) que sea deseable; y b) que sea posible. En el marco de un modelo que cumpla con ambas condiciones, sin duda la petroquímica debe jugar un papel protagónico, en el cual el potencial de nuestros recursos naturales sea utilizado como palanca para el desarrollo económico y social. 

Es ahí donde la industria petroquímica resulta estratégica, por su enorme capacidad para generar valor agregado, divisas y empleo de calidad. Se trata de una actividad considerada "industria de industrias" porque mejora la competitividad de prácticamente todas las cadenas productivas modernas.

¿Qué es la petroquímica y por qué es tan relevante?

En esencia, la industria petroquímica se dedica a transformar hidrocarburos -petróleo, gas natural y carbón- en una vasta gama de productos químicos. La materia prima son los diferentes compuestos que funcionan como insumos primarios y son sometidos a procesos físicos y químicos para luego obtener bienes, que pueden ser tanto productos finales como intermedios para otras industrias, en una larguísima cadena de valor.

Si miramos a nuestro alrededor, veremos que casi todo lo que nos rodea tiene compuestos de la cadena petroquímica. Prácticamente no hay rama industrial que no requiera algún insumo o bien intermedio de su procedencia. El campo argentino no podría funcionar sin urea; de igual forma, no tendríamos computadoras ni celulares sin las resinas Epoxi utilizadas en la fabricación de las placas de circuito impreso como material aislante y soporte para los componentes electrónicos. Esta amplitud de aplicaciones es lo que confiere a la petroquímica su carácter transversal y su inserción profunda en sectores tan variados como agricultura, construcción, textil, muebles, productos farmacéuticos, electrónica y transporte. 

Si miramos a nuestro alrededor, veremos que casi todo lo que nos rodea tiene compuestos de la cadena petroquímica

Pocos sectores tienen una influencia tan extendida y decisiva, lo que remarca su rol vital en asegurar la disponibilidad, calidad y preservación de bienes y servicios esenciales para la sociedad actual.

El potencial de la petroquímica en Argentina

Al analizar el mercado mundial de petroquímica, se observa que hay solo dos condiciones para convertirse en un jugador importante de este negocio: 1) disponibilidad de la materia prima; y 2) mercado. Los grandes jugadores del sector, siempre tienen al menos alguno de los dos drivers. Argentina rankea bien en ambos.

Por un lado, el gas no convencional ofrece gran disponibilidad de materia prima al menor costo de la región y, por otro lado, tenemos consumo interno relevante y potencial exportador a la región.

Para tomar dimensión veamos el caso de la urea, un insumo fundamental de la producción agrícola. Brasil es uno de los mayores importadores del mundo. Argentina produce cerca del 50% de su consumo interno. Chile y Colombia son también importadores relevantes. La importación de la región es de unos 8,2 MM ton/año, lo que justificaría la construcción en nuestro país de 4 a 6 plantas de urea con capacidad de 1,5 a 2 millones de ton/año (escala óptima, en el estado del arte) y una producción adicional valuada en unos U$S 3.000 millones al año para cubrir la demanda interna y de la región. Esto sin contar las opciones de exportación a otros mercados, como el asiático.

Multiplicar el valor del gas

La petroquímica tiene la capacidad de multiplicar el valor del gas natural, ya que el procesamiento de este recurso puede incrementar su valor entre 3 y 6 veces, dependiendo de la complejidad del producto final. En lugar de exportar gas, podemos transformarlo y generar un salto discreto en la riqueza producida por unidad de recurso.

La petroquímica tiene la capacidad de multiplicar el valor del gas natural, ya que el procesamiento de este recurso puede incrementar su valor entre 3 y 6 veces.

Este concepto se ve reforzado por la complementariedad entre los proyectos petroquímicos y una eventual estación de licuefacción de gas para exportar GNL. Lejos de competir por el recurso, ambos proyectos pueden ser sinérgicos. Una planta de GNL brindaría una masa crítica de gas natural al sistema, en términos de volumen y competitividad, que la industria petroquímica podría aprovechar, agregando valor.

El potencial queda evidenciado al ver como EE.UU. (especialmente en Texas, Luisiana y Pensilvania) y Canadá (Alberta) han aprovechado el boom en la producción de gas natural como catalizador de un desarrollo petroquímico sin precedentes. En la última década, Estados Unidos lanzó más de 260 proyectos de plantas petroquímicas con inversiones superiores a los U$S 200.000 millones.

Políticas públicas para impulsar el desarrollo

A pesar de contar con muy buenas condiciones, la producción petroquímica en Argentina se ha estancado, sin lograr aprovechar el impulso del shale gas & oil.

Nuestro país, además, tiene una larga tradición en el sector iniciada en 1952 con la inauguración de la planta de tolueno sintético durante la presidencia de Perón. Desde entonces, se han producido varias olas de inversiones, lo cual nos posiciona hoy en un lugar de privilegio, ya que contamos con varias generaciones de técnicos e ingenieros, universidades con formación específica, cámara sectorial y un entramado productivo robusto.

Romper la inercia que nos condena a la primarización y subutlización de nuestras capacidades supone enfrentar el viejo dilema de Shakesperiano: to be or not to be. ¿Nos resignamos al lugar que nos asigna la "mano invisible" del mercado global o construimos nuestro propio proyecto de desarrollo productivo nacional? La industria petroquímica, con los recursos de Vaca Muerta como pilar, nos brinda la oportunidad de impulsar una visión estratégica propia. Al transformar el gas en productos de mayor valor, Argentina puede no solo satisfacer su demanda interna y consolidarse como exportador, sino también redefinir su lugar en el mundo. Emular los casos de éxito, requiere de una visión de Estado, con políticas públicas que brinden la certidumbre necesaria para que Argentina deje de ser un lugar de paso que solamente seduce a especuladores de carry trade, y se transforme en un destino atractivo para inversiones reales de largo plazo.

No aprovechar la riqueza que podría generar la petroquímica evidencia la necesidad de definir y poner en marcha un proyecto de desarrollo soberano, que nos permita construir un entramado industrial más denso, de complejidad creciente y generador de riqueza genuina para el conjunto de la sociedad.

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