Energía y comercio

El acuerdo Mercosur-UE reconfigura el tablero energético argentino

La apertura comercial con Europa puede atraer inversiones en energía y minería, pero también expone a la Argentina a riesgos de primarización si no hay políticas industriales que acompañen.

Europa llega al acuerdo con una agenda energética marcada por la descarbonización, y la seguridad de abastecimiento.
Europa llega al acuerdo con una agenda energética marcada por la descarbonización, y la seguridad de abastecimiento. (Archivo)
13 enero de 2026

La inminente puesta en marcha del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea vuelve a colocar a la energía en el centro del debate económico argentino. Más allá de su impacto en el agro y la industria manufacturera, el tratado abre un nuevo escenario para el sector energético, con oportunidades concretas en hidrocarburos, minería y transición energética, pero también con desafíos estructurales de largo plazo.

  • Europa llega al acuerdo con una agenda energética marcada por la descarbonización, la seguridad de abastecimiento y la reducción de dependencias geopolíticas. 

En ese marco, Argentina aparece como un proveedor potencial de recursos estratégicos: gas natural, petróleo no convencional, litio, cobre y derivados de la bioenergía. El acceso preferencial al mercado europeo y la previsibilidad regulatoria que propone el acuerdo podrían acelerar inversiones en proyectos de gran escala, especialmente bajo esquemas como el RIGI.

En hidrocarburos, Vaca Muerta se posiciona como uno de los principales activos. La eliminación gradual de barreras comerciales y la estabilidad normativa pueden facilitar el ingreso de capital europeo en infraestructura, midstream y exportaciones de gas natural licuado (GNL), un vector clave para diversificar mercados y generar divisas. Algo similar ocurre con el petróleo, donde Europa busca proveedores confiables fuera de los circuitos tradicionales.



gasoducto
El acuerdo puede estimular inversiones extractivas sin garantizar, por sí mismo, encadenamientos productivos locales.

La minería energética es otro capítulo central. El acuerdo refuerza el interés europeo en minerales críticos para la transición energética, como litio y cobre, donde la Argentina cuenta con proyectos avanzados y una cartera en expansión. Sin embargo, especialistas advierten que, sin reglas claras de desarrollo local, el país corre el riesgo de consolidarse como exportador primario de recursos sin capturar valor agregado industrial.

El capítulo ambiental y de desarrollo sostenible del tratado agrega complejidad. La UE exige estándares elevados en materia climática, trazabilidad y huella ambiental, lo que puede convertirse en una ventaja competitiva para proyectos energéticos alineados con esos criterios, pero también en una barrera para operadores que no logren adaptarse a tiempo.



Desde el sector industrial energético, la principal preocupación pasa por el equilibrio. El acuerdo puede estimular inversiones extractivas —energía y minería— sin garantizar, por sí mismo, encadenamientos productivos locales, transferencia tecnológica o desarrollo de proveedores nacionales. La experiencia regional muestra que esos beneficios dependen más de las políticas domésticas que del texto comercial.

En síntesis, el acuerdo Mercosur-Unión Europea redefine el horizonte energético argentino. Puede convertirse en un catalizador de inversiones, exportaciones y posicionamiento internacional, o profundizar un perfil primario si no se articula con una estrategia industrial y energética consistente. El impacto final no estará dado solo por lo que se firme, sino por cómo se implemente.

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