En un movimiento que sacudió al mercado chileno y argentino por igual, ENAP Refinerías S.A. (ERSA) levantó la reserva que desde agosto mantenía sobre una negociación estratégica: la firma de una batería de contratos de compraventa y logística de petróleo crudo con YPF, Shell Argentina, Vista Energy y Equinor, todos productores de peso en Vaca Muerta.
La operación, que fue comunicada oficialmente a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), compromete un volumen de adquisiciones que podría representar hasta un 35% de los requerimientos totales de ERSA entre 2026 y 2033.
El paquete contractual, sellado el 4 de diciembre de 2025, incluye un Acuerdo Marco de Suministro y Uso de Instalaciones, cuatro contratos de provisión de crudo bajo condición DAP y otros cuatro acuerdos para el uso del Terminal Marítimo San Vicente en caso de que las petroleras exporten excedentes. También contempla instrumentos accesorios diseñados para asegurar continuidad operativa y estandarización de procesos entre las partes.
El impacto económico es de magnitud: considerando precios de mercado, ENAP estima desembolsar alrededor de US$ 12.000 millones durante la vigencia del acuerdo. Para una empresa que depende casi totalmente de crudo importado, el pacto abre una vía de abastecimiento estable, con menor exposición a la volatilidad logística y con la posibilidad de optimizar costos frente a proveedores tradicionales. El primer embarque desde Argentina está previsto para enero de 2026.
El contrato también tiene un ángulo geopolítico evidente. Con Vaca Muerta consolidándose como uno de los polos energéticos más competitivos del hemisferio sur, Chile asegura suministro a largo plazo desde un origen cercano, diversificado y con crecientes estándares de trazabilidad y eficiencia. Para las petroleras argentinas, el acuerdo garantiza demanda firme y abre la puerta a canalizar volúmenes adicionales vía el puerto de ERSA cuando busquen mercados externos.

El Directorio de ENAP aprobó por unanimidad todos los términos, destacando el carácter estratégico de la operación para estabilizar el funcionamiento de las refinerías en Biobío y Concón, y para reducir los riesgos asociados a las maniobras marítimas en la bahía de Talcahuano. Los contratos, según la comunicación oficial, consolidan un "nuevo marco de cooperación regional" en materia de energía.
La negociación permaneció bajo carácter reservado desde el 27 de agosto, amparada en la figura legal que permite proteger operaciones cuyo conocimiento prematuro pudiera generar perjuicio. Una vez despejadas las condiciones sensibles, la empresa decidió transparentar la totalidad del proceso ante el regulador.
Si bien el impacto final en resultados dependerá del comportamiento de los precios de los combustibles, la producción real de las refinerías y el nivel de reducción de costos que logre la empresa, la administración de ERSA adelantó que informará periódicamente los efectos financieros dentro de sus comunicaciones habituales al mercado.
Para un sector energético regional marcado por tensiones de oferta, cambios regulatorios y desafíos logísticos, el anuncio de ERSA marca un punto de inflexión: formaliza el salto del crudo neuquino hacia un rol protagónico en la matriz energética chilena y refuerza la integración entre productores argentinos y refinadores del Cono Sur. El movimiento promete repercusiones comerciales y políticas a ambos lados de la cordillera.