Presupuesto 2026: el primer paso hacia las reformas
Contrario a lo que piensan muchos de mis colegas, creo que el resultado electoral del domingo está sobrevaluado. Por supuesto, como dice el gran Zucho, los mercados reaccionan ante la novedad, de modo que si el escrutinio fuera muy diferente a lo que estiman las encuestas, habrá movimientos, pero lo que 21 meses de equilibrio fiscal con 1.500 puntos de riesgo país nos enseñaron es que el mercado quiere saber si el Gobierno tiene la capacidad de encarar las reformas que el país necesita, o habrá que apostar a otra experiencia política diferente en 2027.
A fines del año pasado la oposición constructiva le ofreció al Gobierno un presupuesto equilibrado, con una regla fiscal muy simple: si los ingresos crecían por encima de lo presupuestado, se aplicaban a mejorar a los sectores más afectados por el ajuste: jubilados, docentes universitarios, discapacitados. Lo rechazaron.
La negativa oficial era parte de una estrategia electoral. Con el riesgo país debajo de los 600 puntos, el dólar a 1.100 y con proyección de ir hacia abajo de la banda, la inflación bajando y la actividad rebotando fuerte Milei, parafraseando a Luis XIV, transmitía un mensaje muy contundente para las urnas: "La estabilidad soy yo" y todo lo que el Congreso vote en mi contra servirá para revelar quienes son los degenerados fiscales que atentan contra la normalización de la economía. En Balcarce 50 soñaban por entonces con una bukelización; un resultado electoral arrasador.
Pero pasaron cosas; el Gobierno firmó con el Fondo un compromiso para salir del cepo en abril y acumular reservas.
Cumplió lo primero y falló en lo segundo, pero no fue un accidente sino una decisión deliberada, porque comprar divisas hubiera significado generar una demanda adicional que hubiera llevado el dólar más arriba, relajando una de las principales anclas antinflacionarios y haciendo peligrar la estrategia electoral.
Cuando los técnicos del Fondo descubrieron la picardía obligaron al Gobierno a cambiar el programa monetario. Ya no podría descansar en la endogeneidad del dinero, conocida como punto Anker, había que producir un apretón monetario que limitara la demanda de dólares y le permitiera a la autoridad monetaria y al Tesoro comprar divisas.
Tal y como predice la teoría económica, la demanda de dinero es inherentemente inestable, sobre todo en años electorales, por lo que fijar los agregados monetarios generaría volatilidad en las tasas y, por arbitraje, en el dólar. Sobre llovido, mojaron la pólvora del Tesoro cambiando el instrumento preferido de gestión del riesgo de liquidez de los bancos, reemplazándolo por un activo con volatilidad de precio y mayor duración.
- Las tasas se endemoniaron y la actividad económica tuvo un frenazo, con una fuerte caída en la demanda de dinero transaccional.
Las bandas, que habían sido diseñadas como un mecanismo de descubrimiento del tipo de cambio que prevalecería sin cepo, se convirtieron en una trampa, porque con más incertidumbre y menos ingreso de capitales (más formación de activos externos por cobertura) el tipo de cambio de equilibrio dejó de ser un punto equidistante y convirtió al Banco Central en un cajero automático, luego de que el Tesoro perdiera todos los dólares que había logrado acumular para hacer frente a los vencimientos de enero.
Sin el viento a favor que el tándem económico había anticipado, la mesa política se envalentonó con la elección de CABA y erro la estrategia para la de PBA, dejando de ser anticasta para ofrecerle al electorado de provincia una neo opción antikirchnerista que pudiera derramar, hacia el votante de Juntos por el Cambio, el acuerdo con la cúpula del PRO.
La derrota aceleró el proceso dolarizador y agravó las condiciones materiales con las que se llega a octubre. Tras cartón, cayó Espert.
Las dos incertidumbres conectadas
Cuando a mediados del 2024 el Gobierno hilaba seis meses consecutivos de equilibrio presupuestario y pasaba el lomo de burro del aguinaldo, el presidente de un banco internacional que opera en Argentina me decía que no tenían dudas sobre la austeridad fiscal del Presidente pero que los más de 1.000 puntos de riesgo país se explicaban entonces porque no creían que el Tesoro pudiera conseguir los dólares para hacer frente a sus compromisos. Al tiempo llegó el blanqueo y la sobre tasa que pagan los bonos locales colapsó a menos de la mitad.
- Sin embargo, las reservas empezaron a caer y la velocidad se aceleró con las especulaciones por la salida del cepo.
El contexto electoral incrementó el proceso de dolarización de carteras y hoy nuevamente aparecen dudas sobre la sostenibilidad del esquema cambiario, más allá de los problemas que genera una banda de fluctuación que ya cumplió su trabajo y que ahora solo genera problemas.
Con independencia de si el Gobierno saca un diputado más o uno menos este domingo, no quedan dudas que después del 10 de diciembre contará, para ponerlo en términos futbolísticos, con un nuevo arquero y dos defensores centrales con los que blindará el Congreso garantizando la defensa de los vetos. Pero para hacer las reformas que el país necesita, ese número no alcanza, por más holgadas que se abran las urnas. Para crear juego se necesitan mediocampistas y delanteros que el Gobierno no tiene ni tendrá; deberá buscarlos en acuerdos políticos con la oposición constructiva; los mismos 142 diputados y gobernadores que le dieron la ley Bases.
Por eso es clave la señal que transmitirá la votación del presupuesto, porque más allá del cambio de motor que necesita la política monetaria y cambiaria después de las elecciones, solo habrá ingreso de capitales si Argentina demuestra que puede reformar leyes laborales, impositivas y previsionales; que puede construir acuerdos institucionales para que el futuro no dependa de la suerte de Milei.
Sin capitales, no se puede sostener el actual déficit de cuenta corriente ni mucho menos el proyectado si la economía despega y ya se sabe que el precio encargado de corregir los desequilibrios del balance de pagos, es el tipo de cambio real.
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