Rumbo económico

¿Nos espera Perú o Australia?

Cualquier proyecto liberalizador de la economía que tenga éxito tiene dos pilares y un destino. 

Australia es una referencia para un sector de los economistas locales.
Australia es una referencia para un sector de los economistas locales. EE
Pablo Castro 17 julio de 2025
  • Primero dijeron que se iba en marzo o abril, presagiando (¿o deseando?) un estallido social.
  • Después dijeron que el ajuste inédito de las cuentas del sector público iba a llevar a una devastación inédita de la economía.
  • Cuando el rebote de la economía fue evidente, dijeron que la inflación no bajaría.
  • Cuando la inflación bajó, dijeron que el tipo de cambio era insostenible.
  • Cuando el Gobierno flexibilizó el esquema cambiario, dijeron que el FMI lo salvó (a pesar de que el Gobierno tenía muchos meses negociando el acuerdo).

Si bien el Gobierno de Javier Milei es mucho más pragmático de lo que acreditan sus críticos debemos considerar otro elemento común en todos esos pronósticos errados. Quizá sea la necesidad de aferrarse a alguna esperanza de que el Gobierno que no les gusta fracasará. O tal vez, frustrados por tantas malas experiencias pasadas, muchos no quieran entusiasmarse con la idea de que, si intentamos algo diferente, quizá los resultados cambien. 

En esta línea de argumentos fallidos de los críticos hay uno que se escucha cada vez más y es el de la "peruanización". Este argumento va más o menos así: "Sí, tal vez el gobierno logre domar a la inflación, evitar una crisis cambiaria y que la economía crezca. Pero será una economía 'a la peruana' en la que predominará la informalidad, la pobreza y la exclusión, sumado a la incapacidad del Estado para mejorar la vida de la gente". Lo paradójico es que lo que este "pronóstico" describe es precisamente la situación con la que el Gobierno se encontró en diciembre de 2023, producto de muchos años de política económica irresponsable.

Frente a ese panorama, cualquier proyecto liberalizador de la economía que tenga éxito (sea esta experiencia de Milei, u otra en el futuro) tiene dos pilares y un destino. Los pilares son una macroeconomía ordenada y una microeconomía funcional. El destino, el de un país más integrado al mundo, cuya mayor productividad se reflejará en mayores salarios reales y mejores condiciones de vida. 



La macro, algo que nuestros vecinos han resuelto, ha sido nuestra deuda principal desde la vuelta de la democracia. ¿Podremos converger a un esquema de equilibrio fiscal y cuyo sector externo sea sustentable, donde la pregunta más frecuente a los economistas no sea "cuándo explota" o "llegamos a las siguientes elecciones?". Una micro funcional es aquella donde los precios en cada mercado proporcionan las señales correctas para asignación de recursos, mostrando dónde invertir, dónde emplear, qué producir. 

Para lograr esto es necesario continuar avanzando en el desarme de un sinnúmero de negocios y quioscos armados en coalición por políticos y garcapitalistas locales, así como en la apertura de la economía.

Si la Argentina puede avanzar con esta agenda, no nos espera la pobreza de Perú porque, entre otras cosas, nuestro punto de partida es completamente diferente. Lo que sí cabe esperar es que, al igual que en Australia, los recursos naturales incrementen su participación en la economía y las exportaciones. ¿Significa esto la desaparición de la industria nacional? No, significa crecimiento para segmentos competitivos de la industria y mejores productos para los consumidores en aquellos sectores donde nuestra industria no tenga ventajas. Esto ya se verificó en los '90: no obstante el tipo de cambio apreciado que imponía el corset de la Convertibilidad, entre 1990 y 2000 las exportaciones de manufacturas de origen industrial argentinas aumentaron dos veces y media. También sucedió en la propia Australia: a pesar de que la participación de la industria en las exportaciones de este gigante de las commodities se redujo a alrededor de 10% del total, el valor total de exportación de manufacturas se triplicó en los últimos 30 años. 



Australia-Mineria
Lo que cabe esperar es que, al igual que en Australia, los recursos naturales incrementen su participación en la economía y las exportaciones.

Argumentarán algunos que equilibrio macro y eficiencia micro son condiciones necesarias, pero no suficientes. Que el Estado tiene un rol para cumplir en ciencia, educación o infraestructura. Habrá argumentos a favor y en contra; son discusiones de cualquier país normal.  Lo que no es normal es estar discutiendo si el chamanismo económico funciona y si deberían existir cepos o SIRAs. Si la experiencia del presente gobierno puede resolver esas cuestiones elementales entonces tal vez siguientes aniversarios de El Economista no nos encuentren reviviendo El Día de la Marmota, sino tratando de resolver nuevos desafíos.

Logo de Google
Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos.
+ Agregar