Gabriel Rubinstein: "Es una burla decir que no controlan el dólar. Controlan el oficial y el paralelo"
"Veo altamente probable la unificación cambiaria. Pero eso no significa que se trate de un mercado unificado robusto. Todo indica que va a ser un sistema cambiario frágil", dice Gabriel Rubinstein, exviceministro de Economía de Sergio Massa entre 2022 y 2023. "Fui una especie de asesor macroeconómico del ministro", aclara y pone el énfasis en su tarea de asesorar en política económica. Y advierte sobre la coyuntura: "El FMI no va a mover un dedo para facilitar que Argentina venda dólares a valores que ellos consideran muy bajos".
Rubinstein se refiere al desembolso del FMI y señala que no va a implicar una billetera para el gobierno, ni siquiera para que Argentina pueda vender dólares a piacere, porque una parte significativa del desembolso será para devolverle al mismo Fondo. Es decir, partidas encajonadas o semi encajonadas. Rubinstein, quien representó al ministro Roberto Lavagna en el Banco Central entre 2002 y 2005, conoce de cerca las negociaciones con el Fondo y agrega con conocimiento de causa: "Para que el gobierno intervenga el tipo de cambio con recursos del préstamo, el FMI tiene que decir que sí, y eso se discute".
Hace unos días, publicó en X su nuevo libro digital: Algunas discusiones en tiempos de motosierra. Allí repasa su paso por el gobierno como viceministro de Economía, reconstruye debates clave de la macro reciente y propone ideas para estabilizar el país. El eje es claro: sin reservas, no hay macro sustentable. "La escasez de reservas en el BCRA implica que Argentina ha asumido convivir con riesgos hiperinflacionarios", escribe. Y no esquiva el balance personal: "Hice lo que pude. Con algunos pocos logros, y bastantes fracasos. Es lo que me tocó vivir". Tampoco elude la tensión de decidir si quedarse o no en el cargo del gobierno del Frente de Todos: "No soy de escaparle al bulto. Me hubiera parecido una actitud cobarde de mi parte irme en tales circunstancias". Cuenta incluso que su plan para Sergio Massa fue "filtrado" a Horacio Verbitsky: "No sé por quién, posiblemente para ayudar a que no fuese implementado".
El libro, dividido en seis capítulos, propone lineamientos para una macro ordenada: equilibrio fiscal, tipo de cambio eficiente y servicios públicos de calidad. Reivindica como modelo deseable el esquema 2002-2005: reservas altas, dólar competitivo, inflación baja. Rubinstein pone el ojo en la tormenta y subraya ante los grandes problemas argentinos la importancia de las reservas.
En esta charla con El Economista, al igual que en Algunas discusiones en tiempos de motosierra Rubinstein elogia a Roberto Lavagna, el ministro de Néstor Kirchner: "No se encuentra otro ministro que haya sostenido un superávit fiscal de tres puntos del PBI durante varios años: parte del 2002, 2003, 2004 y 2005. Son tres, cuatro años de superávit fiscal de tres puntos del PBI, el doble de lo que plantea Milei. No se encuentra otro caso. Cavallo no logró hacerlo, no pudo resistir la presión política. En cambio, Lavagna sí".
Además de economista, Rubinstein es músico. Subió varios discos a Spotify con el título "Piedras de Rubí". Las letras son de su hijo —"tiene una manera muy especial de escribir"— y él se encarga de la música. "Siempre hice música. Ahora encontré una manera de hacer canciones que pueda materializar, producir, subir." En los setenta, llegó a ser finalista en un concurso del Cavern Club de Buenos Aires con su banda New Oldies. Toca el piano y la guitarra. "Para nosotros, en la primaria y el secundario, la música era esencial. A veces nos juntábamos un sábado a la noche solo para escuchar discos. Ésa era la salida"
Desde un café en Núñez, con una lapicera en la mano, Rubinstein marca cifras, explica, discute. A veces, elogia: "Es la primera vez que un presidente se pone a la cabeza del equilibrio fiscal." A veces, avisa: "El gobierno interviene activamente en el mercado cambiario. Y no es para nada cierto —es una burla— decir que no controlan el dólar. Es ridículo. Nadie cree eso". Contesta preguntas sobre la pérdida de confianza en el ministro Luis Caputo, el monto de las jubilaciones en el país y el nivel de reservas netas necesario para la salida del cepo.
—En su libro digital Algunas discusiones en tiempos de motosierra, escribe que no recomendaría avanzar hacia un mercado unificado de cambios de forma directa, debido a la escasez total de reservas en el BCRA, lo cual le quita capacidad de moderar corridas cambiarias. ¿Considera que, con el nuevo préstamo del FMI de US$ 20.000 millones o con una recomposición significativa de reservas, el gobierno podría estar en condiciones de avanzar hacia la unificación cambiaria?
—Va a avanzar hacia la unificación porque casi no tiene opciones. Sería muy negativo que no lo hiciera. Y además, en el acuerdo con el Fondo seguro que hay un cronograma, o al menos un sendero de unificación, si es que no unifican directamente desde el principio. Veo altamente probable la unificación cambiaria. Aparte, lo anunció varias veces Milei desde el primer año, con lo cual yo diría que para 2026 ya se tendría que estar con el mercado unificado. Pero eso no significa que se trate de un mercado unificado robusto. Todo indica que va a ser un sistema cambiario frágil, porque las reservas que se van a acumular para sostener ese mercado, en caso de necesidad, son muy pocas. No creo que el acuerdo con el Fondo signifique un cambio sustancial.
—¿El gobierno podría usar parte de esos US$ 20.000 millones del Fondo para ponerle un freno a una corrida cambiaria si se complica el panorama?
—Por más que Trump y todos griten para que se apoye a la Argentina, el FMI no va a mover un dedo para facilitar que Argentina venda dólares a valores que ellos consideran muy bajos. El préstamo no se va a poder usar para esos fines. Se va a poder usar para mostrar un mayor nivel de reservas, o para pagarle al Fondo, o eventualmente para pagar algún bono en particular, pero no para vender dólares a 1.100. Con lo cual, si prestan US$ 20.000 millones, quizás 12 sean para pagarle al Fondo directamente, y queden encajados, sin poder usarlos. Y 8 semi encajados, para que se puedan usar en condiciones que el FMI defina. Pero no para intervención cambiaria, salvo que la intervención cambiaria fuera a 1.700 o 2.000.
Para mí, el sistema cambiario argentino tiene que permitir que no se entre en pánico, de manera tal que haya un valor nominal del dólar que sea infranqueable, que no se pueda pasar. Que no vuelva a suceder lo que pasó cuando ganó Milei que el dólar estaba en 1100 o 1200, y de pronto había empresarios que decían que se iba a 2000 o 3000, y remarcaban precios.
Tiene que haber un sistema cambiario que no permita que alguien tenga esas fantasías o esas expectativas, porque son dañinas. Esa es la razón por la cual termina habiendo un dólar atrasado. Muchos ponen precios muy altos, y después de que no hubo devaluación, no bajan los precios o los bajan muy poco. Así queda un tipo de cambio bajo con el que se tiene que convivir.
—¿Cuál sería el nivel de reservas netas a partir del cual se vuelve viable la salida del cepo sin poner en riesgo la estabilidad?
—Yo pienso que US$30.000 millones netos, para vender en caso de pánico (a $2.000 el dólar), es un buen nivel. Es muy difícil imaginar corridas de tal magnitud que puedan llevarse puestos US$ 30.000 millones de dólares a un valor de 2.000.
Aparentemente hoy hay unos US$ 125.000 millones equivalentes en pesos que amenazan con convertirse en dólares. Si se avanza, se devalúa, y se pasa de un dólar de 1.000 a 2.000. Ahí se baja a US$ 70.000 o US$ 60.000 millones de dólares. No hay antecedentes de corridas tan grandes. Pensando en crisis probables, US$ 30.000 millones de reservas netas usables es suficiente.
Hoy estamos en -8.000. Pero con el préstamo del Fondo vamos a terminar US$ 10.000 arriba. Aunque, usable de esos US$ 10.000 millones es casi nada.
—Del préstamo de US$ 20.000 millones del Fondo, ¿cuánto se podría usar para contrarrestar una corrida cambiaria?
—No se sabe. Además, depende del acuerdo y de la letra chica. Y no solo de la letra chica. Por experiencia, diría que también depende de los entendimientos que haya con el staff del Fondo. No todo se pone por escrito. El acuerdo con el Fondo seguramente va a decir que se admite intervención cambiaria en caso de disorderly conditions. ¿Qué son disorderly conditions? Eso se discute y se charla día a día, porque no se puede regular todo, y menos una intervención cambiaria.
Para que el gobierno intervenga el tipo de cambio con recursos del préstamo, el FMI tiene que decir que sí, y eso se discute. Y se discute fuera de la letra chica. Y también es muy difícil que la publiquen. Cualquier cosa que haya va a ser un memo que se trabaja entre ellos, pero como un papel de borrador.
—¿Hay una diferencia entre usar las reservas ante corridas y usarlas para mantener un dólar barato?
—En el presente el gobierno está vendiendo US$ 1.300 millones en el dólar blend. Es una forma indirecta de intervención. Y además, viene vendiendo dólares todas estas semanas también. El gobierno interviene activamente en el mercado cambiario. Y no es para nada cierto —es una burla— decir que no controlan el dólar. Controlan el oficial y el paralelo. Y sin embargo Milei sigue repitiendo que no controlan el dólar, que está libre. Es ridículo. Nadie cree eso.
Está bien que intervengan para mantener la brecha baja. Es importante que Argentina tenga una brecha baja. Es un logro de este gobierno. Lo hicieron y tienen que sostenerlo, porque si la brecha es alta se complica todo, también la política.
Dicho esto, si se unifica hay un poco más de desafíos. Porque se supone que cuando no hay unificación, hay una válvula de escape, que es la brecha. Si bien la suba de la brecha descompagina todo, no necesariamente implica una suba de precios. Y no cambia demasiado: la gente sigue sin poder comprar dólares.
Ahora, si se quitan las restricciones y hay desconfianza, el que antes podía comprar US$ 200 de pronto va a querer comprar US$ 10.000. Y claro que va a haber una demanda de dólares mucho mayor. Y si eso pasa, se necesita tener el primer dólar para intervenir, pero ya no en la brecha, sino en el dólar único. Es más exigente intervenir en el dólar único que intervenir en la brecha. Aunque, en el fondo, sigue siendo intervenir. Cuando no hay restricciones, es como estar en mar abierto. Una cosa es navegar en el Río de la Plata con cepo, otra cosa es ir al océano.
—Si se interviene, ¿el Gobierno podría usar como excusa las presiones devaluatorias para vender dólares y así sostener un tipo de cambio atrasado?
—Sí, claro. Por eso creo que el sistema cambiario argentino tiene que poder sostener dos escenarios: uno con dólar bajo y otro con dólar no tan bajo. Y que el gobierno no se sienta obligado a defender un dólar demasiado bajo, porque si no, se va todo al demonio. Es lo que pasa siempre: la convertibilidad, Martínez de Hoz, Macri.
—¿Cómo podría el gobierno, en este contexto, acercarse más a un esquema como el de 2002-2005, con dólar alto, inflación anual de un dígito y sin controles de precios, y no repetir algo más parecido a la convertibilidad con dólar barato? ¿Buscar un tipo de cambio alto implica necesariamente convalidar más inflación?
—No estoy diciendo que haya que volver al tipo de cambio de 2002-2005, porque eran condiciones especiales que no creo que se puedan repetir. Pero se puede pasar de $1.000 a $1.400. Acá el esquema sería dólar bajo, dólar medio y dólar alto [escribe en un papel mientras explica]. El dólar alto solo fue posible después de una gran crisis, pero se mantuvo estable. Fue la primera vez en Argentina que, después de una gran crisis, cuando se estabilizó, el dólar quedó alto (2002-2005). Fue súper exitoso.
Ese dólar alto hoy no es una opción. Nadie va a ir hacia una gran crisis para tener un dólar alto. Sí se puede tener un dólar medio. Eso sí es una opción. Pero yo no coincido con una afirmación que hace Ricardo Arriazu —a quien valoro muchísimo—, que dice: "El tipo de cambio real no lo fija el gobierno". No lo fija, pero influye mucho. El gobierno influye para que el dólar sea bajo o sea medio. La capacidad del gobierno de influir en el tipo de cambio real es mucha.
—Y si lo hacen y lo llevan al dólar medio, ¿eso no se traslada a precios?
—Para que no se traslade a precios, la clave es que el dólar nominal máximo sea absolutamente predecible. Que no pase lo que pasó en diciembre de 2023, que se trasladó todo a precios. Se trasladó de forma brutal, porque el precio era tremendo. Muchos calculaban entre $2.000 y $3.000. Después quedó en $1.200 o $1.300. ¿Cómo hace un comerciante para bajar de una proyección de $2.000 a $1.200? La expectativa era que el dólar iba a seguir subiendo sin freno. Naturalmente, cuando se genera toda esa expectativa, se instala la idea de que el dólar nominal puede llegar a ser muy alto. Y no hay forma de que esos precios vuelvan a bajar.
Se entra en lo que sería un ecosistema de dólar bajo. El dólar bajo tiene una serie de problemas, especialmente cuando la economía todavía está muy desacomodada y no se tienen reservas. Ahí el sistema está frágil. Como mínimo, hay que habilitar un esquema que permita un dólar un poco más alto y que no sea el fin del mundo. Que se pueda seguir, Milei o quien sea. Que no signifique el fin de un gobierno ni una crisis.
—¿Ve riesgo de que, si el gobierno logra acumular reservas, vuelva a insistir con la idea de dolarizar?
—Para dolarizar sin traumas, se deberían conseguir, como mínimo, los US$ 125.000 millones que hoy existen en pesos y que amenazan con convertirse en dólares. Es una cifra demasiado alta. Aunque incluso con una devaluación se podría dolarizar con algo menos, estaríamos hablando igual de u$s80.000 millones. Hoy estamos con reservas netas negativas, con el Banco Central en -8.000 millones. Así que no me imagino ninguna circunstancia en la cual el gobierno pueda dolarizar sin traumas.
—Si de esos US$ 20.000 millones tienen que usar US$ 12.000 para pagarle al Fondo, y quedan US$ 8.000, ¿no hay riesgo de que se gasten esos US$ 8.000 millones para mantener el dólar bajo y llegar con soltura a las elecciones?
—Hay un pequeño riesgo, sí. Pero no hay que olvidarse de que está previsto que esas reservas sirvan para capitalizar al Banco Central, que no se usen. Los DEG [Derechos Especiales de Giro] hay que convertirlos en dólares. Cuando hay que vender los DEG, el FMI es como un patrón. Si el Fondo le da los dólares al gobierno, primero los tiene que autorizar. Y si no lo hace, porque se está incumpliendo algo, se puede trabar el acuerdo. El Gobierno puede engañar al Fondo un día, dos, tres pero no se llega muy lejos así. El FMI no le va a dar US$ 8.000 millones en billetes, que se guarden en una caja de seguridad del Banco Central. Son Derechos Especiales de Giro. Si se hacen las cosas mal, el Fondo le dice al Banco de Basilea: "no le des los dólares".
—¿Evalúa que en algún momento el crawling puede bajar a cero? Y si eso pasa, ¿no se podría generar una salida de pesos desde los plazos fijos hacia el dólar?
—El Gobierno dijo: "en febrero arrancamos con el crawl al 1%, y cuando baje la inflación, veremos". Todo el mundo entendió que hasta las elecciones sigue al 1%. Y en marzo dijeron que se terminaba ese sistema. Ellos dicen que se terminó. Dijeron que van a pasar a un esquema de bandas de flotación. Hoy parece poco probable que sigan con el crawl, ni al 1%, ni al 0%, ni nada. Ellos mismos están diciendo que en el acuerdo con el Fondo está previsto un cambio.
—¿Considera que Milei le da a Caputo un respaldo político pleno y sostenido, que le permite encarar un programa de estabilización con chances reales de éxito?
—Es la primera vez que un presidente se pone a la cabeza del equilibrio fiscal. No me imagino un solo caso en el que un ministro de Economía no haya tenido que renegar con el presidente, discutiendo para que tal gasto no se haga. Siempre los políticos han sido más gastadores y más maníacos del déficit fiscal, porque están en el juego político. Y este es el primer presidente que, leyendo bien la realidad, descubrió que garpaba políticamente ser fiscalista. Y eso, para el ministro de Economía, es extraordinario. Porque no tiene nada que discutir, solo implementar. Y cuando eso pasa, hay muchas más chances de éxito.
—¿Ve al Gobierno dialogar con los principales referentes de la oposición para construir acuerdos y fortalecer la institucionalidad?
—No, para nada. Todo lo contrario. Al Gobierno le interesa exacerbar las grietas, porque encuentra que esa es una forma de mantenerse políticamente presente en la escena. Se la pasa maltratando a todos los opositores. Por supuesto que eso también le permite cooptar, o coopta y convierte a dirigentes al mileísmo, o los denigra. Incluso a los liberales que están en contra por una cuestión técnica, como Cavallo, les empieza a pegar. El Gobierno le pega a todos los que son opositores.
—¿Y esa impronta de poco diálogo puede afectar a la economía en algún aspecto?
—A la larga sí. A la corta, por ahí no. En Argentina estamos lejos de poder estar en una situación donde se pueda decir: "Si gana alguien más de derecha o alguien más de izquierda, la economía va a andar bien igual". Hoy no es así. Hoy es blanco o negro. Si gana Milei, se mantiene este sistema. Si pierde Milei, va a haber crisis. El Gobierno, por supuesto, utiliza eso para decir: "Mirá que yo soy la única garantía de estabilidad". Pero un día la gente se puede cansar de Milei. Por el criptogate o por otras cosas. Y van a decir: "Todo bien con el anarco-capitalismo, pero me gustó este otro candidato, que es un poco más estatista". Eso puede pasar. Y si pasa, y al ciudadano le gusta otro candidato, se pudre todo.
El éxito de un plan económico es que no haya reversibilidad. Que se mantenga la línea, que se mantenga lo esencial. Por eso digo que fue muy valiosa la experiencia con Lavagna. Porque no importaba quién ganaba en 2007. No importaba si era Cristina, si era López Murphy, si era Carrió. No tenía importancia. Había discusiones institucionales, de estilo, pero la economía no se cuestionaba. Hoy sí hay un riesgo económico enorme. Si a Milei le va mal, el dólar se va a cualquier valor.
—¿Cuál es su mirada sobre el equipo económico de Milei?
—Hicieron algunas cosas bien. Toda la impronta de tener superávit fiscal está bien. En la parte monetaria, para mí tienen falencias horribles. Tienen malos diagnósticos. Como la parte monetaria no es tan importante ahora, ni se nota. Pero lo que dicen sobre "la base monetaria amplia", eso que inventan es un mal análisis monetario.
En la parte cambiaria, conviven con una fragilidad. Caputo se dio cuenta de que tenía que intervenir en los mercados, que era la única manera de que esto funcionara. Pero seguimos con problemas como un esquema cambiario que no es sustentable. Ha sido lógico para bajar la inflación y para que la economía rebote. Hay que ver cómo sigue la película.
Es un equipo razonable. Si bien los elogios que ellos se dan a sí mismos —"Milei, sos el mejor presidente del mundo", "sos el mejor ministro de toda la historia, Caputo"—, esas adulaciones mutuas podemos dejarlas de lado. Es toda una fanfarronería. En todo caso, que esas adulaciones las diga la historia dentro de diez años. Dejando de lado eso, es un equipo razonable.
—¿Las jubilaciones en Argentina están condenadas a ser bajas? ¿Hay margen real para pensar en un sistema que garantice ingresos dignos para los jubilados, o estructuralmente "nunca van a ser buenas"?
—La palabra "nunca" es un poco fuerte, pero por muchos años van a ser malas. Hasta que no se hagan cambios profundos en el mercado laboral, hasta que no se hagan reformas jubilatorias, el promedio de las jubilaciones —las jubilaciones mínimas, sobre todo— van a ser malas. Entre malas y muy malas. No veo jubilaciones buenas en ningún horizonte predecible.
—En marzo, el índice de confianza del consumidor registró su cuarta caída mensual consecutiva y bajó un 5,4 % respecto a febrero. ¿A qué atribuye esta baja en la confianza en el Gobierno?
—Hay hechos que cayeron mal. Una de las razones, desde lo discursivo, fue lo de Davos. Y lo del CryptoGate marcó un punto de inflexión. Mucha gente empezó a perder un poco de confianza en Milei, sea porque se mandó una macana, o su entorno, o por un tema de corrupción. O por incapacidad para meterse en un tema que no dominaba, y de alguna manera pisó el palito. Por cualquiera de esas razones, se lo empezó a mirar con un poco más de distancia.
—¿Hoy aceptaría una convocatoria del gobierno de Javier Milei si fuera para aportar en temas técnicos?
—Lo único que puedo dar son consejos públicos, como cuando escribo en Twitter o publico algo. Y si alguien me llama y me dice "¿qué opinás de esto?", también. Daría cualquier consejo, aunque no sea público. Si Caputo o Milei me escriben y me dicen que les gustaría saber mi opinión sobre algo, voy y les digo lo que me parece. Les puedo dar una mano ad honorem, mientras sigo trabajando en lo mío. No aceptaría un rol formal en el gobierno.
—Escribe que en 2005 había un superávit fiscal del 3 % y que en 2015, se llegó a un déficit superior al 4 %. Además, señala que en ese proceso se perdieron cerca de US$ 40.000 millones en reservas netas del Banco Central. ¿Por qué considera que el kirchnerismo, en particular Cristina Kirchner, nunca hizo una autocrítica profunda sobre ese deterioro fiscal?
—Para Argentina, tener reservas era fundamental. Hay muchos países que no necesitan reservas internacionales. Los países emergentes, en general, necesitan más. Y Argentina más que ninguno. En relación a los activos que tiene que defender —pesos o dólares—, Argentina necesita tener reservas.
Por ejemplo, en Chile, en Santiago, se construyen casas y edificios con normativa antisísmica. En Buenos Aires no hace falta. Pero Argentina es como Chile, un país sísmico. Las reservas son como tener una construcción antisísmica. Si no se tiene, cuando viene el próximo terremoto, se cae la casa. Eso es Argentina sin reservas. Eso lo hizo Cristina, y eso es donde estamos ahora.
Nosotros tenemos riesgos de hiperinflación desde que se vendieron esos u$s40 mil millones que había antes del gobierno de Cristina Kirchner. El riesgo lo tuvo Macri, lo tuvo Alberto Fernández, lo tiene ahora Milei. Los riesgos de hiperinflación siguen latentes.
—¿Escuchó alguna vez una autocrítica por parte de Cristina Kirchner respecto al déficit fiscal del 4% con el que terminó su gobierno?
—Nunca la escuché. Al contrario. Y aparte, cuando estaba Guzmán y quería llevar el déficit al 3%, le decían: "¿Cómo al 3%, si el Congreso votó 4,5%?". Cristina fue y es maximizadora de los déficits. Hasta el día de hoy, nunca vi una autocrítica de ese tipo. La pérdida de US$ 40.000 millones de reservas fue una especie de suicidio macroeconómico. Miguel Bein habló de "macrocidio". Y fue algo extraño ver cómo el gobierno no valoraba lo que el propio gobierno había hecho. A Cristina no le importaba perder reservas. Hubo retraso cambiario y una situación insostenible que se iba estrellando, pero no les importó.