El optimismo de Caputo versus las objeciones de Lacunza, Dal Poggetto, Kulfas y Prat-Gay
Las expectativas en torno al 2027 ya están en el centro de buena parte de los análisis políticos y económicos. No es para menos: la larga historia argentina de volatilidad cambiaria ante cada proceso electoral, a la que se suma el recuerdo aún fresco de las turbulencias derivadas de los resultados de los comicios del año pasado en la provincia de Buenos Aires, renueva los interrogantes sobre la solidez del actual esquema económico para afrontar la temida mayor demanda de dólares por cobertura el año próximo.
Luego de la pausa implícita en la que ingresa la actividad política ante cada Mundial de fútbol, la carrera hacia las elecciones presidenciales del año próximo promete tomar velocidad, más aún si se tiene en cuenta que varios gobernadores planean anticipar los comicios en sus provincias para el segundo trimestre de 2027. En medio de esa dinámica, la evolución del humor social será un factor cada vez más relevante tanto para los mercados financieros como para las decisiones de inversión productiva.
Ante los riesgos de ese escenario frágil, el gobierno viene redoblando el discurso en torno a que esta vez será distinto, que en 2027 la economía argentina no se subirá a la clásica montaña rusa de cada año electoral. Sin embargo, economistas y consultores no están tan convencidos de eso. Esas posturas contrapuestas quedaron claramente reflejadas el martes pasado en el IAE Summit 26, un evento organizado por el IAE Business School, la escuela de negocios de la Universidad Austral.
“Esperamos un escenario muy diferente al que espera la mayoría de los colegas y el mercado mismo; yo sé que no es consenso, (pero) la economía va a prevalecer y, entonces, ni por broma espero un 2027 clásico electoral argentino”, dijo el ministro de Economía, Luis Caputo, en el evento del IAE. “Tanto la gente como el mercado se van a dar cuenta antes del 2027 que el 2027 no va a ser ese año que muchos creen”, agregó.
Ante encuestas que marcan una tendencia descendente de la imagen presidencial y, más aún, de la aprobación a la gestión del gobierno, Caputo viene intentando exorcizar los fantasmas con una estrategia doble: por un lado, exaltar los logros, a su juicio, del programa económico y, por el otro, minimizar la posibilidad de un triunfo electoral de la oposición, sobre todo del kirchnerismo.
Para intentar balancear esa postura con sus expresiones del pasado, el ministro de Economía señaló en el evento del IAE que no existe la posibilidad de que vuelva al gobierno el kirchnerismo “más allá de que el mercado priceé que el riesgo kuka existe”.
“Para el mercado hay entre un 10% y un 15% de probabilidad de que eso pase, por eso hay un diferencial de spread importante entre los bonos que vencen en 2027 y los que vencen en 2028”, señaló. “Ahora, tomar eso como escenario base y hacerle creer a los argentinos de que hay una posibilidad que la gente vote por volver al infierno, realmente es subestimar a la mayoría”, agregó.
Luces amarillas
Desde otros paneles del evento del IAE surgieron miradas que contrastan con la visión de Caputo. Uno de los disertantes que planteó objeciones fue Hernán Lacunza, ex ministro de Hacienda durante el gobierno de Mauricio Macri. “Aprendimos por la experiencia de 2015-2019 que los programas asincrónicos, que le dan mucho a un remo y olvidan el otro, no necesariamente llegan a buen puerto: ahora somos muy ambiciosos en lo fiscal y bastante procrastinadores con lo monetario y cambiario, y, entonces, tenemos esta situación de crecimiento anémico, con sectores muy postergados, lo que tiene efectos sobre la recaudación”, dijo. “La macro no es solo la estabilidad: es ser estable, predecible y tener capacidad de crecimiento relativamente homogéneo”, agregó.
Luego de advertir que el propio Fondo Monetario Internacional planteó que el tipo de cambio tiene una apreciación del 16%, Lacunza señaló que “hay algunas luces amarillas que titilan en el frente fiscal”. “La primera es que no hay superávit financiero: cuando uno computa los intereses devengados no pagados, hay un déficit de 1% del PBI; no es grave, pero no hay margen para bajar impuestos de manera masiva”, dijo. “Además, la recaudación en los primeros cinco meses de este año cae 5% en términos reales no por baja de alícuotas, sino porque las actividades rezagadas –construcción, comercio e industria manufacturera- contribuyen más al fisco que las ganadoras; la reacción del gobierno fue bajar el gasto público 3 puntos del producto, pero tampoco hay margen para seguir ajustando”, añadió.
Por su parte, Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de EcoGo Consultores, señaló que “falta un horizonte” para despejar los interrogantes de cara al año electoral. “Si tenés incertidumbre sobre el pago de la deuda, en algún momento eso te pasa factura”, dijo. “No hay incertidumbre respecto a la capacidad de pago de este gobierno, pero sí sobre cómo transitás en una democracia de un gobierno a otro”, agregó.
Tras advertir que “el ancla sigue siendo cambiaria y no han construido un ancla alternativa”, Dal Poggeto puso el foco en el año próximo. “Hay una apuesta a que la economía se enderece un poco, que las encuestas se enderecen y el sendero hacia la elección vaya con mayor certidumbre, que la competencia con el abismo no ocurra”, afirmó.
En esa línea, enumeró tres opciones que serían viables para el mercado. “Una, gana Milei en primera vuelta; dos, aparece una opción que el mercado no considera un abismo; y tres, lo que sería Argentina año verde, hay cooperación entre dos opciones distintas como ocurrió con Lula y (Fernando Henrique) Cardoso en Brasil (en 2002)”, dijo.
¿Y la actividad?
Más allá del ruido financiero, buena parte del escenario electoral del año próximo está atado a que los sectores rezagados del actual modelo económico, justamente aquellos que más mueven la rueda del empleo, puedan salir del -en el mejor de los casos- estancamiento. En esa línea, Matías Kulfas, ex ministro de Desarrollo Productivo durante el gobierno de Alberto Fernández, señaló que “tenemos un dólar barato y eso está poniendo en una posición de dificultades a casi todos los sectores, con excepción de los productores de materias primas, recursos naturales y algunos servicios basados en el conocimiento”.
“Me parece que ahí hay un problema: estoy lejísimo de pensar que esto se arregla con un dólar a $3.000, pero hay sectores industriales que están exportando a pérdida y que necesitan entre un 20% o 25% de corrección”, dijo.
- “Además, los costos logísticos son carísimos: ahí veo un problema serio porque el gobierno se ha retirado completamente de la planificación de la infraestructura”, añadió.
Kulfas también puso el foco en la dificultad para establecer encadenamientos productivos capaces de convertir las oportunidades en minería, energía y el campo en una palanca para el resto del sector productivo.
Como ejemplo de ese déficit, marcó el reciente contrato obtenido por un consorcio chino para importar una ciudad modular destinada a albergar a miles de trabajadores mineros en la provincia de San Juan.
“Ni un tornillo se va a fabricar en Argentina para hacer esta ciudad en alta montaña debido a que hay una brecha aparentemente del 34% entre la oferta nacional y la china”, señaló Kulfas. “Cuánto tendrá que ver el nivel del tipo de cambio en eso, cuánto el costo de financiamiento y cuánto los impuestos: si no podemos responder esas preguntas y no tenemos una actitud activa para reducir esa brecha, vamos a construir para muy poca gente y el plan económico no va a ser sostenible”, agregó.
En tanto, en su rol de vicepresidente de Prestige Auto -empresa que asumió la representación oficial de Mercedes-Benz en la Argentina el año pasado-, Alfonso Prat-Gay también hizo eje en la necesidad de sumar a la industria a los sectores en expansión.
“Por más que haya algunos sectores que sean muy sexy en algún momento, es muy importante no descuidar a los sectores mano de obra intensivos”, dijo el ex ministro de Hacienda y Finanzas durante la primera parte del gobierno macrista. “El modelo cierra con todos adentro y no con tres o cuatro sectores a los que les vaya bien”, agregó.
En ese cuestionamiento al esquema actual, Prat-Gay señaló que “en la discusión ahora está instalado que la falta de competitividad es culpa de los municipios o de las provincias, pero en el análisis que hacemos dentro de Prestige, la incidencia a lo largo de la cadena del impuesto al cheque es la misma que la de Ingresos Brutos en la provincia de Buenos Aires”.
“Está muy bien que el gobierno haya anunciado una eliminación de las retenciones, pero hay otra cuestión que sufre cualquier exportador de la industria: los impuestos que no se exportan porque hay un compromiso del Estado de que los va a devolver”, dijo. “Ese compromiso no siempre se cumple: hoy la industria automotriz tiene un crédito fiscal de alrededor de U$S 2.500 millones, lo que representa más o menos cuatro meses de exportación”, añadió. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar