Análisis

El cambio climático y los impuestos: un desafío global que no podemos ignorar

El cambio climático es una realidad ineludible, y sus consecuencias impactan no solo en el medioambiente, sino también en nuestras economías
El cambio climático y los impuestos: un desafío global que no podemos ignorar
Compartir

El cambio climático es una realidad ineludible, y sus consecuencias impactan no solo en el medioambiente, sino también en nuestras economías. Las emisiones de dióxido de carbono, generadas principalmente por la quema de combustibles fósiles, son uno de los mayores desafíos que enfrentamos. Estas emisiones no solo provienen de la generación de energía, sino también de la producción de bienes de consumo, el transporte y actividades agrícolas no sustentables. Frente a esta realidad, se torna imperativo preguntarnos qué medidas están tomando los gobiernos, y qué rol juegan los impuestos en este contexto.

En Argentina, la Ley N ° 27430 introdujo en 2017 un impuesto al dióxido de carbono que marcó un antes y un después en la estructura tributaria. Este impuesto, que inicialmente gravaba los combustibles líquidos, fue ampliado en 2020 para incluir el gas natural, el gas licuado de petróleo y el carbón. Este esquema tributario alinea a Argentina con su compromiso en el Acuerdo de París y refleja una tendencia creciente en América Latina de utilizar impuestos ambientales como herramienta para combatir el cambio climático.

Sin embargo, la implementación de impuestos al carbón y otros contaminantes es solo un paso en el camino hacia la descarbonización de nuestras economías. Es fundamental que estos impuestos se complementen con políticas que promuevan el acceso a tecnologías limpias y energías renovables. Así, no solo se desincentiva el uso de combustibles fósiles, sino que se facilita una transición justa hacia alternativas más sostenidas.

Además de los impuestos, otros instrumentos económicos como los permisos de emisión de gases de efecto invernadero, los sistemas de derechos transferibles de contaminación y los subsidios a tecnologías limpias, desempeñan un papel crucial. Estos mecanismos permiten que el mercado ajuste su comportamiento y alinee las prácticas empresariales con los objetivos de desarrollo sostenible.

Para afrontar satisfactoriamente el cambio climático, necesitamos un enfoque global y local coherente. La Estrategia Nacional para el uso de los Mercados de Carbono en Argentina es un ejemplo de cómo se pueden integrar políticas públicas que fomenten la conservación de bosques, la transición energética y el transporte sustentable. Estas iniciativas son esenciales para cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030 y la propuesta de descarbonización para 2050 del Acuerdo de París.

El desafío es grande, pero las herramientas están a nuestro alcance. Debemos actuar con decisión y coherencia para asegurar un futuro sostenible para las próximas generaciones. Este es un compromiso que no podemos eludir, pues el bienestar de nuestro planeta y nuestra propia supervivencia están en juego. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar