Lucas Llach es uno de los economistas más escuchados de Argentina. Y tiene pergaminos: tiene background académico (fue el mejor alumno de su camada en la UTDT) y escribió un libro icónico con Pablo Gerchunoff (cfr. El ciclo de la ilusión y el desencanto); sabe de historia económica (un activo que no todos sus colegas comparten); estuvo del otro lado del mostrador (es decir, en la fricción y el barro de la gestión pública) y, además, es un gran polemista, audaz y sin miedo, del ágora del Siglo XXI, es decir, Twitter (hoy X).
En una entrevista con Luciana Vázquez en La Nación, Llach dejó una cantidad generosa de definiciones.
A continuación, las frases más sobresalientes del reportaje:
- Milei es un hijo de sus tiempos, de esos tiempos en los que uno se forma ideológicamente, cuando tiene 15, 20, 25 años, que para nuestra generación, aunque Milei tiene un par de años más que yo, es la década del 80 y los 90, la caída del Muro y, en la Argentina, la estabilización de la hiperinflación. Y una lección que aprendimos todos los que nos dedicamos a la economía y vivimos esa época es que la estabilización es muy popular.
- Eso redunda en votos. Y es un diagnóstico correcto. ¿Por qué redunda en votos? Porque tiene efectos concretos en lo que estás planteando, que es el bienestar de las personas. Sobre todo en la gente que está más abajo en la escala social, en la gente más humilde. La inflación es un impuesto muy duro y muy doloroso porque implica que cada mes perdés plata, tu sueldo y el dinero que tenés en el bolsillo pierde poder adquisitivo.
- No son tantas las maneras que tienen los gobiernos para influir en el día a día de una persona, pero una de esas maneras es la inflación. ¿Qué estoy diciendo? Estoy diciendo que el enfoque de Milei era poner la estabilización por encima de todo sabiendo que eso tiene efectos concretos y medibles en el bienestar, ahí abajo, sobre todo.
- No diría que tiene mucho recorrido el argumento de "la gente está peor". Sí, es cierto que algunos están peor, que son los empleados públicos, pues su salario real sí bajó, o porque se quedaron sin trabajo. Ahora, el que vive de changas, el informal, ése está mejor que lo que estaba en noviembre de 2023, y esa es la base de Milei.

- En abril de 2024, (la economía) alcanzó el piso. De ahí en más, la economía empezó a recuperarse bastante rápido, como decía el Presidente. Ahora, en los últimos tres o cuatro meses, se ve un empate: quiere decir que en el mes a mes, está medio constante.
- Un economista diría que hubo reactivación, lo que bajó subió, pero no hay crecimiento todavía. No hay una situación de "che, la economía va a seguir creciendo". Ahí hay un par de signos de pregunta. Yo soy optimista.
- Los trabajadores del sector público están 30% abajo respecto de 2023; los formales privados empatan más o menos con 2023, después de haber bajado y subido; curiosamente, informales bien medidos, porque hay toda una discusión metodológica porque siempre que tenemos una foto un poco antigua, están cerca de un 8% arriba respecto de 2023, según la última foto.
- Es importante cuando Milei dice: "yo bajo el gasto para bajar impuestos". El primer impuesto que bajó es el impuesto inflacionario, un impuesto que cae sobre la gente por tener plata. No se ve porque no está legislado, pero es un impuesto.
- Lo que me obsesiona hoy es cómo hacer para que la Argentina empiece a crecer de verdad a partir de 2026.
- Lo principal no fue el ajuste de empleo público, sino las tarifas de los servicios públicos, las jubilaciones, que quedaron abajo, donde las dejó Alberto y no subieron o subieron poquito. Y además, las transferencias a provincias y la obra pública. Ése es el grueso del ajuste.
- Para que este país salga de este estancamiento que ya lleva quince años, la clave es crecer.
- Ningún sector del mundo está tan castigado como el agro en la Argentina.
- Un gobierno tiene que pensar cuál es el curso de acción que maximiza el bienestar de todos los ciudadanos.
- El Gobierno ha sido pragmático. Por ejemplo, con la AUH o la Tarjeta Alimentar. No solo no la licuó, sino que subió bastante más que la inflación.
- Subimos la AUH. Celebro esa inconsistencia.
- La discusión más ideológica es sobre cuánto tiene que gastar el Estado y cuánto tiene que recaudar.
- Argentina es el país con tasas impositivas más altas del mundo: tasas impositivas, no recaudación impositiva, porque hay mucha economía informal. Casi ningún país tiene impuestos a la exportación, Bielorrusia y alguno más; nadie tiene impuesto al cheque.
- El Gobierno mantuvo, aproximadamente, las jubilaciones al nivel que las recibió Milei: el gobierno anterior las licuó en un 30 por ciento.
- Los que hoy marchan por los jubilados, en noviembre de 2023 no marchaban, entonces no es creíble.
- No soy antiperonista pero sí soy antikirchnerista porque creo que es una visión muy anacrónica de la economía.
- La única idea es: paguémosle a los jubilados con las Leliq, como decía Alberto Fernández, o déficit fiscal. Mientras esas ideas estén presentes, es difícil que la Argentina arranque porque siempre el miedo es: "Uy, si ganan los kukas, ¿qué va a pasar?".
- La pregunta es cómo salís de ahí. Hay dos maneras de salir. Una es que un peronismo más lógico domine ese sector. "Más lógico", quiere decir un peronismo que crea en el equilibrio fiscal, etcétera. La otra es ganarle siempre al peronismo, que es difícil. Ganarle siempre quiere decir no que Milei gane siempre sino que la racionalidad económica gobierne cuatro mandatos. Si no, no salimos.
- No podemos seguir con la discusión sobre los créditos UVA, que son exitosísimos, buenísimos. La gente, yo que agarré uno me pude comprar un departamento. Si no, no podía. Todavía tenemos una discusión dentro de la racionalidad... Por ejemplo, Julio Cobos hizo una ley de reparación. Dentro de las fuerzas del centro, todavía hay debates a dar que parecen básicos.
- No veo que exista un peronismo muy racional hoy. Son ocho, son tres, no sé quiénes son.

- Como dijo el politólogo Eugenio Kvaternik, Menem fue un intento fallido de modernización. Menem la vio, vio para dónde iba el mundo y dijo: "Vamos para acá", aunque tuvo un montón de problemas institucionales: cambió la Constitución para reelegirse. Nunca lo voté. Pero en lo económico, aunque falló con la convertibilidad por temas más técnicos, fue un intento no anacrónico. Como Perón en su momento, que fue una cosa no anacrónica. Pero el kirchnerismo es muy anacrónico: son miradas que buscan volver a no sé cuándo. Son muy dañinas. Ojalá cambie.
- (Ahora en el Gobierno) dicen: "Bueno, la tasa alta por ahí sirve para controlar el dólar". Esta es la batalla que está ocurriendo ahora, una batalla clásica de los procesos preelectorales argentinos. Los economistas tienen un nombre para esto: "el miedo a flotar", "fear of floating." Es: "Che, muy lindo el dólar flotante, pero que no flote demasiado". Entonces hoy el mercado cree, y eso se ve en cómo está operando, que la Argentina necesita un dólar un poco más alto. Que la Argentina está un poco cara en dólares: lo vemos en los 8 millones de argentinos que se fueron Brasil. Tiendo a coincidir: no me molestaría un dólar un poco más alto, un 10% más alto. El gobierno eestá en: "Sostengo el dólar en 1.200, pero como que lo va llevando". Me parece comprensible y normal.
- Milei ha sido mucho más pragmático y menos ideológico en el manejo de la macroeconomía que lo que uno podría pensar a partir de las cosas que decía en televisión. Y lo digo como un elogio. El cepo, ¿cuánto duró? Ya nos olvidamos porque salió del cepo en lo esencial, pero el cepo duró mucho más de lo que muchos queríamos, y me incluyo.
- La roca que no se mueve es el equilibrio fiscal. Para Milei, eso es lo que no negocia. Después es: Toto, manejalo (...) Ese pragmatismo es bienvenido. ¿Es contradictorio con Ayn Rand? Seguramente.
- No es el Gobierno de un loquito. El loco es bastante pragmático. Si yo critico al Gobierno, es en otras cosas: abrí más rápido la economía, soltá el tipo de cambio, dejá de intervenir tanto. Si se va a $1.500, está todo bien. Pero no, ellos son más de meter la mano. Me parece como mínimo más interesante.

- En este manejo cambiario, ha habido mucha intervención, con intervención del mercado futuros que no es super kosher. El que lo inauguró fue el kirchnerismo. Lo comprendo: es un programa económico que depende de un éxito político como programa económico (...) Si dejo que el dólar se vaya a $1.550, el ingrediente político se me complica. Entonces, tengo que manejar las perillas como para que todos los ingredientes lleguen sanos y salvos a la otra orilla, que es diciembre de este año, y ahí reconversamos. Me parece algo muy razonable y muy pragmático.