La polémica del Mundial 2026: por qué anularon el gol decisivo de Croacia ante Portugal
La primera gran polémica del Mundial 2026 tuvo como protagonista a la tecnología. En un vibrante cruce de 16avos de final, Portugal derrotó 2-1 a Croacia y avanzó a los octavos de final, aunque el partido quedó marcado por un gol anulado en el minuto 102 que hubiera significado el 2-2 y forzado el tiempo suplementario. La decisión del árbitro noruego Espen Eskas, respaldada por el VAR y por el nuevo sistema de detección de contacto del balón, desató un intenso debate entre hinchas, jugadores y especialistas.
Croacia había golpeado primero gracias a Ivan Perisic, pero Portugal reaccionó con un penal convertido por Cristiano Ronaldo y un cabezazo de Goncalo Ramos en el tiempo de descuento para dar vuelta el marcador. Cuando parecía que el conjunto luso tenía asegurada la clasificación, llegó la jugada que cambió la historia del encuentro.
Con más de diez minutos de adición ya cumplidos, un centro de Perisic cayó en el área portuguesa. Mario Pasalic controló la pelota y asistió a Josko Gvardiol, que definió para el 2-2 desatando el festejo de todo el banco croata. Sin embargo, el VAR llamó inmediatamente al árbitro para revisar la acción y, tras varios minutos de análisis, el tanto fue invalidado por posición adelantada.
La clave estuvo en un roce prácticamente imperceptible de Igor Matanovic sobre la pelota. A simple vista no se aprecia un desvío, ni un cambio en la trayectoria o en el efecto del balón. Sin embargo, el sistema detectó que el delantero croata alcanzó a peinar el centro con la cabeza antes de que la pelota llegara a Pasalic. Ese mínimo contacto modificó el momento reglamentario desde el cual debía evaluarse el fuera de juego y dejó al mediocampista croata adelantado. Posteriormente hubo un leve roce del portugués Renato Veiga, pero al tratarse de una acción involuntaria y sin control del balón, la Regla 11 establece que no reinicia la jugada, por lo que el offside siguió siendo válido.
La decisión se apoyó en una de las grandes innovaciones tecnológicas del Mundial 2026: el balón oficial Trionda, equipado con un sensor de unidad de medición inercial (IMU). Este microchip registra cientos de datos por segundo y es capaz de detectar los contactos más leves con la pelota. Durante las transmisiones televisivas, esa información se representa mediante un gráfico de pulsos que indica el instante exacto en el que se produjo el impacto, brindando a los árbitros una referencia precisa para combinar con el sistema de fuera de juego semiautomático.
Precisamente, ese gráfico fue el único elemento que permitió confirmar el toque de Matanović. No existió una repetición de video donde pudiera apreciarse claramente el contacto, lo que alimentó la controversia. Mientras los jugadores croatas reclamaban que la pelota nunca parecía desviarse, desde el VAR sostuvieron que los datos del sensor eran concluyentes y permitían fijar con exactitud el fotograma desde el cual debía trazarse la línea del offside.
La decisión generó un fuerte debate porque volvió a poner sobre la mesa el papel de la tecnología en el fútbol. Para algunos, el sistema permitió corregir una acción imposible de detectar para el ojo humano y aplicar el reglamento con precisión absoluta. Para otros, la ausencia de una evidencia visual clara dejó la sensación de que un partido quedó definido por un algoritmo y no por una imagen convincente.
Más allá de la polémica, Portugal selló una sufrida clasificación a los octavos de final, mientras que Cristiano Ronaldo consiguió su primer gol en una instancia eliminatoria de un Mundial. Del otro lado quedó una Croacia de Luka Modric que se despidió con la sensación de haber estado a centímetros de llevar el partido al alargue, en una jornada que probablemente sea recordada como el momento en que la tecnología pasó a ocupar el centro de la escena en la Copa del Mundo 2026.
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