Las perlitas de la visita de Messi a la Casa Blanca: del comentario de Trump sobre Pelé y Cristiano Ronaldo al momento más incómodo
La visita del plantel del Inter Miami a la Casa Blanca dejó una serie de escenas curiosas y momentos distendidos que rápidamente se volvieron virales. Encabezados por Lionel Messi, los futbolistas recorrieron uno de los edificios más emblemáticos de Washington, posaron para las fotos oficiales y protagonizaron una jornada cargada de bromas, gestos espontáneos y un fuerte simbolismo deportivo y político. La delegación fue recibida por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en un acto que siguió la tradicional costumbre de invitar a equipos campeones de distintas ligas norteamericanas.
La presencia del capitán argentino generó una enorme expectativa. Funcionarios, empleados de la residencia presidencial e incluso agentes del servicio secreto aprovecharon el momento para acercarse a saludarlo o pedirle una foto. Messi se mostró relajado, sonriente y accesible, accediendo a múltiples selfies durante el recorrido por los pasillos históricos del edificio. Para muchos de sus compañeros fue la primera visita a la residencia presidencial estadounidense, por lo que no ocultaron su sorpresa mientras recibían explicaciones sobre la historia del lugar y sus tradiciones institucionales.
El acto central se desarrolló en el East Room, uno de los salones más imponentes de la Casa Blanca, con capacidad para unas 200 personas, pisos de roble, cortinas doradas y grandes arañas de cristal. Allí ingresaron Trump junto a Messi y al copropietario del club, Jorge Mas, mientras el resto del plantel esperaba vestido con saco azul y el escudo del equipo. Durante su discurso, el mandatario destacó la consagración del equipo en la Major League Soccer y remarcó el carácter histórico de la jornada. "Es un gran privilegio para mí decir lo que ningún presidente estadounidense había dicho antes: bienvenido a la Casa Blanca, Lionel Messi", afirmó.
Trump también compartió una anécdota familiar que generó risas entre los presentes. Contó que su hijo Barron, de 19 años, le había advertido quién visitaría la residencia ese día. "Me dijo: '¿Sabes quién viene hoy? Lionel Messi'. Mi hijo es un gran fanático tuyo... y también de Cristiano Ronaldo", bromeó el presidente.
El comentario reavivó la histórica comparación entre ambos futbolistas, una rivalidad que volvió a aparecer cuando el mandatario preguntó al auditorio quién era mejor: Messi o Pelé, a quien dijo haber visto jugar con el Cosmos de Nueva York. La respuesta de los presentes fue inmediata y unánime: "¡Messi!", lo que provocó carcajadas en la sala mientras el argentino respondía con una sonrisa tímida.
El mandatario también se detuvo a saludar a otras figuras del plantel, entre ellas el entrenador Javier Mascherano y los futbolistas Luis Suárez y Rodrigo De Paul. Con su estilo provocador, Trump lanzó una frase que volvió a generar risas: "¿No hay jugadores feos en este equipo?", dijo tras estrecharle la mano al "Motorcito" de la Selección Argentina, a quien mencionó por hacer un gol en la final de la MLS Cup ante los Vancouver Whitecaps. En otro momento del acto, elogió al "Jefecito" y aseguró haber escuchado que era "un entrenador fenomenal".
El evento también tuvo instantes más incómodos. Mientras Trump hablaba sobre la política exterior de Estados Unidos y la situación militar en Medio Oriente -en particular el conflicto con Irán-, Messi adoptó un gesto serio y evitó reaccionar, limitándose a asentir o aplaudir con discreción. La escena contrastó con el tono festivo que predominaba en el resto del encuentro.
Durante su intervención, Trump hizo una extensa referencia a la ofensiva estadounidense contra Irán. Aseguró que las fuerzas militares de Estados Unidos, junto con Israel, están "desmantelando completamente al enemigo", destruyendo misiles, drones y sistemas de defensa aérea iraníes. "Tenemos el mejor ejército del mundo. Cada vez que lanzan un misil, en cuestión de minutos localizamos el lanzador y lo destruimos", afirmó, al tiempo que sostuvo que gran parte de la infraestructura militar iraní -aviones, comunicaciones y plataformas de lanzamiento- ya fue neutralizada.
El mandatario también defendió las acciones de su administración para contener el impacto del conflicto en el mercado energético. Según explicó, el gobierno adoptó medidas para estabilizar el precio del petróleo, entre ellas la oferta de seguros de riesgo político para barcos que atraviesen el Golfo Pérsico, una zona que calificó como "particularmente peligrosa". Trump sostuvo que la situación en el mercado ya comenzó a estabilizarse y vinculó esas decisiones con la necesidad de proteger la economía estadounidense.
En su discurso, además, lanzó un mensaje directo a miembros de la Guardia Revolucionaria iraní, a quienes instó a deponer las armas y aceptar una eventual amnistía. "Es el momento de que el pueblo iraní recupere su país", afirmó, al advertir que quienes continúen combatiendo "solo enfrentarán una muerte segura". También pidió a los iraníes en el exterior que soliciten asilo para colaborar en la construcción de "un nuevo y mejor Irán".
Trump también se refirió a otros escenarios regionales y mencionó la situación en Venezuela, donde aseguró que el país "se ha estabilizado" bajo el liderazgo de la presidenta electa Delcy Rodríguez. Según afirmó, el petróleo venezolano vuelve a exportarse y se está refinando en ciudades estadounidenses como Houston. Finalmente, adelantó que su próximo foco estará en Cuba, donde -según dijo- "lo que está pasando es maravilloso y es cuestión de tiempo que mucha gente increíble pueda regresar" y podría haber novedades en "un par de semanas".
La ceremonia incluyó un intercambio simbólico de regalos. Messi y Mas entregaron a Trump una camiseta rosa del club con su apellido y el número 47, en referencia al lugar que ocupa el mandatario en la secuencia presidencial estadounidense, además de un balón autografiado por todo el plantel y un reloj marca Tudor personalizado. El momento se cerró con la música de "We Are The Champions", mientras los jugadores posaban para las fotos oficiales junto al mandatario.
La visita se produjo tras la consagración del Inter Miami como campeón de la MLS 2025, un título histórico para la franquicia de Florida y el primero para Messi en el fútbol estadounidense. El equipo fue invitado a la Casa Blanca antes del partido que debía disputar ante D.C. United en la capital estadounidense, correspondiente a la nueva temporada del campeonato. El encuentro marcó además el primer cara a cara entre Messi y Trump, luego de coincidir indirectamente en el Americas Business Forum realizado en Miami el año anterior.
El capitán argentino ya había tenido un vínculo previo con la Casa Blanca: en 2025 recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima condecoración civil de Estados Unidos, otorgada por el entonces presidente Joe Biden. Sin embargo, en aquella oportunidad no pudo asistir a la ceremonia por compromisos de agenda. Esta vez, en cambio, su presencia fue inevitable, en un contexto donde el fútbol gana cada vez más protagonismo en el país de cara al Copa Mundial de la FIFA 2026 que organizarán Estados Unidos, México y Canadá.
La foto de Trump junto a Messi también tuvo una lectura política. El presidente buscó capitalizar el encuentro con el futbolista más famoso del mundo en un momento complejo de su gobierno, marcado por tensiones internacionales y una caída en los niveles de aprobación interna. Al mismo tiempo, el evento reflejó cómo el fútbol, históricamente un deporte secundario en Estados Unidos, empieza a ocupar un lugar cada vez más visible en la agenda pública del país, impulsado en gran parte por el impacto global que generó la llegada de Messi a la MLS.
Cultivador de un perfil bajo y poco inclinado a involucrarse en debates políticos, Messi mantuvo su estilo habitual: sonrió para las fotos, saludó con cordialidad y evitó hacer declaraciones públicas, mezclándose con sus compañeros durante toda la ceremonia. Así, el día en que puso por primera vez un pie en la Casa Blanca terminó dejando una imagen tan inusual como simbólica: la del campeón del mundo recorriendo los salones del poder político más influyente del planeta.