Comenzó el Mundial 2026 y, entre las historias más emotivas del torneo, aparece la de Irak. El seleccionado asiático vuelve a disputar una Copa del Mundo después de 40 años de ausencia, un regreso que desató celebraciones masivas en Bagdad, Basora y otras ciudades del país. En una edición histórica, que se desarrolla en Estados Unidos, México y Canadá y que por primera vez reúne a 48 selecciones, los iraquíes intentarán escribir una nueva página en una historia mundialista tan breve como cargada de simbolismo.
Irak integra el Grupo I junto a Francia, Senegal y Noruega, tres rivales a los que nunca enfrentó en una Copa del Mundo. El debut será este 16 de junio ante Noruega en Boston, luego enfrentará a Francia el 22 de junio en Filadelfia y cerrará la fase de grupos contra Senegal el 26 de junio en Toronto. En los papeles aparece como el equipo más débil de la zona, pero el solo hecho de haber regresado al máximo escenario del fútbol ya representa una conquista enorme para un país que llevaba cuatro décadas persiguiendo este objetivo.
La única participación mundialista de Irak había ocurrido en México 1986, cuando se convirtió en una de las dos selecciones asiáticas clasificadas junto con Corea del Sur. Aquel equipo integró el Grupo B junto a Paraguay, Bélgica y México. Aunque perdió sus tres encuentros, dejó una imagen competitiva y estuvo cerca de sumar puntos en más de una ocasión. En el debut cayó 1-0 frente a Paraguay en un partido recordado por una polémica arbitral: el árbitro marcó el final del primer tiempo cuando un córner iraquí todavía estaba en el aire, anulando una jugada que pudo terminar en gol.
El segundo encuentro, frente a Bélgica, quedó grabado para siempre en la memoria futbolística del país. Los europeos, que luego alcanzarían las semifinales, se impusieron 2-1 con goles de Enzo Scifo y Nico Claesen. Sin embargo, Irak consiguió allí el momento más importante de su historia en los Mundiales: Ahmed Radhi marcó el único gol iraquí en una Copa del Mundo, tras definir ante el legendario arquero belga Jean-Marie Pfaff. El delantero, considerado el mejor futbolista de la historia del país y fallecido en 2020 por complicaciones derivadas del Covid-19, se transformó en un símbolo nacional gracias a aquella conquista. La despedida llegó con una derrota 1-0 ante el anfitrión México, que selló la eliminación.
Las estadísticas reflejan la magnitud del desafío que enfrenta Irak en 2026. Hasta el inicio de este Mundial había disputado apenas tres partidos mundialistas, con tres derrotas, un gol convertido y cuatro recibidos. Sin embargo, el seleccionado logró construir una identidad competitiva a nivel regional. Es el país más ganador de la Copa Árabe de la FIFA, con cuatro títulos, y alcanzó su mayor gloria continental al conquistar la Copa Asiática 2007, cuando derrotó a Arabia Saudita en la final en medio de uno de los períodos más difíciles de la historia reciente iraquí.
El camino hacia el Mundial 2026 estuvo lejos de ser sencillo. Irak atravesó una extensa clasificación que incluyó 21 partidos y escalas en distintos puntos de Asia. Ganó sus primeros seis encuentros, pero una serie de resultados irregulares provocó la salida del entrenador español Jesús Casas cuando todavía estaba en plena pelea por la clasificación. La federación apostó entonces por el australiano Graham Arnold, un técnico experimentado que había llevado a Australia a los octavos de final en Qatar 2022 y que logró reactivar las aspiraciones de un equipo que parecía quedarse nuevamente a las puertas del Mundial.
La clasificación se definió recién en el repechaje. Tras una dramática serie contra Emiratos Árabes Unidos, resuelta con un penal convertido por Amir Al-Ammari en el minuto 107 del tiempo agregado del partido de vuelta, Irak avanzó a la instancia decisiva. Allí derrotó 2-1 a Bolivia en Monterrey, gracias a los goles de Ali Al-Hamadi y Aymen Hussein, asegurando así el regreso a la Copa del Mundo por primera vez desde 1986. La clasificación tuvo además un fuerte valor simbólico: se concretó en México, el mismo país donde había disputado su única experiencia mundialista.
La gran esperanza del equipo pasa por Aymen Hussein, máximo referente ofensivo y autor de uno de los goles más importantes del proceso clasificatorio. Con más de 30 tantos internacionales, es el rostro de una generación que busca dejar atrás el recuerdo de Ahmed Radhi y marcar por fin una nueva era. Junto a él aparecen nombres como Ali Al-Hamadi, Amir Al-Ammari, Merchas Doski y el arquero y capitán Jalal Hassan, quien superó los 100 partidos con la camiseta nacional.
Bajo la conducción de Arnold, Irak intenta combinar una mejor circulación de pelota con la intensidad y el sacrificio que históricamente caracterizaron a sus selecciones. El técnico australiano reorganizó la estructura defensiva y apostó por un juego más ordenado, aunque sin renunciar a los ataques directos y a la potencia física de sus delanteros. El objetivo es competir de igual a igual y aprovechar cada oportunidad en una zona extremadamente exigente.
Para un país que pasó cuatro décadas esperando este momento, el Mundial 2026 ya ocupa un lugar especial en la historia. Aquella generación de 1986 encabezada por Ahmed Radhi y Hussein Saeed finalmente encontró sucesores. Ahora, una nueva camada de futbolistas tiene la oportunidad de superar el legado de México, marcar el segundo gol mundialista de Irak y, por qué no, conseguir la primera victoria de su historia en una Copa del Mundo. Más allá de los resultados, el regreso ya representa una de las grandes historias de superación de este Mundial.
