¿Cómo funciona el chip de la pelota del Mundial 2026?
El Mundial 2026 volvió a poner a la tecnología en el centro del debate. La eliminación de Croacia frente a Portugal dejó una de las jugadas más polémicas del torneo, cuando el VAR anuló en el minuto 103 el agónico empate croata por un fuera de juego que solo pudo detectarse gracias al chip incorporado dentro de la pelota oficial Trionda de Adidas. La decisión provocó la furia de los futbolistas balcánicos, pero también expuso hasta qué punto la tecnología ya condiciona las decisiones arbitrales en el fútbol de elite.
La acción ocurrió en el último ataque del partido. Josko Gvardiol había marcado el 2-2 que mandaba el encuentro al alargue, pero antes del remate hubo un imperceptible roce de cabeza de Igor Matanovic que cambió por completo la secuencia de la jugada. Ese contacto era prácticamente imposible de advertir a simple vista e incluso difícil de apreciar en las repeticiones televisivas. Sin embargo, el sensor instalado dentro de la pelota detectó el impacto con precisión milimétrica y permitió establecer que Mario Pasalic había quedado en posición adelantada en el instante exacto del desvío. El árbitro noruego Espen Eskas revisó la acción en el monitor y anuló el gol. Portugal terminó imponiéndose por 2-1 y avanzó a los octavos de final.
¿Cómo funciona el chip de la pelota del Mundial 2026?
La jugada que definió la clasificación de Portugal ante Croacia quedó en manos de la Connected Ball Technology, la evolución del sistema que la FIFA estrenó en el Mundial de Qatar 2022 y que ahora alcanzó un grado de precisión todavía mayor. La Trionda incorpora en su interior una Unidad de Medición Inercial (IMU), un pequeño sensor suspendido en el centro de la pelota mediante tensores que registra información 500 veces por segundo y envía esos datos en tiempo real a la sala del VAR.
El chip no reemplaza a las cámaras ni toma decisiones por sí mismo. Su función consiste en determinar con absoluta exactitud el instante en que un jugador entra en contacto con la pelota. Esa información luego se combina con las imágenes captadas por el sistema de fuera de juego semiautomático, que utiliza 16 cámaras de seguimiento instaladas en el estadio para registrar la posición del balón y de los futbolistas. El software reconstruye la jugada en tres dimensiones, analiza 29 puntos corporales de cada jugador y genera automáticamente la línea de offside que reciben los árbitros.
La precisión del sensor resulta determinante porque, en muchas acciones de fuera de juego, el punto clave no es dónde está ubicado el delantero sino el instante exacto en que la pelota sale del pie o de la cabeza de un compañero. Una diferencia de apenas unas milésimas de segundo puede cambiar completamente la interpretación reglamentaria. Eso fue exactamente lo que ocurrió entre Croacia y Portugal: el mínimo desvío de Matanović adelantó el momento de referencia y dejó a Pasalic en posición prohibida.
En la transmisión oficial, esa información aparece representada mediante un gráfico que muchos fanáticos bautizaron como un "electrocardiograma". Cada pico señala un impacto detectado por el sensor dentro de la pelota. En el gol anulado a Croacia se observó cómo la línea permanecía plana hasta registrar una pequeña alteración justo cuando la pelota rozó la cabeza de Matanovic, una prueba imposible de obtener únicamente mediante las cámaras convencionales.
La FIFA explicó que el objetivo de esta tecnología es reducir el margen de error humano y acelerar las decisiones arbitrales. Los datos generados por la pelota llegan prácticamente de manera instantánea a la sala del VAR y sirven como evidencia complementaria para determinar el momento exacto del contacto, especialmente en jugadas extremadamente ajustadas.
La Trionda también representa un salto tecnológico desde el punto de vista de su construcción. Está fabricada con solo cuatro paneles termosellados, la menor cantidad utilizada en la historia de los Mundiales masculinos. Su superficie incorpora costuras profundas y un relieve especialmente diseñado para mejorar la estabilidad aerodinámica, mientras que el compartimiento lateral alberga el sensor electrónico y una batería recargable por inducción, capaz de alimentar el sistema durante varias horas sin necesidad de cables.
El diseño exterior de la Trionda también responde a criterios funcionales. Los gráficos impresos sobre la superficie no solo homenajean a Estados Unidos, México y Canadá, los tres países organizadores del Mundial 2026, sino que además aumentan la adherencia de la pelota en condiciones de lluvia o humedad, favoreciendo el control y la precisión durante el juego.
Más allá de la electrónica, la pelota también fue objeto de análisis científico. Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Tsukuba, en Japón, sometió a la Trionda a pruebas en túneles de viento y concluyó que su superficie más rugosa mejora la estabilidad durante el vuelo respecto de los balones utilizados en las últimas Copas del Mundo. Los investigadores observaron trayectorias más predecibles en centros y tiros libres, aunque también detectaron que, en determinados remates de alta velocidad, puede perder algo de alcance debido a fenómenos aerodinámicos propios de su diseño.
No es la primera vez que un microchip instalado en la pelota tiene un papel decisivo en un Mundial. En Qatar 2022, la tecnología fue protagonista en otro partido de Portugal. En aquella ocasión, el sensor del balón Al-Rihla determinó que Cristiano Ronaldo no había llegado a tocar el centro de Bruno Fernandes en un gol frente a Uruguay. Aunque el delantero salió a festejar el tanto como propio, los datos confirmaron que nunca existió contacto y la anotación quedó oficialmente para su compañero.
En el partido de 16avos de final entre Portugal y Croacia, además del tanto invalidado a Gvardiol, el sistema de fuera de juego semiautomático también intervino para anular otros dos goles muy ajustados, consolidando una tendencia que cada vez deja menos espacio para la interpretación subjetiva.
Pese a la explicación técnica, la decisión no convenció a Croacia. Luka Modric cuestionó que el supuesto toque previo resultara prácticamente imposible de apreciar en las imágenes televisivas y lamentó que una jugada tan trascendental dependiera de un dato tecnológico invisible para jugadores y espectadores. Desde el lado portugués, el entrenador de Portugal, Roberto Martínez, defendió el funcionamiento del sistema y aseguró que no existió "ninguna decisión afortunada", sino simplemente una correcta aplicación del reglamento gracias a las nuevas herramientas disponibles.
Lo ocurrido en el Mundial 2026 probablemente marque un nuevo punto de inflexión. Durante años el debate se centró en si el VAR debía intervenir más o menos. Ahora la discusión parece haber cambiado de eje: el fútbol ya no depende únicamente de cámaras y repeticiones, sino también de sensores capaces de detectar contactos imposibles de percibir para el ojo humano. El gol anulado a Croacia fue la demostración más contundente de que el arbitraje ingresó definitivamente en la era de los datos, donde un roce de apenas unas milésimas de segundo puede decidir la continuidad o la eliminación de un seleccionado en una Copa del Mundo.