Egipto será el próximo rival de la Selección Argentina este martes, desde las 13 (hora argentina), en Atlanta, por los octavos de final del Mundial 2026. Los dirigidos por Hossam Hassan llegan como una de las grandes sorpresas del torneo después de eliminar a Australia por penales y alcanzar esta instancia por primera vez desde 1934. En los papeles, la "Albiceleste" parte como favorita, pero enfrente tendrá un rival incómodo, disciplinado y con futbolistas capaces de desequilibrar un partido en una sola acción.
El conjunto africano construyó su clasificación a partir de una identidad muy marcada. Aunque durante años se caracterizó por un juego eminentemente reactivo, en este Mundial mostró una evolución: alternó largos pasajes de bloque bajo con momentos de posesión controlada, especialmente frente a Nueva Zelanda, Irán y Australia. No necesita monopolizar la pelota para competir, pero tampoco renuncia a tenerla cuando encuentra espacios para progresar. Su principal virtud es el orden colectivo. Suele defender con dos líneas compactas, reduce los espacios entre mediocampistas y defensores, obliga a atacar por las bandas y rara vez pierde la estructura.
Los números reflejan ese crecimiento. Tras registrar apenas un 38% de posesión ante Bélgica, elevó ese porcentaje por encima del 50% en los siguientes encuentros y mostró capacidad para avanzar mediante asociaciones cortas y rupturas de líneas, más que a través del pelotazo. Además, es un equipo que finaliza las jugadas: promedió cerca de 15 remates por partido y mantiene una intensidad alta para recuperar la pelota rápidamente después de perderla.
La gran referencia continúa siendo Mohamed Salah. A los 34 años, el histórico capitán sigue siendo el jugador alrededor del cual gira todo el sistema ofensivo. Su influencia va mucho más allá del gol: atrae marcas, libera espacios, conduce las transiciones y suele ser el primer destinatario de cada recuperación. Incluso cuando no participa directamente de la definición, condiciona permanentemente a las defensas rivales. En la clasificación frente a Australia fue creciendo con el correr de los minutos y volvió a demostrar su liderazgo tanto dentro como fuera de la cancha, incluida la definición por penales.
A su lado aparece Omar Marmoush, delantero del Manchester City, que aporta velocidad, profundidad y movilidad constante. La sociedad entre ambos representa el principal argumento ofensivo de Egipto: cuando Salah retrocede para recibir, Marmoush ataca los espacios; cuando el capitán fija marcas, el ex Eintracht Frankfurt encuentra caminos para romper la defensa.
Detrás de ellos sobresale Emam Ashour, uno de los futbolistas más determinantes del torneo para los africanos. El mediocampista convirtió frente a Bélgica y Australia, pisa el área con frecuencia y es quien mejor conecta la mitad de la cancha con los delanteros.

Buena parte del funcionamiento colectivo se explica por una base de futbolistas que juegan juntos durante todo el año. La mayoría del once titular pertenece al Al-Ahly, el club más poderoso del continente africano, con nombres como Mohamed Hany, Yasser Ibrahim, Marwan Attia, Emam Ashour y el arquero Oufa Shobeir. A ellos se suman varios jugadores de Pyramids FC, otro de los grandes equipos de Egipto. Esa continuidad les permite exhibir automatismos defensivos y una coordinación poco habitual entre selecciones nacionales.
El entrenador Hassan, máximo goleador histórico de Egipto con 67 tantos, suele utilizar un 4-2-3-1, aunque en algunos encuentros recurrió a una línea de cinco defensores cuando enfrentó rivales de mayor poder ofensivo. Más allá del dibujo, la idea es siempre la misma: mantener un bloque compacto, reducir espacios interiores y salir rápido cuando recupera la pelota. El mediocampo, integrado habitualmente por Marwan Attia y Mohanad Lashin, prioriza el equilibrio antes que la elaboración y busca activar rápidamente a Salah o Marmoush.
Sin embargo, el conjunto africano también presenta vulnerabilidades que Argentina intentará aprovechar. Cuando debe asumir el protagonismo pierde claridad, le cuesta romper defensas cerradas y muchas veces termina abusando de centros o pelotazos. Su circulación suele ser prolija hasta tres cuartos de cancha, pero no siempre consigue transformar esa posesión en situaciones claras de gol. En varios partidos dio la sensación de controlar el juego más de lo que realmente lastimó.
También aparecen espacios cuando adelanta sus líneas. Los laterales, especialmente Mohamed Hany y el sector izquierdo, han mostrado dificultades en los retrocesos y pueden sufrir frente a extremos veloces o futbolistas que ataquen el espacio entre lateral y central. Además, la presión alta suele incomodar a sus mediocampistas, que recurren rápidamente al envío largo cuando no encuentran líneas de pase interiores.
La pelota parada representa otro aspecto a tener en cuenta. Egipto convirtió mediante acciones preparadas, pero también mostró algunas dudas en rebotes y segundas jugadas defensivas. Argentina, que llegó a esta instancia con una alta eficacia en ese rubro, podría encontrar allí una herramienta importante para romper un partido que promete desarrollarse con pocos espacios.
El aspecto físico también puede jugar un papel determinante. Egipto necesitó 120 minutos y una desgastante tanda de penales para eliminar a Australia, mientras que Argentina también debió trabajar más de la cuenta para superar a Cabo Verde. La recuperación entre ambos compromisos fue escasa, por lo que la administración de energías y la profundidad del banco de suplentes podrían adquirir un valor decisivo.
Para Scaloni, una de las claves pasará por ganar el mediocampo. Presionar a Marwan Attia y Mohanad Lashin, impedir que Salah reciba perfilado entre el lateral y el marcador central y evitar pérdidas cerca del propio arco serán aspectos fundamentales. En ese contexto, no sería extraño que el entrenador vuelva a apostar por un mediocampo con mayor equilibrio, incluso reforzando el eje con un cuarto volante si el desarrollo del partido lo exige.
Sobre el papel, la diferencia de jerarquía individual favorece claramente a la Selección Argentina. Sin embargo, Egipto reúne varias características que suelen complicar en los cruces de eliminación directa: orden táctico, disciplina, experiencia, figuras capaces de resolver partidos y una enorme confianza después de superar una definición límite. Si la "Albiceleste" consigue imponer su circulación, mover con paciencia la pelota y evitar pérdidas que alimenten los contraataques de Salah y Marmoush, tendrá grandes posibilidades de avanzar. Pero si permite que el encuentro se vuelva cerrado, físico y de escasas oportunidades, el campeón del mundo afrontará un desafío mucho más complejo de lo que sugiere la diferencia de nombres entre ambos planteles.
