Alegria não tem fim
Volvió el hijo de O'Rey. El hijo pródigo de la casa. El niño mimado de Vila Belmiro. Aquél que una década atrás hizo ver la gloria máxima al Santos y que el día de su cumpleaños 33 volvió a ponerse la gloriosa camiseta de O'Peixe, el Santos Futebol Clube del este de San Pablo.
Neymar desembarcó en continente sudamericano la semana pasada y ya oficializó su (re)debut en el club de sus amores.
El Santos enfrentaba al Botafogo (SP) por el campeonato paulista, un partido que a priori no le generaría mayores complicaciones. Pero el análisis táctico, el resultado, el árbitro y demás datos que habitualmente hacen al color de un partido del fútbol quedaban a un lado ante el eclipse que generó el retorno de Neymar a su tierra natal.
El niño mimado de la casa fue tratado como la gran estrella que es desde su arribo en su helicóptero privado a los entrenamientos días atrás y también anoche en el Urbano Caldeira.
Con su andar clásico descontracturado ingresó al campo de juego una vez terminado el primer tiempo y mostró que es el mismo de siempre. Que la inactividad que arrastraba tras un 2024 plagado de lesiones en el Al-Hilal de la liga saudí no alteró su ADN que desborda magia y que lo llevó a ser uno de los mejores jugadores del mundo atrás de Messi y CR7 en la última década.
Porque aún algo falto de ritmo (con sólo dos entrenamientos encima desde que volvió), con la 10 en la espalda y la cinta de capitán en el brazo derecho, fue la usina de creatividad que el Santos estaba necesitando y que con el correr de los partidos y el conocimiento de sus compañeros le llevará muchas alegrías.
Si O'Peixe no terminó de destrabar el 1-1 ante el Botafogo SP de la segunda del campeonato paulista fue quizás porque a Ney le faltó esa mínima dosis de finura que en pocos días un jugador de su clase adquiere naturalmente o porque el arquero rival no se prestó a la fiesta del local.
Porque Ney casi todo lo otro lo hizo, y lo hizo como siempre supo hacerlo: se sacó jugadores de encima pegado a la raya de cal como quien no quiere la cosa, puso varios pases entre líneas que si no terminaron en gol generaron el deslumbre total de las explotadas tribunas del pintoresco Urbano Caldeira, gambeteó en espacios ultra reducidos como si fuera ambidiestro y arengó a la gente al mejor estilo brasileño, a sabiendas de que el entusiasmo que genera su figura es capaz provocar eso y mucho más.
Los sonidos de la tribuna en un estadio que es una cajita de fósforos retumbaban cada vez que la pelota iba en dirección a Neymar, demostrando la locura y expectativa que genera para el Santos. Los números están a la vista: desde que se anunció su vuelta, se sumaron 20.000 socios nuevos en menos de dos semanas, se vendieron miles de camisetas con la 10 y sumó 1.700.000 seguidores en las redes sociales. Casi la misma cantidad de fotos que se sacó Neymar con los integrantes del rival de turno anoche, jugadores que enfrentaban al ídolo del pueblo en vivo y en directo. Los noventa minutos del 1-1 en una noche lluviosa terminaron siendo la excusa para enmarcar el día que, en su cumpleaños 33, Neymar volvió a ser.
Con miras al Mundial 2026, Brasil tiene a su estrella bien rodeada y en el lugar donde quería estar. Las paredes sin revoque de la humilde Vila Belmiro quedaron iluminadas hasta entrada la madrugada la noche que volvió Neymar: el héroe que volvió a ilusionar. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar