Cuando los indicadores ambientales no indican

Debemos ser exigentes y rigurosos con los indicadores, datos e información que se nos presenta

Cuando los indicadores ambientales no indican
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Como acostumbro en este espacio, me propongo brindar herramientas al lector para introducirse y abordar la temática ambiental, en particular en el sector agropecuario. Hoy dedico el segmento a indicadores ambientales, tema sobre el cual podemos encontrar un sinnúmero de trabajos y modelos. 

En la actualidad existen numerosas propuestas y simulaciones que emplean distintos sets de indicadores cuantitativos o cualitativos para las distintas problemáticas y actividades de monitoreo y gestión ambiental. 

Sin ir más lejos, en las columnas anteriores hemos mencionado algunos de ellos, en materia de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). En ese sentido, y particularmente pensando en las medidas globales que pueden afectar a Argentina, podríamos plantear una primera observación y muchos interrogantes: usualmente un indicador es la cantidad de emisiones de dióxido de carbono (CO2) por habitante de un país.

Por ejemplo, los reportes del Banco Mundial sobre toneladas métricas de CO2 per cápita. Es decir, se dividen las emisiones totales de GEI del país por su número de habitantes. Pero, ¿por qué no contabilizarlas por la superficie del país? ¿Cómo afecta a los países con poca población en relación a su superficie territorial? Y, puntualmente, ¿cómo afecta a los países con baja densidad poblacional y sectores industriales poco desarrollados en relación a los sectores agropecuarios? ¿Podría ese indicador impactar negativamente a un sector en particular? ¿Podría ser el caso del sector agropecuario argentino? ¿Qué sucedería con el indicador si se contabilizara por la cantidad de personas del mundo a la cual llegan los alimentos, fibras y energías que Argentina produce? Se estima que Argentina produce alimentos para 400 millones de personas.

Hemos mencionado también en ediciones anteriores, los esfuerzos de científicos y locales, en demostrar ante los paneles internacionales (IPCC) que la metodología de medir la captura de carbono empleada, soslayaba lo que ocurre en distintos sistemas productivos de nuestro país, donde puede plantearse la carbono neutralidad, o incluso la posibilidad de ser carbonos positivo. 

También en las últimas semanas, se han publicado indicadores respecto al empleo de productos fitosanitarios en los sistemas agrícolas de Argentina. 

Sobre este punto, me interesa  poder brindar datos objetivos para contextualizar los indicadores presentados.

  • En primer lugar, mencionar que Argentina cuenta con acuerdos sanitarios para la exportación de productos agroalimentarios a más de 1.500 mercados ubicados en 140 países (gestionados por medio del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria ?SENASA- y organismos afines). 
  • En segundo lugar, la Food and Agriculture Organization (FAO), agencia especializada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la agricultura y alimentación,  ratificó a la Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA) de Argentina, grupo interdisciplinario e interinstitucional de expertos, como Centro de Referencia en Bioseguridad.  
  • Por último, destacar que desde 2015, se encuentra declarada de interés nacional la sanidad de los animales y vegetales (los productos fitosanitarios se emplean dentro del manejo sanitario vegetal, junto a otro conjunto de herramientas tecnológicas y técnicas).

Como podrán ver, el tema de indicadores y en particular indicadores ambientales, es un tema sensible, de impacto y con interés que muchas veces trascienden las fronteras de la ciencia y técnica. Para enfatizar esta afirmación cito a los autores Piñeiro y Valles Galméz, quien en su obra “Geopolítica de los alimentos: intereses, actores y posibles respuestas del Cono Sur”, mencionan que “para los países del Mercosur, que son grandes productores de alimentos, es importante analizar y entender las nuevas alianzas y posicionamientos de poder que se están perfilando a nivel global y cómo estas definen y condicionan el ámbito  más específico de la geopolítica de los alimentos”.

Ahora bien, luego de la introducción y presentación de casos, no quiero finalizar sin antes ofrecer algunas definiciones de lo que se entiende por indicador, también ofrecer una definición de indicador ambiental y las características que deben cumplir. Al fin de cuentas, mi intención es poder contribuir con el lector, para que éste tenga herramientas que le permitan la lectura rigurosa y criteriosa de las numerosas publicaciones y noticias de gran difusión que emergen a diario.

Atendiendo las cumbres internacionales, la Declaración de Río de Janeiro sobre Medio Ambiente y Desarrollo enfatizó en la sostenibilidad y el principio de precaución para proteger el medio ambiente. Asimismo, el Programa Global para el Desarrollo Sostenible “Agenda 21” indica que “es preciso elaborar indicadores del desarrollo sostenible que sirvan de base sólida para adoptar  decisiones en todos los niveles”.

Podemos decir que un indicador es “una estadística, un número que provee información más allá del dato mismo, permitiendo conocimiento más comprensivo de la realidad que pretendemos analizar” (Celemín J.P., 2009). 

Respecto a los indicadores ambientales, el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA) de España, actualmente Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), definió a un indicador ambiental como “una variable que ha sido socialmente dotada de un significado añadido al derivado de su propia configuración científica, con el fin de reflejar de forma sintética una preocupación social con respecto al medio ambiente e insertarla coherentemente en el proceso de toma de decisiones”. Asimismo, estableció cuatro características para un indicador ambiental: debe ser relevante, los datos deben estar disponibles, deben poder actualizarse regularmente y deben ser fácilmente interpretables.

Sumado a lo anterior, la Environmental Protection Agency (EPA) ya en 1995 estableció lo siguientes criterios de selección y requerimientos para la elaboración de indicadores: confiabilidad, representatividad, utilidad, validez científica, conveniencia de escalas, no redundancia, disponibilidad, cobertura geográfica, fácil interpretación, calidad, sensibilidad a los cambios, comparables, relación costo/beneficio, especificidad y accesibilidad.

Por último, quiero destacar la siguiente afirmación “no todo dato o informe constituye un insumo válido en el proceso de objetivación de las decisiones” (CEPAL, 2009). La misma fuente identifica las siguientes características básicas que definen la calidad de la información, para que la misma sea útil en la toma de decisiones: confiabilidad, precisión, relevancia, idoneidad, pertinencia, integralidad, actualización, contextualización, organización y jerarquización, presentación (claridad y atractivo) y adecuación a demanda de usuarios.

Asimismo, para diseñar y comunicar la información, las guías metodológicas (CEPAL, 2009) sugieren realizarse las siguientes preguntas para diseñar la información a presentar: ¿Qué mensaje clave se desea transmitir? ¿Cuál será la audiencia objetivo? ¿Qué resultados se esperan de la difusión? ¿Cuál información se expondrá y cuál será excluida? ¿Cómo se la presentará? ¿Qué medio se usará para la difusión?

En suma, debemos ser exigentes y rigurosos con los indicadores, datos e información que se nos presenta. En estas breves líneas, espero haber podido contribuir para un abordaje crítico de la temática. Nos estamos leyendo.

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