En 2025, Federico Ogue cumplió el sueño que había imaginado desde que era adolescente: vender con éxito la empresa que fundó a los 23 años. Pero lejos de sumarse al relato épico del emprendedor exitoso, eligió contar algo muy distinto: el costo emocional, psicológico y personal de emprender.
Ogue, fundador de Buenbit, publicó una carta a corazón abierto que se viralizó rápidamente entre emprendedores, inversores y referentes del ecosistema tech. El mensaje es contundente y rompe con el romanticismo habitual: emprender no es glamoroso y, la mayor parte del tiempo, duele.
El sueño del exit y el mito del emprendedor exitoso
Desde chico, hacer negocios fue la gran obsesión de Federico Ogue. A los 13 años tuvo su primer emprendimiento: vendía juegos de PlayStation 3 traídos de Hong Kong desde un sitio web armado en Blogspot. Después vinieron experiencias de todo tipo: gastronomía, e-commerce, clasificados online, marcas propias y fábricas.
Pero Buenbit fue diferente. Fue "la joyita".
Mientras crecía como emprendedor, Ogue pasaba horas leyendo historias de exits millonarios en medios internacionales de tecnología. Como muchos jóvenes fundadores, tenía la mirada puesta en el momento del exit, ese instante casi mítico en el que una firma o una transferencia generan un "click" mental que parece justificar todo el esfuerzo previo.
Con los años, entendería que ese relato estaba incompleto.
El lado B que casi nunca se cuenta
"Hay un lado B de vender una empresa —o de emprender en general— que no aparece en las revistas", escribió Ogue. Y lo resumió sin eufemismos: it fucking sucks most of the time ("es muy jodido la mayor parte del tiempo").
Según relató, la felicidad por la venta de Buenbit le duró apenas dos días, luego de seis meses de agonía. En cambio, los recuerdos más persistentes no son los buenos, sino los momentos en los que se preguntó por qué hacía lo que hacía, e incluso pensó en abandonar.
La lista es impactante:
- Estar al borde de la quiebra en dos oportunidades y pensar seriamente en cerrar la empresa.
- Tener que despedir a 100 personas de golpe para evitar el colapso, luego de haberles vendido un proyecto de largo plazo.
- Sufrir el impacto mediático de esa decisión y una corrida de US$ 20 millones.
- Romper la relación con su socio, con quien se sentía como un hermano, y dejar de hablarse durante años.
- Afrontar múltiples causas judiciales, incluyendo un embargo que dejó su cuenta bancaria en -US$ 1,5 millones, impidiéndole vender sus propios bienes durante años.
- Pasar una semana sin dormir, encerrado en la oficina, mientras colapsaba Luna / Terra, uno de los mayores terremotos cripto de los últimos años.
- Ser víctima de un hackeo que robó cientos de miles de dólares el mismo día que Argentina ganó el Mundial 2022, obligándolo a irse corriendo del Obelisco en pleno festejo.
- Estar a días de cerrar otra venta de la empresa, tras más de un año de desgaste emocional, y que el acuerdo se caiga la misma semana en que falleció su padre.
A todo eso se suma una carga silenciosa: la responsabilidad diaria de tener personas que dependen de vos.
Emprender no es fallar: es resistir
Ogue aclara que no escribe desde la victimización ni como queja, sino para dejar un mensaje claro: emprender implica pasarla mal durante largos períodos de tiempo.
"Probablemente, el factor más determinante del éxito de los grandes emprendedores sea su capacidad de aguantar y superar problemas durante mucho tiempo", sostiene, citando una frase recurrente de Elon Musk: "Being an entrepreneur is like eating glass and staring into the abyss" ("Ser emprendedor es como comer vidrio y mirar fijamente al abismo").
Para Ogue, este mensaje le hubiera resultado clave cuando recién empezaba, cuando toda su atención estaba puesta en el momento de vender la empresa y no en los costos que implicaría llegar hasta ahí.
Un mensaje para los que hoy la están pasando mal
La parte más potente de la carta llega al final. Ogue se dirige directamente a quienes hoy están emprendiendo y sienten cansancio, frustración o soledad.
"Si estás emprendiendo y la estás pasando mal, probablemente no estés haciendo algo mal. Probablemente estés haciendo exactamente lo que implica emprender", afirma.
Y agrega una reflexión que golpea fuerte en el ecosistema: el problema no siempre es que el camino sea difícil, sino que casi nadie avisa cuán difícil va a ser.
Como mantra, cita una frase del ex Navy SEAL y autor Jocko Willink: "Problem? Good."
La soledad del emprendedor y la comunidad como refugio
Ogue también pone sobre la mesa un tema tabú: la soledad del emprendedor. La sensación de que quienes llevan una vida "normal" no comprenden el peso de las decisiones, los riesgos y las renuncias que implica liderar un proyecto.
Sin embargo, deja una nota de esperanza: en Argentina existe una comunidad emprendedora fuerte y solidaria. Aunque no siempre se note, "estamos todos en la misma".
El cierre es tan humano como inusual: Ogue se ofrece a escuchar, charlar y compartir su experiencia con quien lo necesite. No desde el bronce del exit, sino desde el barro del camino recorrido.