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El dato brutal que confirma el derrumbe del agro argentino frente a Brasil

En 1984, Argentina y Brasil producían lo mismo. Hoy Brasil cosecha 3 veces más. El dato revela el derrumbe productivo del agro argentino.

Cómo Brasil dejó al agro argentino tres veces atrás: el dato que lo revela todo
Cómo Brasil dejó al agro argentino tres veces atrás: el dato que lo revela todo GPT
10 agosto de 2025

En 1984, Argentina y Brasil producían las mismas toneladas de granos. Hoy, por cada tonelada argentina, Brasil cosecha más de tres, consolidándose como uno de los principales exportadores mundiales de agroalimentos. 

¿Qué nos pasó? En las últimas tres décadas, mientras Brasil implementaba una estrategia agroindustrial y desarrollaba nuevas ciudades y territorios, nuestro país quedó estancado en la superficie cosechada, producción y rendimiento por hectárea. 

El motivo: las diferentes políticas económicas y productivas que afectaron al sector agropecuario argentino. 



En la actualidad, sin embargo, las condiciones macroeconómicas permiten diseñar un plan de crecimiento para el sector, considerando los casos de éxito y aprendiendo de las debilidades del modelo brasileño. Sobre eso habla un nuevo artículo de Cippec.

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A continuación la columna escrita por Paula Szenkman, Directora de Desarrollo Económico de CIPPEC; Iván Ordoñez, Investigador asociado de Desarrollo Económico; Dalila Gómez, Analista Sr. de Desarrollo Económico y Ada Cabrera, Analista Sr. de Desarrollo Económico.



En 1984, Argentina y Brasil producían las mismas toneladas de granos. Hoy, por cada tonelada argentina, Brasil cosecha más de tres. Brasil logró consolidarse como uno de los principales exportadores mundiales de agroalimentos, aumentando simultáneamente su área sembrada y productividad, mientras que Argentina quedó relativamente rezagada en producción, superficie cosechada y rendimiento por hectárea.  

Una de las explicaciones del de ese desacople en las trayectorias fue la diferencia en la calidad, consistencia y orientación de las políticas económicas y productivas que afectaron al  aplicadas al sector agropecuario. A lo largo de las últimas décadas, Argentina alternó entre períodos de apertura y desregulación, y otros marcados por fuertes restricciones al comercio y controles sobre el mercado interno, que generaron un desacople significativo entre el precio local y el internacional. La liberalización del sector agroindustrial, la expansión de mercados vía MERCOSUR y el ingreso al Acuerdo de la OMC en 1994 promovieron inicialmente una mayor inserción internacional. Sin embargo, ese impulso fue seguido por un viraje hacia un régimen más restrictivo, con impuestos y cuotas a la exportación, aranceles a las importaciones y controles de precios internos que profundizaron las distorsiones. 

Como resultado, la relación insumo-producto se deterioró: se redujeron los márgenes de ganancia, bajó la inversión y se frenó la adopción de nueva tecnología. Desde la década de 2000, el agro argentino adoptó una lógica defensiva, marcada por la incertidumbre macroeconómica y por mayores restricciones. En 2011, con la instauración del cepo cambiario y los derechos de exportación con alícuotas elevadas, el modelo agropecuario argentino dejó atrás la agricultura expansiva —orientada al crecimiento y la innovación— para consolidar una estrategia de bajo riesgo, centrada en preservar la actividad más que en expandirla. 



Elaboración propia de Iván Ordoñez.
Fuente: Elaboración propia de Iván Ordoñez en base a la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Companhia Nacional de Abastecimiento (CONAB) y Sistem Integrado de Información Agropecuaria (SIPA) de Argentina 

Brasil, por el contrario, aprovechó las últimas décadas para consolidar una estrategia de desarrollo agroindustrial y territorial integrada. Su política sectorial combinó la expansión del área cultivada con mejoras sostenidas en productividad, impulsadas por la incorporación de tecnología, el fortalecimiento de redes de financiamiento y la asistencia técnica. Este proceso estuvo sostenido por políticas públicas concretas como el Plano Safra, que canaliza anualmente financiamiento subsidiado y herramientas específicas para pequeños y grandes productores; el Pronaf, que impulsa la agricultura familiar; y el Moderfrota, orientado a la modernización tecnológica mediante crédito para maquinaria.  

Además del impulso productivo, estas iniciativas estuvieron acompañadas por un set de políticas públicas orientadas a proveer un contexto favorable para el productor agropecuario. En este sentido, según los datos del Agrimonitor realizado por el BID, Brasil mantuvo de forma sistemática niveles positivos de apoyo al productor (PSE, por sus siglas en inglés), mientras que Argentina registró valores negativos de manera persistente, ubicándose en 2023 en el último lugar del ranking internacional. 



Fuente: elaboración propia en base al Agrimonitor del BID
Fuente: Elaboración propia en base al Agrimonitor del BID

El proceso de expansión de los agronegocios en Brasil vino acompañado con del crecimiento de ciudades que actuaron como nodos de dinamismo económico y social. En los últimos 30 años, logró desarrollar una ciudad como Goaiania, que hoy en día tiene alcanzó el tamaño de Córdoba, dos Mar del Plata y más de 10 Tandiles. Aunque esa urbanización fue dispersa y sin planificación, evidencia cómo las urbanizaciones intermedias se consolidan como organizadoras del entramado económico rural.  

Si Argentina toma los casos de éxitos y aprende de las debilidades del modelo brasileño, puede diseñar un desarrollo agroindustrial superador alineando políticas macroeconómicas que propicien la inversión, con políticas del orden microeconómico que aumenten la productividad de la producción y generen un desarrollo urbano que facilite la conectividad, reduzca la vulnerabilidad y beneficie a los ciudadanos, más allá de atraer divisas. 



Hoy con una macro más estable, tenemos una nueva oportunidad para producir más con más. La foto del agro argentino muestra un entramado de productores que, aún en contextos adversos, sostienen la actividad, impulsan economías regionales y generan derrames en sectores como transporte, servicios, industria y tecnología. La reciente reducción en las distorsiones macroeconómicas genera mejora la previsibilidad y confianza en los productores e inversores. Aprovechar esta ventana no requiere empezar de cero, sino simplemente dejar atrás la estrategia defensiva de "producir lo mismo con menos" y pasar a una estrategia ofensiva de "producir más con más": con más productividad, más inversión y más articulación público-privada. Implica alinear capacidades existentes, mejorar la competitividad y remover trabas que frenan el potencial productivo. 

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