Supuestos libertarios
- Para el libertarismo la libertad individual es el valor político supremo, basado en la idea de que cada persona es dueña de sí misma.
- La teoría distingue dos tipos de libertad: la libertad negativa (ausencia de obstáculos) y la libertad positiva (capacidad racional de decidir).
- De esa idea se desprende una crítica radical al Estado, ya que cualquier obligación impuesta puede interpretarse como una violación de la libertad individual.
La libertad individual como valor sagrado del libertarismo
La ideología liberal libertaria considera que la libertad individual es lo más sagrado del ser humano, un valor supremo alrededor del cual se fundamenta su teoría política.
Qué es para esta teoría la libertad individual y por qué es sagrada, es lo que trataremos de explicar. Lo haremos presentando primero las dos acepciones más comunes de la idea de libertad y luego expondremos algunos argumentos filosóficos relevantes a los que el libertarismo adscribe.
Así como Aristóteles comienza su metafísica con la frase "el ser se dice de muchas maneras" podemos decir lo mismo respecto del concepto o la idea de libertad. Si bien asociamos fácilmente la libertad con lo bueno y la falta de libertad con lo malo, no siempre hablamos de lo mismo cuando nos referimos a ella.
Primer concepto clave: la libertad como ausencia de obstáculos (libertad negativa)
Por un lado, libertad significa simplemente ausencia de impedimentos externos. Esto es lo que también se conoce como libertad negativa. Se define por la ausencia de algo y no de manera positiva. En ese caso se trata de que no haya barreras que impiden moverse, desplazarse o hacer lo que uno quiere. Como cuando decimos, por ejemplo, que alguien está privado de su libertad, haciendo referencia a un preso, es decir, a alguien que está físicamente impedido de moverse más allá de ciertos límites.
También es posible entender la libertad negativa como barreras que no son físicas o no son tan visibles ni obvias pero que impiden ciertos movimientos. Una persona que vive en un país en donde expresar su orientación sexual es ilegal, está, al menos en ese sentido, privada de cierta libertad. Asimismo, lo que llamamos libertad de expresión constituye un tipo de libertad negativa en cuanto supone que no haya impedimentos para expresarse.
Segundo concepto clave: la libertad como capacidad racional de decidir (libertad positiva)
Por otro lado, la idea de libertad tiene una acepción positiva. Se refiere a una facultad que se le atribuye a las personas en tanto seres capaces de razonar y deliberar. Somos libres cuando el motivo de lo que hacemos responde a un razonamiento y a una deliberación previa y propia. Si hacemos lo que nos ordenan, es decir, si estamos obedeciendo cuando lo hacemos, entonces no estamos ejerciendo nuestra libertad. Se trata de una capacidad que se supone exclusivamente humana.
Cuando hablamos de libertad negativa podemos incluir al resto de los seres vivos dentro de esa acepción, un pájaro libre por ejemplo. La libertad positiva, en cambio, sólo se la atribuímos a los seres humanos y la consideramos como aquello que nos distingue del resto de los seres.
El autor clave del libertarismo: Murray Rothbard y la idea de "ser dueño de uno mismo"
Trataremos de explicar qué es lo que entiende el libertarismo por libertad, basándonos, sobre todo, en la perspectiva de uno de sus teóricos más importante y más citado por el actual presidente argentino. Hablamos de Murray Rothbard. Economista perteneciente a la escuela austríaca, teórico político, historiador y a quien se le atribuye ser el fundador y principal teórico del anarcocapitalismo.
Ideas ¿Habrá golpe de timón?
«El axioma básico de la teoría política libertaria postula que cada hombre es dueño de sí mismo, en posesión de soberanía absoluta sobre su propio cuerpo. En efecto, esto significa que nadie puede invadir o agredir justamente el cuerpo de otra persona. Se sigue entonces que cada persona posee justamente cualquier recurso, previamente sin dueño, de la que esta se apropie o que mezcle con su trabajo». Murray Rothbard, en Law, Property Rights, and Air Pollution. Cato Journal 2, n.° 1 (primavera de 1982): pp. 55-99.
A partir de estos axiomas gemelos —propiedad sobre sí mismo y la apropiación originaria— se construye la justificación para el sistema entero de títulos de propiedad en una sociedad de libre mercado. Este sistema establece el derecho de cada persona a su propia persona, el derecho a donar, dar en herencia —y consecuentemente el derecho a heredar— y el derecho al intercambio contractual de títulos de propiedad.
El supuesto central: una teoría política basada en una idea de naturaleza humana
Toda teoría política está montada sobre supuestos antropológicos, es decir, sobre una determinada concepción del ser humano, de la naturaleza humana.
Ideas Libertarios del Siglo XXI
En el caso del libertarismo, la concepción de lo humano es típicamente moderna en cuanto que parte de la idea de que todos los seres humanos somos, por naturaleza, iguales. Esta visión rompe con la de la antigüedad clásica en donde las diferencias de clase y la esclavitud podían justificarse en la naturaleza del individuo. La esclavitud, en la antigüedad, no implicaba ninguna injusticia si el esclavo era por naturaleza esclavo.
Ser esclavo por naturaleza quiere decir que la naturaleza no ha dotado a esa persona de la suficiente capacidad intelectual como para tomar sus propias decisiones en función de lo que le conviene. La injusticia podía existir si se esclavizaba a una persona que por naturaleza era libre, es decir, intelectualmente capaz de decidir por sí mismo, como, por ejemplo, cuando se esclavizaban prisioneros de guerra sin importar la estirpe ni las condiciones intelectuales.
La modernidad y el nacimiento de la idea de derechos naturales
La modernidad rompe con esa idea y proclama que por naturaleza somos todos iguales y, por lo tanto, todos tenemos por naturaleza los mismos derechos. Esa igualdad natural se deduce del supuesto de que todos los seres humanos tenemos la capacidad de razonar y, por lo tanto, de actuar racionalmente. Bien podría alguien argumentar que los niños no están en condiciones de razonar.
Por ello se considera que en esos casos no se trata una capacidad efectiva sino potencial, ellos tienen los mismos derechos porque su capacidad de razonar está pero aún no se ha desarrollado. Ahí está la justificación de por qué deben obedecer a sus tutores y de por qué no se los puede hacer plenamente responsables de sus actos.
La base filosófica: el iusnaturalismo
El próximo movimiento consiste en encontrar en la naturaleza humana el fundamento de ciertos derechos que todos tendríamos sólo por el hecho de ser humanos. Luego, el derecho positivo, para ser justo, debería ocuparse de asegurar el cumplimiento efectivo de esos derechos naturales, es decir, de que nadie impida a otro gozar de los derechos que por naturaleza tiene. Esto es lo que se conoce como iusnaturalismo, encontrar en la naturaleza el fundamento del derecho positivo.
John Locke y el origen del derecho natural a la propiedad
El filósofo John Locke, considerado unos de los padres del liberalismo, aporta a esta corriente el fundamento de la propiedad privada como derecho natural. Cada uno es, desde que nace, propietario de su cuerpo. Si cada uno es dueño de sí mismo, nadie puede decirle qué hacer o arrebaterle esa propiedad sin que eso sea una violación al derecho natural.
Consiguientemente, el derecho de propiedad, más allá del cuerpo, se fundamenta en la idea de que la naturaleza no es propiedad de nadie hasta que alguien la saca de su estado natural a través del trabajo. Es decir, el trabajo es lo que da derecho de propiedad. Puedo apropiarme de lo que no tiene dueño y tengo por ello el derecho a que no me lo quiten, de lo contrario no se estaría respetando la propiedad privada consagrada como derecho natural.
Con sacar una manzana de un árbol que no es de nadie, ya es suficiente para que esa manzana me pertenezca por derecho. Slogans como "la tierra es de quien la trabaja" están en sintonía con esta idea de derecho de propiedad, si es que esa tierra, claro, no tenía ya un propietario.
La conclusión libertaria: libertad individual y propiedad privada
Todo individuo humano es dueño de sí mismo. De ahí surge el derecho natural a la libertad positiva de que cada individuo haga con su cuerpo lo que su propia razón le sugiere. Cada uno es dueño de lo que legítimamente se ha apropiado. De ahí el derecho natural a la libertad positiva de hacer con sus propiedades lo que decida y nadie puede, legítimamente, impedírselo.
En esas dos sentencias se condensa todo el sentido de la libertad para los libertarios. Cualquier intercambio de bienes es legítimo si las partes acuerdan voluntariamente el mismo. El único límite que los libertarios consideran legítimo es el principio de no agresión o coerción hacia otra persona o hacia los bienes de otra persona, puesto que esa agresión o coerción impediría a esa persona gozar de su libertad positiva además de ser una violación a la propiedad privada.
La consecuencia política: una fuerte desconfianza hacia el Estado
Se advierte entonces que la libertad a la que el libertarismo consagra como valor supremo es la libertad positiva. La libertad negativa debe ser garantizada pero no por sí misma sino como medio para poder gozar de la libertad positiva. Es decir, necesito que nada o nadie interfiera con mi posibilidad de moverme, expresarme, etc (libertad negativa) para poder desarrollar mis objetivos de vida en base a mis propias decisiones (libertad positiva).
En consecuencia no se puede obligar a otro a hacer aquello de lo cual no ha expresado de manera voluntaria y consciente el deseo de hacer. Esto es lo que fundamenta por qué para el libertarismo los padres no están obligados a alimentar a sus hijos. O también, por qué el Estado no puede legítimamente imponer obligaciones a los individuos. Si no quiero pagar los impuestos no pueden legítimamente obligarme a hacerlo.
El libertarismo lleva al extremo esta lógica del derecho a la libertad positiva de los individuos y, en consecuencia, no hay posibilidad de un Estado legítimo porque nadie está obligado a obedecer más que a sí mismo.
Epílogo crítico: los límites de esta idea de libertad
En síntesis, se parte de ciertos supuestos sobre la naturaleza humana para postular en función de ello ciertos derechos naturales que el derecho positivo debería resguardar. Se hace especial énfasis en que lo que la razón deduzca de esos principios debe ser tomado como fundamento de una política justa para los seres humanos.
Sin embargo, podemos advertir, desde una mirada crítica y a modo de epílogo que la pretensión explícita de racionalidad se choca de frente con la poca racionalidad de los supuestos fundamentales. La noción de naturaleza humana no tiene en cuenta siglos de desarrollo científico tanto en el plano de las ciencias sociales como la antropología, ni de las ciencias duras como la neurociencia. Tampoco se tienen en cuenta argumentos filosóficos y psicoanalíticos que echan por tierra la ilusión que tenían los modernos respecto de la posibilidad del individuo de ejercer sobre sí una plena soberanía basada en la facultad de raciocinio.
En todo lo omitido se pierden de vista también otras perspectivas sobre la idea de libertad en donde la misma está fuertemente asociada al poder, que a su vez está asociado al dinero y, por lo tanto, a la herencia, el azar y las convenciones propias de cada cultura.
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