La opinión de Varsavsky y Tenembaum

La pregunta que preocupa al mundo: por qué cada vez nacen menos hijos

Tamara Tenenbaum y Martín Varsavsky revelan las verdaderas causas detrás de la crisis demográfica mundial.
Cada vez nacen menos bebés EE
14-06-2026
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La caída de la tasa de natalidad se convirtió en uno de los grandes debates de la época. Mientras gobiernos de todo el mundo buscan fórmulas para revertir el fenómeno, intelectuales, académicos y empresarios discuten cuáles son las verdaderas causas detrás de la decisión de tener cada vez menos hijos.

Este fin de semana, dos nuevas voces se sumaron a la conversación desde perspectivas ideológicas muy diferentes. Por un lado, la escritora e intelectual progresista Tamara Tenenbaum. Por el otro, el empresario tecnológico Martín Varsavsky, cercano al presidente Javier Milei y radicado en España.

Aunque parten de diagnósticos distintos, ambos coinciden en un punto: la explicación de la crisis demográfica va mucho más allá de la economía.

Martín Varsavsky: el problema es cultural

Varsavsky sostuvo que la caída de la fertilidad no podrá resolverse únicamente mediante subsidios, beneficios fiscales o programas estatales.

Según el empresario, las sociedades occidentales han dejado de considerar a los hijos como una parte central de una vida plena y comenzaron a verlos como un proyecto que debe postergarse hasta alcanzar condiciones ideales.

"Primero hay que estudiar, luego trabajar, luego comprar casa, luego estabilizar la pareja, luego viajar, luego ahorrar. Cuando por fin parece razonable tener hijos, muchas parejas descubren que la biología no esperaba", planteó.

En su visión, existe además una narrativa cultural que presenta a la maternidad y la paternidad como una pérdida de libertad. Varsavsky rechaza esa idea y sostiene que los hijos permiten desarrollar un propósito más profundo y una mirada de largo plazo sobre la vida.

Si bien reconoce que los gobiernos pueden colaborar mediante mejores políticas de vivienda, sistemas de cuidado infantil y horarios laborales más flexibles, considera que la solución de fondo es cultural: volver a valorar la formación de una familia como una experiencia deseable y no como una carga.

Tamara Tenenbaum: cuando criar se convirtió en una profesión

Desde una perspectiva completamente distinta, Tamara Tenenbaum abordó el fenómeno a partir de una reflexión sobre la transformación de la crianza moderna.

En una columna publicada este fin de semana en ElDiarioAR, la escritora retomó ideas de la periodista estadounidense Nora Ephron y del escritor Santiago Gerchunoff para analizar cómo la crianza dejó de ser simplemente una condición de la vida adulta para convertirse en una actividad altamente profesionalizada.

Según Tenenbaum, la cultura contemporánea transformó el acto de criar en una tarea que exige preparación constante, consumo de información especializada y una dedicación casi total por parte de los padres.

La autora cuestiona la idea de que los hijos deban ser permanentemente optimizados mediante actividades, estímulos y decisiones orientadas a maximizar su desarrollo. En esa lógica, sostiene, los niños terminan siendo tratados como proyectos que deben perfeccionarse.

Pero el foco principal de su crítica no está puesto en los hijos sino en los propios adultos. Para Tenenbaum, la llamada "crianza intensiva" refleja las exigencias que la sociedad contemporánea impone a madres y padres, quienes sienten la obligación de desempeñarse de manera perfecta en todos los aspectos de la vida familiar.

La escritora recupera además una idea de Ephron: la profesionalización de la crianza estaría vinculada tanto al feminismo como a sus críticos, ya que ambos terminaron contribuyendo a presentar la maternidad y la paternidad como actividades cada vez más complejas y absorbentes.

Dos diagnósticos diferentes para un mismo fenómeno

Aunque representan universos ideológicos muy distintos, Varsavsky y Tenenbaum coinciden en que la explicación de la caída de la natalidad no puede reducirse al costo económico de tener hijos.

Para el empresario tecnológico, el problema radica en una cultura que posterga indefinidamente la formación de una familia y subestima los límites biológicos.

Para la escritora, en cambio, el desafío está en una sociedad que convirtió la crianza en una actividad tan exigente y demandante que muchos adultos sienten que nunca estarán suficientemente preparados para asumirla.

El resultado es el mismo: cada vez más personas retrasan la decisión de tener hijos o directamente optan por no hacerlo.

En un contexto donde las tasas de natalidad siguen cayendo en gran parte del mundo desarrollado y también en América Latina, el debate parece estar lejos de cerrarse. Y cada vez más voces sostienen que las respuestas no se encontrarán únicamente en la economía, sino también en los cambios culturales que redefinieron qué significa formar una familia en el siglo XXI. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar