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Diseñaron un sistema para reducir la deserción universitaria...y lo lograron: ASÍ FUNCIONA

Una campaña de emails en UBA XXI logró aumentar hasta 31% la inscripción a exámenes. Así funciona el sistema que reduce la deserción universitaria.

En Argentina, siete de cada diez estudiantes que ingresan a la universidad pública no logran graduarse. En ese contexto, un equipo de investigadores se propuso responder una pregunta clave: ¿es posible reducir la deserción estudiantil con una intervención de bajo costo, sin tutorías, sin subsidios, sin clases extra? La respuesta fue sí.

Durante el primer cuatrimestre de 2024, Martín Trombetta, Nicolás Ajzenman, Tamara Vinacur y María Laura Basabe realizaron una intervención experimental en el programa virtual UBA XXI, en colaboración con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Universidad de Buenos Aires (UBA). El objetivo: aumentar la retención estudiantil en un entorno donde la deserción temprana es la norma.

La idea: un simple correo electrónico puede cambiar una decisión

La estrategia se basó en correos electrónicos enviados a más de 7.000 estudiantes, en tres materias del Ciclo Básico Común: Análisis Matemático, Biología Celular e Introducción al Pensamiento Científico.



Los estudiantes fueron asignados aleatoriamente a uno de cuatro grupos:

Grupo control: no recibió ningún mensaje.

Grupo placebo: recibió correos neutros (información sobre redes sociales de la UBA).



Grupo tratamiento 1: recibió dos mails con fechas de exámenes y recordatorios para comenzar a estudiar.

Grupo tratamiento 2: recibió los mismos correos, pero con datos sobre los salarios promedio de los graduados según su carrera.

La economía del comportamiento puede ser una herramienta clave para mejorar la educación superior en América Latina.



El resultado: hasta 31% más de inscriptos al parcial

La variable clave fue la inscripción al primer examen parcial, una instancia obligatoria en UBA XXI. Las cifras hablan por sí solas:

  • El grupo que recibió correos de tratamiento mostró un aumento de 5 puntos porcentuales en la tasa de inscripción respecto al grupo control.
  • Considerando que en el grupo control el 42,3% se inscribió, eso equivale a un aumento relativo de entre 12% y 31%, según el modelo econométrico utilizado.
  • Abrir el mail (take-up) elevó la probabilidad de inscripción en 13 puntos porcentuales adicionales, según una estimación por variables instrumentales (MC2E).

También aumentó la asistencia al examen: quienes abrieron el mail tuvieron 30% más de probabilidades de rendir el parcial (aunque las notas obtenidas no variaron).

¿Una política pública de bajo costo y alto impacto es posible? Parece que sí.



¿Por qué funcionó?

El efecto más fuerte no fue la información sobre los salarios, sino la saliencia: poner en primer plano información clave que los estudiantes ya conocían (como fechas de examen o recordatorios de inscripción).

La intervención atacó sesgos cognitivos comunes en los entornos virtuales:

  • El sesgo del presente, que lleva a postergar decisiones importantes.
  • El sesgo de status quo, que favorece la inacción.
  • En palabras simples: los estudiantes sabían lo que debían hacer, pero necesitaban un empujón.

Los nudges, o empujones suaves, "aprovechan los sesgos cognitivos y heurísticos para favorecer conductas positivas, como la inscripción en programas de ayuda financiera o la continuidad en los estudios", dicen los autores.



¿Para quién funcionó más?

El análisis mostró diferencias notables por edad y género:

  • Los estudiantes mayores de 28 años fueron los más receptivos: aumentaron su tasa de inscripción entre 12 y 18 puntos porcentuales.
  • En cambio, los menores de 18 no mostraron cambios significativos. Se estima que este grupo, más familiarizado con el campus virtual, no necesitaba el mismo tipo de recordatorios.
  • Las mujeres respondieron mejor que los varones: el efecto fue significativo en ellas, pero no en ellos (posiblemente por tamaño muestral más reducido en el grupo masculino).

¿Por qué esto importa?

Argentina tiene una alta tasa de ingreso a la universidad (39%), pero una baja tasa de egreso (19%), según datos de CIMA (BID). Esto implica un uso ineficiente de los recursos educativos y representa un desafío estructural.

La intervención probada en UBA XXI cuesta prácticamente cero, puede escalarse de inmediato y no requiere infraestructura adicional. Y, aun así, logró mejorar un 30% la participación en el examen con apenas dos correos electrónicos.



Próximo paso: inteligencia artificial y redes sociales

Los autores destacan que los jóvenes no reaccionan igual a los correos que los adultos. Por eso, el estudio sugiere que futuras intervenciones exploren canales como redes sociales, bots conversacionales o inteligencia artificial para captar mejor la atención de ese segmento.

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