La ciudad requiere urgentemente de un plan de obras públicas
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Bahía Blanca después de la inundación

Después de la inundación, surge la necesidad de reducir el riesgo a los habitantes de Bahía Blanca para conseguir recuperar la confianza de la población en su ciudad. Pero, ¿cómo?

Bahía Blanca vivió un desastre climático el viernes 7 de marzo que hasta ahora causó 16 muertes e innumerables daños materiales, sociales y ambientales. 

Surgen un montón de preguntas.

  • ¿Se tenía un pronóstico de tormenta? Se esperaba una tormenta fuerte, pero de una magnitud del orden de 100 mm y no de 290 mm como finalmente cayeron
  • ¿Hubo una alerta? Había una alerta naranja desde el día anterior, pero la alerta roja fue casi sin anticipación y al comenzar de madrugada poca gente se enteró.
  • ¿Este tipo de tormentas se da por el cambio climático? No lo podemos afirmar, pero sí indicar que en los últimos 50 años la frecuencia de estos fenómenos extremos es mayor que en los 50 anteriores, por lo cual podemos decir que el cambio climático favorece este tipo de eventos extremos. 
  • ¿Debería el sistema de desagüe pluvial haber evitado esta inundación? A priori uno podría decir que si, pero sus costos serían tan altos que no se conseguirían fondos para construirlo.
  • Pero, entonces ¿qué hacemos?

Primero, se debe decir que un sistema de drenaje pluvial se proyecta a partir de seleccionar una tormenta de diseño en base a la estadística meteorológica. La forma más habitual es considerar una precipitación que se repita con una frecuencia determinada, por ejemplo, que en 100 años de registro haya habido 10 tormentas similares o mayores a esa, implica que esa recurrencia o la frecuencia es una cada 10 años, pero se debe considerar siempre que esos valores son un promedio histórico. 



Esto implica que, al definir el sistema de desagües, se asume un riesgo, es decir, si ocurre una tormenta mayor a la que se utilice para el diseño aparecerán zonas inundadas. Por ello es necesario ejecutar medidas estructurales, es decir obras de infraestructura pluvial, y medidas no estructurales, como planes de acción durante emergencias (denominados PADE) para saber cómo actuar durante una inundación.

Bahía Blanca
Bahía Blanca

Breve historia pluvial de Bahía Blanca

Bahía Blanca tiene particulares características que la ponen en una situación de mayor riesgo dado que el arroyo Napostá que nace en el cerro del mismo nombre en las Sierras de la Ventana atraviesa la ciudad. 



La ciudad, en un primer momento de su historia, se construyó a la vera del arroyo que era su fuente de agua y, años después, el arroyo quedó en el medio de la ciudad atravesándola de noroeste a sudeste. Para justamente evitar inundaciones en las crecidas del arroyo, en los años '40, luego de dos fuertes inundaciones -una en 1933 y otra en 1944- se ejecutó el canal aliviador Maldonado, que deriva el agua del arroyo en la zona del Parque de Mayo (muy cerca de la sede de la Universidad del Sur) hacia el sudoeste evitando en ese momento que los caudales grandes atraviesen el casco de la ciudad.

Sin embargo, luego con el crecimiento de la ciudad, el aliviador quedó en plena zona urbana. 

Por otra parte, en los años '80 se entuba el arroyo en la zona céntrica hasta la estación terminal de ómnibus, aguas abajo el arroyo retoma su cauce y desemboca al este de Ing. White. 



A esto debemos sumar el importante desnivel entre las afueras de la ciudad hacia el norte y las zonas más bajas cercanas al mar que es de 50 metros en solo 10 km en línea recta. 

Finalmente, también debe indicarse que en las zonas bajas como White y Cerri existen canalizaciones con compuertas para evitar el ingreso de agua del mar en los momentos de marea alta y que habitualmente, por falta de mantenimiento y vandalismo, quedan cerradas.

Estas características hacen que en una tormenta como la del 7 de marzo se combine el agua caída directamente en la ciudad más los aportes del arroyo más las zonas altas circundantes. 


  • Esto no solo produce grandes y graves inundaciones, sino también grandes correntadas que arrastraron personas, vehículos y generaron grandes destrozos materiales.

Más allá de la inundación 

Después de la inundación, surge la necesidad de reducir el riesgo a los habitantes de Bahía Blanca para conseguir recuperar la confianza de la población en su ciudad. 

  • El evento demostró, por una parte, que las obras existentes son absolutamente insuficientes y por otra, pese a la gran movilización de personal municipal, provincial y nacional que se observó en los distintos medios, la ayuda no llegó ni en tiempo ni en la forma adecuada, dependiendo en muchos casos de la ayuda entre vecinos y de los bomberos voluntarios.

La ciudad requiere urgentemente de un plan de obras públicas, que evidentemente debe hacer el Estado, ya que ningún privado hará un sistema de desagüe pluvial.

El plan debe abracar distintos proyectos, entre ellos, uno o dos diques de contención de crecidas en la cuenca del arroyo Napostá que también puede utilizarse para reforzar la provisión de agua dulce a la planta potabilizadora, una ampliación del canal aliviador Maldonado, y una reconstrucción de la red de desagüe pluvial incluyendo la rehabilitación y automatización de compuertas en las zonas bajas. 


  • Deberá también realizarse una discusión técnica y socio ambiental sobre la necesidad o no de devolver o no su cauce natural al arroyo Napostá reemplazando el entubado por un cauce a cielo abierto. 

Por supuesto este plan debe incluir también la reconstrucción de los servicios públicos de la ciudad, tanto agua potable, cloacas, gas, electricidad, como así también las redes viales y ferroviarias que dan acceso a la ciudad.

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La ciudad requiere urgentemente de un plan de obras públicas

Por otra parte, como se indicó antes, una mejora del sistema de desagües reduce el riesgo de inundación, pero no lo elimina. Por ello se requiere realizar un análisis de riesgo de inundaciones, observando las zonas más críticas a partir de esta última trágica experiencia, para tener un mapa de riesgo. 



Con esta base debe realizarse un plan de acción durante la emergencia (PADE) para generar un protocolo de trabajo en la emergencia. 

El paso siguiente debe ser capacitar al personal involucrado correspondiente a Defensa Civil, Bomberos, Policía, Fuerzas de Seguridad, Fuerzas Armadas, hospitales, escuelas y entidades de referencia que puedan ser útiles como refugios, por ejemplo, clubes, iglesias, universidades, etc.

Finalmente, debe entrenarse ese personal en forma periódica, a fin de poder actuar organizada y eficientemente en el siguiente evento.



En nuestro país, esto no solo debe realizarse en Bahía Blanca, sino todas las ciudades deberían hacer su análisis de riesgo de inundaciones y otras catástrofes posibles, generar su PADE y entrenarlo. Lamentablemente esto no existe en la mayoría de las ciudades argentinas. 

En 2016 se aprobó por consenso la creación del SINAGIR, sistema nacional de gestión del riesgo, que fue activado en la gestión del presidente Mauricio Macri, pero luego en la de los Fernández perdió impulso y, en el Gobierno actual, la restricción de gastos no ayuda a tener un equipo de trabajo capacitado. 

Otros países, como Chile, tienen un servicio de emergencias nacional (SENAPREV) que esta capacitado permanentemente para atender terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones, incendios, etc. 



Esperemos que al menos de esta tragedia aprendamos que, por una parte, las obras públicas son necesarias y, por otra, que las defensas civiles de todos los niveles deben estar capacitadas y equipadas para responder a estos eventos, y no ser, como ocurre en muchos casos, lugares donde se contrata a militantes y punteros para hacer campaña.

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