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ARFID: el trastorno alimentario impactante que muchos confunden con un simple capricho

ARFID es un trastorno alimenticio real, sin relación con la imagen corporal. Afecta la salud física y emocional. Qué es, cómo se detecta y se trata.

"No puedo comer eso" no siempre es una excusa. A veces es ARFID.
"No puedo comer eso" no siempre es una excusa. A veces es ARFID. EE
8 agosto de 2025

Mientras los trastornos alimenticios más conocidos —como la anorexia o la bulimia— suelen estar vinculados a una preocupación extrema por el cuerpo o el peso, existe otro que pasa casi desapercibido, aunque puede ser igual de incapacitante: el ARFID.

Las siglas ARFID provienen del inglés Avoidant/Restrictive Food Intake Disorder, que en español se traduce como Trastorno de Evitación/Restricción de la Ingesta de Alimentos. Fue reconocido oficialmente por la comunidad médica en 2013, con la publicación del DSM-5 (el manual diagnóstico de referencia para los trastornos mentales), y desde entonces su diagnóstico ha ido en aumento.

Un trastorno más allá del espejo

Lo que distingue al ARFID de otros trastornos de la conducta alimentaria es que no está motivado por el deseo de adelgazar ni por una distorsión de la imagen corporal. Las personas con ARFID no buscan cambiar su cuerpo: simplemente, no pueden comer ciertos alimentos. A veces, por su textura, color, olor o sabor. Otras, por miedo a atragantarse, vomitar o tener una mala experiencia.



Es como si su sistema de alarma interna se activara frente a ciertos alimentos que, para la mayoría, resultan inofensivos. No es una 'maña' o una 'etapa de selectividad', como a veces se dice en la infancia. Es un trastorno real que puede afectar seriamente la salud y la vida social.

¿Cómo se manifiesta?

El ARFID puede comenzar en la infancia, pero no siempre se detecta a tiempo. Los signos más comunes incluyen:

  • Rechazo extremo a ciertos alimentos o grupos de alimentos.
  • Dieta muy limitada (por ejemplo, solo alimentos blancos, secos o de una textura específica).
  • Pérdida de peso o falta de crecimiento.
  • Deficiencias nutricionales.
  • Malestar en situaciones sociales donde hay comida.
  • Dependencia de suplementos nutricionales o alimentación por sonda.
  • No es raro que estos síntomas se confundan con "quisquillosidad" o "gusto particular", lo que lleva a subestimar el problema durante años.

Un diagnóstico que trae alivio (y desafíos)

Para muchas familias, obtener un diagnóstico de ARFID representa un punto de inflexión: da nombre a algo que venían notando desde hace tiempo pero que nadie parecía tomar en serio. Pero el camino no es fácil. El tratamiento suele requerir un enfoque multidisciplinario, que puede incluir médicos, nutricionistas, psicólogos y terapeutas ocupacionales.



A diferencia de otros trastornos alimentarios, el objetivo principal no es cambiar la percepción del cuerpo, sino desensibilizar el miedo o la aversión al alimento. Existen terapias de exposición gradual, intervenciones conductuales y acompañamiento emocional para trabajar tanto con el paciente como con su entorno.

Una conversación urgente

En un mundo obsesionado con las dietas, las calorías y el "verse bien", el ARFID plantea una pregunta diferente: ¿cómo hablamos del acto de comer cuando lo que falla no es el deseo de adelgazar, sino el miedo a comer?

Visibilizar este trastorno es clave para evitar diagnósticos errados, estigmatización o tratamientos inadecuados. Porque el ARFID no es capricho ni moda, y reconocerlo a tiempo puede cambiar una vida entera.



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