No es cuarteto, es conectividad: la Banda 40 como herramienta para producir
Cuando hablamos de la Banda 40, más de uno podría pensar que nos referimos a un grupo de cuarteto cordobés. Pero no. La Banda 40 no tiene bombo, bajo ni acordeón: tiene megahertz.
Es una franja del espectro radioeléctrico -ese espacio invisible por donde viajan las comunicaciones- que podría ser muy importante para el desarrollo productivo del país. Solo que todavía no se está usando como se debería.
¿Sabías que hay cientos de kilómetros cuadrados en la Argentina donde no hay cobertura de celular, pero sí minas, pozos petroleros, plantas industriales o centrales eléctricas? ¿Y que, a pesar de eso, el Estado no permite que esas empresas usen parte del espectro para montar su propia red privada de datos? Un sinsentido.
En países como Alemania, Australia, Brasil o Chile, este desafío ya fue entendido, y se tomó una decisión clave: liberar parte del espectro para que algunas empresas industriales puedan tener sus propias redes privadas donde los operadores comerciales no llegan, ni tienen incentivos para hacerlo. Redes LTE o 5G propias, pensadas para funcionar en entornos exigentes, y no atadas a la lógica del consumo urbano en telecomunicaciones.
Hoy, los proyectos productivos que operan lejos de las ciudades se las arreglan como pueden para comunicarse. Usan radios VHF/UHF para voz, internet satelital o enlaces punto a punto que requieren infraestructura costosa y rígida. Algunos montan redes Wi-Fi extendidas o recurren a tecnología satelital para sensores.
Estas soluciones sirven, pero tienen limitaciones: son caras, lentas o poco escalables, y no permiten automatizar procesos ni implementar herramientas modernas de monitoreo, seguridad o eficiencia energética. En la Argentina, el uso del espectro está reservado para las telcos. No existe un régimen que permita a una minera, una petrolera, una fábrica alejada o una central hidroeléctrica montar su propia red, aun cuando estén en zonas sin cobertura pública, ni chances de tenerla en el corto plazo. Eso debe cambiar. La Banda 40 -que va de los 2300 a los 2400 MHz- es ideal para estos casos. Tiene buen equilibrio entre cobertura y capacidad de datos, es compatible con equipamiento disponible y ya se usa en muchos países para redes privadas industriales.
Pero hoy, en la Argentina, está prácticamente subutilizada, esperando algún concurso futuro que reconozca su potencial productivo. La solución es simple y efectiva: permitir que esos proyectos usen la Banda 40 para desplegar redes LTE o 5G privadas dentro de sus propios predios, para operar con alto rendimiento, baja latencia y control total sobre la conectividad.
Con eso podrían conectar camiones autónomos en una mina de litio o cobre. Monitorear turbinas hidroeléctricas en tiempo real. Operar drones que vigilan ductos petroleros. Censar silos y controlar procesos en plantas industriales. Este tipo de operaciones requiere redes móviles robustas, diseñadas para funcionar en condiciones críticas, no una antena urbana a decenas de kilómetros de distancia.
Aplicado en Argentina, permitiría transformar digitalmente a sectores productivos estratégicos, mejorar la seguridad y eficiencia operativa, y reducir la dependencia de tecnologías costosas como el satélite, sin afectar a los operadores móviles tradicionales ni a los usuarios urbanos. Y todo eso es posible si liberamos esa porción del espectro al servicio de la producción, el trabajo y la innovación. Porque la conectividad no es un lujo urbano, sino una herramienta de desarrollo.
Por eso proponemos que el ENACOM reserve al menos 60 MHz de la Banda 40 exclusivamente para proyectos industriales, con licencias limitadas al área de operación, por plazos renovables, sin interferir con los servicios comerciales existentes. No se trata de subsidios ni privilegios, sino de herramientas concretas para producir mejor. Argentina necesita crecer, exportar más y aprovechar su potencial en minería, energía y agroindustria. Pero para eso necesitamos conectividad donde hoy no la hay, y redes diseñadas para operar en condiciones duras, críticas y específicas.
Liberar la Banda 40 para redes privadas industriales no es un capricho: es una política de desarrollo nacional con visión estratégica. Una que ya aplican nuestros vecinos y competidores. No es cuarteto: es conectividad para producir. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar