Habló el "CEO más peligroso del mundo": su visión de los próximos 10 años te aterrorizará
Un hilo viral en X, a cargo de Paul William Harmon, lo bautizó como "el CEO más peligroso del planeta". No era un insulto: era una advertencia sobre la magnitud de su poder.
Sir Demis Hassabis, cofundador y director ejecutivo de Google DeepMind, reúne tres credenciales poco comunes: niño prodigio del ajedrez (¡a los 4 años!), caballero de la Corona británica y premio Nobel de Química por AlphaFold, la IA que resolvió la predicción de estructuras proteicas.
De tablero de ajedrez a los laboratorios de Google
Hassabis aprendió ajedrez a los cuatro años y a los trece ya ostentaba un Elo de maestro internacional. Ese entrenamiento en táctica y cálculo lo llevó a diseñar videojuegos como Theme Park antes de doctorarse en neurociencia cognitiva. En 2010 fundó DeepMind, adquirida por Google cuatro años después. El rey Carlos III lo distinguió en 2024 como Knight Bachelor "por servicios a la inteligencia artificial".
AlphaFold: un Nobel para la era de los algoritmos
La hazaña que lo catapultó al Nobel llegó en 2020: AlphaFold 2, un modelo que predijo la estructura de casi todas las 200 millones de proteínas conocidas, una tarea que los biólogos tardarían siglos en completar manualmente. En apenas tres años, millones de investigadores descargaron la base de datos resultante para combatir la resistencia a antibióticos o diseñar enzimas que degraden plásticos.
El reloj de la AGI marca 2030
En una entrevista reciente, Hassabis asignó 50% de probabilidad a que la inteligencia artificial general (AGI) —sistemas que igualen todas las capacidades cognitivas humanas— emerja entre 2029 y 2035. Su definición es más estricta que la popular: incluye creatividad, autoconciencia y razonamiento causal.
¿Por qué "peligroso"?
1. Concentración de talento y hardware
Google DeepMind reúne a miles de investigadores, acceso preferencial a supercomputadoras TPU y la sinergia con los modelos de consumo masivo de Google.
2. Horizonte temporal corto
Si la AGI llega en cinco a diez años, las decisiones que tome hoy —sobre seguridad, interpretabilidad y despliegue— impactarán a escala global, desde la automatización del trabajo hasta la estabilidad geopolítica.
El lado regulador del magnate
Lejos de la caricatura del "científico loco", Hassabis insiste en que su mayor preocupación no es que las máquinas se rebelen, sino "lo que los humanos harán con ellas". Pide tratados internacionales sobre el uso dual de la IA y estándares de "ciberseguridad incorporada" para frenar fraudes, armas biológicas diseñadas por algoritmos o desinformación masiva.
Hacia la "abundancia radical"
Pese a las alertas, se declara optimista: imagina que la AGI desbloqueará una era de abundancia radical al resolver dilemas de energía limpia, curar enfermedades y perfeccionar modelos climáticos de alta precisión, reduciendo la percepción de escasez que alimenta conflictos.
Los ganadores dominarán las siguientes "meta-habilidades": aprender a aprender, creatividad y adaptabilidad.
¿Y ahora qué?
Gemini y más allá: Google DeepMind presentará este año agentes multimodales capaces de planificar tareas complejas, un paso intermedio hacia la AGI.
Competencia feroz: OpenAI, Anthropic y Huawei corren a cerrar la brecha, pero ninguna posee el mismo ecosistema de datos, usuarios y chips.
Ventana regulatoria: La UE, Estados Unidos y China discuten normas que podrían fijar el perímetro antes de que la AGI salga definitivamente del laboratorio.
Llamarlo "peligroso" quizá sea hiperbólico, pero ilustra la paradoja central: la persona que empuja la frontera de la IA más rápido también implora que tracemos rutas seguras. Si su reloj acierta y la AGI llega antes de 2035, las advertencias de hoy serán los titulares de mañana. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar