Argentina puede ser el cerebro de la IA mundial...o su estómago: ¿qué está en juego?
En un video difundido este jueves, el CEO de OpenAI, Sam Altman, confirmó que la compañía lanzará "Stargate Argentina", un nuevo centro de datos de inteligencia artificial en colaboración con Sur Energy, la firma energética fundada por Emiliano Kargieman, también creador de Satellogic.
"Estamos orgullosos de anunciar este emocionante proyecto de infraestructura. Se trata de poner la inteligencia artificial en manos de la gente, a través de Argentina", dijo Altman. "Stargate Argentina ayudará a que el país se convierta en un hub de IA para toda Latinoamérica".
El plan, que implicaría una inversión de hasta US$ 25.000 millones y una capacidad de 500 megavatios, será presentado para adherir al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que otorga estabilidad fiscal y beneficios aduaneros a proyectos estratégicos.
Durante el anuncio, Altman elogió al presidente Javier Milei —a quien conoció en San Francisco el año pasado— y recordó al emprendedor Matt Travizano, fallecido recientemente, quien lideró las conversaciones iniciales con el Gobierno argentino.
Un "datacenter nivel dios": la mirada de Alan Daitch
En paralelo al entusiasmo, el especialista en inteligencia artificial Alan Daitch publicó un hilo en X (ex Twitter) que se viralizó por su tono lúcido y su llamado a la cautela.
Para Daitch, la magnitud del proyecto es tan inédita como potencialmente riesgosa.
"Un datacenter de 500 megavatios es una bestialidad. El más grande que existe hoy en LatAm tiene apenas 60. Estamos hablando de una escala nivel dios", escribió.
Daitch explicó que un centro de datos es "donde viven las inteligencias artificiales": miles de servidores, cables y sistemas de refrigeración que consumen más energía que muchas ciudades enteras.
Y si bien la inversión inicial puede generar miles de empleos durante la construcción, una vez operativo, empleará menos de 200 personas.
El riesgo de ser "el estómago de la IA"
El punto más sensible del análisis de Daitch está en el régimen fiscal y energético: el proyecto se encuadraría dentro del RIGI, que exime de impuestos a grandes inversiones por décadas.
Eso, advierte, puede derivar en una paradoja: "Podemos terminar poniendo la energía, la tierra y los permisos... y quedarnos solo con algunos beneficios que 'derraman'".
Daitch compara la situación con lo ocurrido en África, donde megainversiones extractivas dejaron "migajas" a los países anfitriones.
Y cita también los casos donde sí funcionó:
- En Iowa, Microsoft y Google obtuvieron beneficios fiscales, pero el Estado exigió infraestructura de red que hoy abastece a medio territorio.
- En Suecia, se redujeron impuestos, pero se obligó a las empresas a reutilizar el calor residual para calefaccionar viviendas.
La diferencia, remarca, no está en cobrar mucho o poco, sino en imponer condiciones inteligentes.
"La diferencia está en poner condiciones inteligentes. Exigir contrapartidas que realmente beneficien al país. Porque repito: es una gran noticia que Argentina entre al mapa de la IA. La pregunta es: ¿a qué costo y para qué?", dijo Daitch, haciendo un doble click detrás del positivo anuncio.
¿El cerebro o el estómago del nuevo mundo digital?
La frase final de Daitch resume la encrucijada: "Podemos ser el cerebro de la IA mundial... o su estómago: procesar todo y quedarnos con las sobras. Tenemos una oportunidad histórica en las manos. Por favor: no seamos boludos."
El dilema que plantea va más allá del entusiasmo tecnológico. Se trata de definir si la Argentina será un actor soberano en la nueva economía de datos o apenas el soporte físico de una revolución ajena.
La oportunidad es gigantesca, pero el retorno dependerá de cómo se negocie: si habrá condiciones de transferencia tecnológica, energía renovable, participación local y una red de beneficios sostenibles. Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar