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Qué ver en streaming: tragedia nuclear real, asesina viral y vampirismo emocional

Una catástrofe real, una protagonista que cruza todos los límites y relatos sobre sexo, poder y violencia: las series y películas que están dando que hablar.
Jason Bateman en DTF y Stephane Audran en Les biches, dos de las recomendaciones para esta semana.
Oscar Mainieri 26-03-2026
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Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, HBO Max, Prime Video y YouTube.

1. Miniserie para ver en Netflix: Emergencia radiactiva

El desastre radiológico ocurrido en 1987 en Goiânia, desencadenado por la manipulación de una fuente abandonada de cesio-137, sirve como base para esta historia dirigida por Fernando Coimbra. A partir de este hecho real, considerado uno de los peores incidentes nucleares en áreas urbanas, la serie reconstruye cómo un descubrimiento aparentemente inofensivo por parte de recolectores en un hospital abandonado se convierte en el origen de una crisis sanitaria de proporciones alarmantes.

El relato -muy en sintonía con la tradición del cine catástrofe- sigue a un conjunto de personajes, entre ellos el joven físico nuclear Márcio, interpretado con garra y sensibilidad por Johnny Massaro, y el también científico Orenstein, encarnado magistralmente por Paulo Gorgulho, quienes deben enfrentar la tarea titánica de contener la propagación radiactiva. Junto a ellos, Ana Costa da vida a una médica que trabaja en condiciones precarias, mientras Bukassa Kabengele interpreta a uno de los ciudadanos afectados, aportando una mirada desde el interior de la tragedia.

A lo largo de sus cinco episodios, el guion articula un thriller tenso que, más allá del desastre, examina las fallas estructurales de las instituciones. La emergencia pone en evidencia cómo los intereses políticos y económicos agravan la crisis, mientras las poblaciones más vulnerables quedan expuestas a las peores consecuencias. La desconfianza hacia las autoridades crece a medida que se implementan medidas extremas como la cuarentena en un estadio de futbol, generando un clima de paranoia y resistencia social.

En paralelo, la serie encuentra uno de sus núcleos más potentes en el trabajo de los equipos médicos, desbordados y mal equipados, que luchan por salvar vidas en hospitales improvisados. Estas escenas, de una crudeza casi documental, revelan el costo humano del desastre y la fragilidad de cualquier sistema sanitario frente a lo desconocido. La tensión se incrementa al mostrar cómo incluso quienes intentan ayudar quedan atrapados en una maquinaria burocrática que obstaculiza las soluciones.

Con una puesta en escena sobria -casi no hay efectos especiales- y actuaciones contenidas, Emergencia radiactiva construye una experiencia inquietante que rehúye el sensacionalismo. Más que recrear una tragedia, la serie funciona como una advertencia: un recordatorio de la vulnerabilidad social frente a lo invisible y de cómo, en situaciones límite, emergen tanto la solidaridad como las fracturas más profundas de la sociedad.

Muy recomendada.

2. Serie para ver en Prime Video: Sweetpea

La primera temporada de Sweetpea construye su premisa en torno a Rhiannon, interpretada por Ella Purnell, una joven invisible para su entorno, atrapada en un pequeño pueblo y devastada por una serie de dramas personales. Lo que comienza como el retrato de una muchacha humillada se transforma en algo mucho más oscuro cuando descubre un impulso homicida que la lleva a reinventarse por completo. A su alrededor orbitan personajes como la inspectora Marina, encarnada por Leah Harvey, el ambicioso periodista AJ, interpretado por Calam Lynch, y la archienemiga de la muchacha, una vendedora de bienes raíces (Nicole Lecky), que introduce matices inesperados en la trama.

La serie parte de una idea seductora, especialmente en su exploración de un código personal para el asesinato y los dilemas éticos asociados. Sin embargo, lo que promete ser un descenso complejo a la psique de su protagonista termina resolviéndose con una alta dosis de justicia poética. 

El principal sostén de la serie es la interpretación de Purnell, quien logra dotar a Rhiannon de una vulnerabilidad convincente, con sus ojos enormes desbordantes de desahucio y la escasa cabellera como baba de choclo. Su transición de figura tímida a presencia inquietante se apoya más en gestos contenidos que en grandes estallidos. 

El reparto secundario aporta dinamismo y contraste. Leah Harvey construye una investigadora decidida, con una energía que equilibra el caos de la protagonista, mientras Calam Lynch imprime carisma a un periodista que oscila entre la curiosidad profesional y la ambición. Por su parte, Nicole Lecky sorprende al ofrecer una composición de amplio registro, que pasa de victimaria a víctima matizadamente. En conjunto, Sweetpea propone un personaje atractivo y un concepto con filo, condimentado con seco humor británico y estallidos de violencia inesperadamente gráficos. El suspenso no escasea y tampoco los giros sorpresivos.

Muy recomendada.

3. Película para ver en Netflix: Louis Theroux: dentro de la machósfera

Este documental sigue al periodista Louis Theroux en su incursión dentro del universo de los creadores de contenido asociados a la llamada "manosphere", un ecosistema digital donde se promueve una masculinidad extrema y discursos abiertamente antifeministas. A través de encuentros con figuras como Harrison Sullivan, Myron Gaines y Sneako, el film revela una paradoja central: estos hombres que predican dominio y control sobre las mujeres parecen, en su vida cotidiana, lejos de encarnar ese poder que proclaman, ya sea bajo la autoridad materna o en relaciones donde sus parejas fijan las reglas.

Theroux se adentra en este torbellino con una mezcla de curiosidad serena y observación incisiva, evitando el enfrentamiento directo y apostando por escuchar. Su método permite que, entre silencios y preguntas aparentemente ingenuas, emerja lo evidente: una visión del mundo donde las mujeres son consideradas inferiores. Sin embargo, el documental también sugiere que este fenómeno no surge en el vacío, sino como una reacción a transformaciones sociales más amplias, donde ciertos sectores masculinos perciben haber perdido terreno o reconocimiento.

A medida que el relato avanza, se vuelve claro que estos influencers no solo venden una ideología, sino también un estilo de vida basado en símbolos superficiales de éxito: dinero, autos de lujo, conquistas sexuales. Pero bajo esa fachada late otra fuerza más determinante: la dependencia absoluta de los algoritmos que alimentan su visibilidad. Como señala Theroux hacia el final, su discurso no es tanto una convicción firme como un producto moldeable, ajustado al ritmo de los "me gusta" y las visualizaciones. En ese sentido, lejos de ser libres, aparecen atrapados en la lógica misma que dicen combatir.

El documental también deja entrever patrones biográficos similares entre sus protagonistas, marcados por inseguridades profundas, ausencia de figuras masculinas en la infancia, una necesidad constante de validación y admiración por la figura de Donald Trump. Su desprecio hacia las mujeres parece esconder, en última instancia, la percepción de no ser respetados por ellas. Theroux, sin embargo, evita ridiculizarlos o condenarlos abiertamente; su enfoque mantiene una cierta empatía que dota al film de una tensión particular entre crítica y comprensión, como si buscara rescatar algo de humanidad incluso en discursos profundamente problemáticos.

Recomendada.

4. Miniserie para ver en HBO Max: DTF St. Louis

Esta miniserie parte de un argumento que parece sacado de un policial clásico: tras una noche marcada por decisiones impulsivas, Floyd Smernitch aparece muerto y el detective Donoghue Homer debe reconstruir qué ocurrió. Sin embargo, lo que comienza como una investigación criminal pronto revela otra naturaleza. Clark Forrest, meteorólogo televisivo interpretado por Jason Bateman, y Floyd, traductor de lenguaje de señas encarnado por David Harbour, son dos amigos atrapados en vidas que no terminan de satisfacerlos. Una aplicación de citas se convierte en catalizador de cambios que, lejos de mejorar sus existencias, los empuja hacia situaciones cada vez más incómodas, incluyendo la relación de Clark con Carol, la esposa de Floyd, interpretada por Linda Cardellini.

La serie juega deliberadamente con las expectativas del espectador: aunque presenta un cadáver y una investigación, su verdadero interés no radica en descubrir al culpable, sino en explorar las vidas de sus protagonistas. Creada por el ingenioso Steven Conrad, la narración se construye en dos líneas temporales que alternan entre el presente de la investigación y los eventos previos que condujeron al desenlace trágico. Este dispositivo permite que el misterio funcione más como marco que como motor, desplazando el foco hacia el retrato íntimo de dos hombres en crisis.

Lejos del thriller convencional, la serie se define ante todo como una comedia melancólica sobre la insatisfacción y la amistad masculina. Clark y Floyd no son personajes particularmente infelices, pero sí profundamente desorientados, como si sus vidas hubieran tomado un rumbo que ya no reconocen. Sus intentos por cambiar esa inercia resultan torpes, a veces patéticos, pero también reveladores de una fragilidad emocional que la serie explora con ironía y cierta ternura.

Entre numerosas imágenes de penes, menciones a exóticos batidos de frutas y bicicletas de diseño excéntrico, los guiones de Conrad destacan por su sofisticado uso del lenguaje, como si Harold Pinter se hubiera dado una vuelta por los suburbios de St. Louis y hubiera infectado con sus mañas los diálogos de los personajes, que viven repitiendo frases hechas entre pausas merecedoras de revelaciones que nunca se cumplen. Sí, hay algo del absurdo rondando a estos hombres mediocres que buscan recuperar la imagen que alguna vez tuvieron de sí mismos cuando eran jóvenes.

En ese equilibrio entre burla y empatía reside uno de los mayores aciertos del guion. Lo que en un inicio parece una sátira cruel sobre la crisis de la mediana edad se transforma gradualmente en un retrato más comprensivo. Floyd, en particular, emerge como una figura entrañable, capaz de gestos de calidez incluso en los momentos más incómodos, mientras lidia con conflictos familiares como su relación con su hijastro. La serie logra así que el espectador oscile entre la incomodidad y la identificación, incluso cuando sus protagonistas toman decisiones cuestionables.

El resultado se apoya en gran medida en la solidez del elenco, con Bateman y Harbour construyendo una química basada en contrastes y complicidades, mientras actores como la notable Cardellini y el añoso Richard Jenkins (el patriarca de Six Feet Under) enriquecen el universo narrativo. Lo grisáceo y azulino de la fotografía colabora con ese tufillo siniestro que la miniserie emana, así como algunas de las escenografías en donde se celebran los interrogatorios policiales. 

Por todo lo antedicho, para quienes se dejen llevar por su tono excéntrico y su estructura poco convencional, DTF St. Louis ofrece una experiencia singular: más interesada en diseccionar vidas que en resolver enigmas, más cercana al absurdo que al suspenso. (La plataforma ha emitido 4 episodios de un total de 7)

Muy recomendada.

5. Película para ver en YouTube: Les biches

El argumento de Las dulces amigas -tal como se la conoció en ocasión de su estreno en nuestro país en 1969- se despliega como un minué de seducción y dominio: Frédérique, sofisticada y depredadora figura burguesa interpretada por Stéphane Audran, recoge en las calles de París a Why, una joven artista marginal encarnada por Jacqueline Sassard, y la introduce en su mundo de lujo ocioso que pronto se traslada a Saint-Tropez. La irrupción de Paul (Jean-Louis Trintignant), un arquitecto muy ambiguo en su accionar, desestabiliza el vínculo inicial y convierte la relación en un triángulo donde el deseo se entrelaza con estrategias de posesión. 

El film dialoga de manera fértil con Persona de Ingmar Bergman en su exploración de la disolución identitaria entre dos mujeres. Pero mientras Bergman radicaliza esa fusión hacia lo abstracto, Claude Chabrol la sitúa en un tablero social concreto: el dinero, la clase y el poder como motores del deseo. Why no solo ama o desea a Frédérique, sino que la copia, la reemplaza, la devora simbólicamente hasta borrar la diferencia entre original y duplicado. Esa imposibilidad de distinguir entre ambos polos, sugerida incluso en una escena donde no se puede discernir entre una obra original y su copia, convierte la identidad en una superficie porosa e intercambiable.

Dentro de la filmografía de Chabrol, Las dulces amigas marca el inicio de su llamada etapa de madurez, donde la disección de la burguesía y sus valores se vuelve central. Seguida por una sucesión de títulos afortunados: El carniceroLa bestia debe morirLa mujer infielAntes del anochecer (todas realizadas en un periodo de 3 años), es aquí en donde cristalizan sus obsesiones: la decadencia de clase, el ocio como forma de vacío existencial y el crimen como desenlace lógico de un sistema de relaciones basado en la dominación. La película no es tanto un relato sobre el amor como sobre el poder, donde la sexualidad aparece como síntoma y no como causa. El propio Chabrol definía a Paul como un "hombre-objeto", subrayando que el verdadero eje es la relación entre Frédérique y Why, estructurada como un juego de sumisión y apropiación.

Uno de los elementos más fascinantes en el universo de Chabrol es la "opacidad de motivaciones" que atraviesa a los personajes. Sus acciones parecen responder a impulsos difusos, como si ni ellos mismos comprendieran del todo las fuerzas que los gobiernan. Incluso el nombre de Why funciona como un gesto irónico, una pregunta sin respuesta. Esta ambigüedad no es una falla del guion, sino una estrategia deliberada: Chabrol rehúye toda psicología explicativa para construir un mundo donde los comportamientos emergen como reflejo de una estructura social vaciada de sentido.

El estilo del director se manifiesta en una puesta en escena de precisión casi entomológica. La cámara, ágil pero contenida, se desliza sobre cuerpos indolentes en espacios luminosos, generando una tensión entre la claridad visual y la opacidad moral. La fotografía de Jean Rabier acentúa esta dualidad: imágenes nítidas que, sin embargo, no ofrecen certezas. Chabrol compone así una disonancia cultivada, donde cada elemento parece en equilibrio, pero esconde una perturbación subterránea.

El universo burgués aparece como un teatro de juegos: fiestas, partidas de póker, dados que ruedan como símbolos de un azar controlado. Frédérique se mueve en ese espacio como una jugadora profesional, utilizando el dinero como principal instrumento de poder. Es su riqueza, más que cualquier superioridad intelectual, la que le permite atraer, moldear y descartar a quienes la rodean. La villa en la Riviera, despojada del bullicio estival, se convierte en un escenario de ocio absoluto, donde la inactividad engendra aburrimiento y el aburrimiento, a su vez, violencia.

En última instancia, Las dulces amigas subvierte las convenciones incluso en su desenlace, evitando tanto la condena moral como la victimización. El crimen no se presenta como anomalía, sino como expresión última de un mundo donde las relaciones humanas han sido reducidas a la vampirización emocional. Chabrol construye así una obra de una ambigüedad perturbadora, donde el deseo no tiene color ardiente sino tonalidades apagadas, y donde la elegancia formal encubre una violencia helada, casi inevitable. Como un espejo pulido hasta el exceso, la película no devuelve una imagen clara, sino un reflejo inquietante de una sociedad que ya no distingue entre original y copia, entre amor y dominación.

Imperdible.

Nota: la copia que exhibe la plataforma es de gran calidad e incluye subtítulos que se activan presionando el cuadradito correspondiente.

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