Qué ver en streaming: evasión millonaria, niñeras sanguinarias y deseo adolescente que estalla
Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, Prime Video, HBO, Disney Plus y Flow.
1. Miniserie para ver en Flow: Celeste
Esta miniserie española inspirada libremente en los conflictos fiscales de Shakira, construye su argumento a partir de una premisa tan inusual como fértil: el último caso de una inspectora de Hacienda que, en vísperas de su jubilación, debe probar que una estrella del pop ha residido en España el tiempo suficiente como para deber una suma millonaria al fisco. Lo que en apariencia podría desplegarse como comedia deriva en un artefacto más áspero, un "thriller tributario" en palabras de su creador Diego San José, donde la tensión no se apoya en la violencia física sino en la acumulación de indicios, documentos y estrategias legales. La serie reformula con inteligencia los códigos del policial clásico, desplazando la acción del submundo criminal a la arquitectura invisible del dinero.
En esa operación de reescritura genérica, Celeste respeta y a la vez subvierte los elementos tradicionales del noir: hay una aprendiz —aunque aquí sea una funcionaria recién llegada—, un colaborador ambiguo que sustituye al informante callejero, y un gran caso que irrumpe en el ocaso profesional de la protagonista. Incluso los dispositivos visuales se reinventan: el mítico tablero lleno de fotos y conexiones se transforma en un calendario saturado de pegatinas, mientras que las pesquisas ya no recorren barrios marginales sino archivos, reservas y rastros mediáticos. Este desplazamiento convierte lo administrativo en terreno dramático, como si cada formulario escondiera una pequeña bomba narrativa.
El trabajo de la inefable Carmen Machi es superlativo. Su Sara Santano es una figura compleja, atravesada por contradicciones: meticulosa hasta la obsesión, irónica, a ratos mezquina, pero también vulnerable. Machi consigue que el espectador no solo tolere esas aristas, sino que encuentre en ellas la clave de su humanidad. Su motivación inicial —una mezcla de aburrimiento y necesidad de aferrarse a algo antes del retiro— evoluciona hacia una implicación más profunda, casi personal, alimentada por el fantasma de un caso anterior fallido. Su método combina paciencia, intuición y una persistencia que roza lo enfermizo.
A su alrededor, los personajes amplían el espectro moral de la historia. Clara Sans encarna a la discípula que todavía cree en la transparencia del sistema, mientras que Manolo Solo da vida a un paparazzo solitario y escurridizo, cuyas conversaciones con Sara destilan una melancolía propia del noir más crepuscular. Andrea Bayardo, en el papel de Celeste, evita el cliché de la diva inaccesible y compone una figura más ambigua, atrapada entre su imagen pública y una red de asesores que operan como verdaderos arquitectos de su destino fiscal. En este universo, nadie es completamente inocente ni completamente culpable; todos navegan en una zona gris donde la ley se interpreta más de lo que se aplica.
Dirigida con precisión por Elena Trapé, la serie encuentra su fuerza en los detalles mínimos y en una economía narrativa que convierte gestos cotidianos en revelaciones significativas: una factura que desvela una infidelidad, un cambio de foco que reconfigura una escena, un desplazamiento de cámara que sugiere distancia emocional. Aunque algunas incursiones en la vida privada de la protagonista resultan menos logradas, Celeste -con sus 6 episodios de 30 minutos- se consolida como una propuesta singular dentro de la ficción española reciente: un relato de tono agridulce que, bajo la apariencia de un thriller, traza una crítica punzante a un sistema donde los más poderosos siempre parecen encontrar la grieta por la que escapar, dejando tras de sí una estela de sospecha y desencanto.
Muy recomendada.
2. Serie para ver en Netflix: Harry Hole
Basada en la popular saga literaria del autor noruego Jo Nesbo, la serie construye su argumento en torno a un policía brillante pero autodestructivo que debe enfrentarse simultáneamente a sus demonios internos y a una serie de crímenes cada vez más inquietantes. Harry Hole, que parecía haber logrado cierto equilibrio en su vida gracias a su relación con Rakel, se ve arrastrado nuevamente al abismo tras el asesinato de su compañera Ellen, un hecho que además despierta sus sospechas sobre la corrupción de su colega Tom Waaler. Incapaz de probarlo y emocionalmente desbordado, Hole vuelve a refugiarse en el alcohol justo cuando la ciudad de Oslo se estremece por una cadena de asesinatos rituales, marcados por una perturbadora firma: un diamante rojo.
En términos de género, la serie se inscribe dentro del noir nórdico, aunque con una inflexión claramente "estadounidense". Más que centrarse en el comentario social característico del policial escandinavo, aquí el foco se desplaza hacia la psicología del mal y la lucha individual del protagonista contra sí mismo y contra un sistema que lo excede. La narrativa adopta los códigos del thriller clásico —el detective atormentado, el antagonista ambiguo, la investigación fragmentaria—, pero los expande hasta rozar, en ciertos momentos, el terreno del horror doméstico. Incluso la estética se aparta del canon grisáceo habitual, incorporando tonalidades cálidas que contrastan con la oscuridad moral del relato.
El reparto contribuye de manera decisiva a sostener esta tensión. Tobias Santelmann encarna a Harry Hole con una mezcla de desgaste físico y obstinación que, si bien por momentos roza el arquetipo del detective alcohólico, logra transmitir la fragilidad del personaje. A su lado, Pia Tjelta aporta contención emocional como Rakel, mientras que Joel Kinnaman se adueña de la pantalla en el rol de Tom Waaler, un policía tan carismático como inquietante, cuya ambigüedad moral introduce una inestabilidad constante en la narrativa. Ingrid Bolsø Berdal, en el papel de Ellen, funciona como detonante trágico, mientras que otros personajes secundarios, como la técnica forense dotada de memoria excepcional, amplían el universo de la investigación.
La serie -a lo largo de sus 9 episodios de 50 minutos- despliega una estructura ambiciosa que combina múltiples líneas narrativas: la caza del asesino serial, los conflictos internos de Hole, las tensiones dentro del cuerpo policial y hasta enfrentamientos entre bandas criminales. Sin embargo, esta abundancia de elementos termina jugando en su contra. A lo largo de sus episodios, la historia tiende a dispersarse, perdiendo foco y diluyendo parte de la tensión inicial. Aun así, ofrece momentos de gran intensidad, especialmente cuando se concentra en la figura de Waaler o en los aspectos más oscuros de la investigación.
En definitiva, Harry Hole se presenta como una adaptación sólida pero irregular, un producto que evidencia tanto el potencial de la obra original como ciertas dificultades para condensar su complejidad en formato televisivo, acudiendo a un archivo de estereotipos y una apariencia que le otorgan un aire sintético.
Recomendada.
3. Pelicula para ver en HBO Max: La virgen de la tosquera
Esta película, dirigida por Laura Casabé y basada en relatos de Mariana Enríquez adaptados por Benjamín Naishtat, construye su argumento a partir de un verano sofocante en la Argentina de 2001, donde la joven Natalia atraviesa el umbral de la adultez entre el deseo, los celos y una creciente sensación de amenaza. Obsesionada con conquistar a Diego, un chico apenas mayor, su mundo se desestabiliza con la irrupción de Silvia, una mujer más experimentada que altera el delicado equilibrio de su grupo de amigas. En paralelo, una serie de signos inquietantes —un carro abandonado por un mendigo, episodios de violencia inexplicable, rumores de una maldición— comienzan a filtrarse en su vida cotidiana, hasta que lo íntimo y lo social confluyen en un estallido donde la furia adolescente adquiere dimensiones casi sobrenaturales.
Los climas que logra la película son uno de sus rasgos más singulares: Casabé construye una atmósfera densa, pegajosa, como si el calor del verano se adhiriera a la piel y a los pensamientos de los personajes. La tensión no proviene únicamente de lo fantástico, sino de una incomodidad más difusa y persistente, donde lo cotidiano se vuelve ligeramente extraño. La crisis económica que sacude al país funciona como un eco subterráneo del conflicto interior de Natalia, generando una sensación de inestabilidad constante. Así, la película se mueve entre el relato de iniciación, el realismo social y el horror, sin asentarse del todo en ninguno, como si cada escena respirara un aire cargado de electricidad antes de la tormenta.
En el centro de este dispositivo está Dolores Oliviero, cuya interpretación de Natalia captura con intensidad poco habitual la turbulencia emocional de la adolescencia. Lejos de caer en el histrionismo, su actuación se construye desde una contención que deja entrever capas de deseo, envidia y autodesprecio en ebullición. A su alrededor, Isabel Bracamonte y Candela Flores encarnan a las amigas cuya relación se resquebraja progresivamente, mientras que Fernanda Echeverría aporta a Silvia una ambigüedad seductora, casi espectral. Agustín Sosa, como Diego, funciona más como objeto de deseo que como personaje plenamente desarrollado, reforzando la idea de que el verdadero conflicto se libra en el interior de Natalia.
La dirección de Casabé se destaca por su capacidad para traducir estados emocionales en recursos formales. El uso subjetivo del sonido sumerge al espectador en la mente agitada de la protagonista, mientras que los motivos visuales —la sangre, el agua, los espacios abiertos pero asfixiantes— van tejiendo una red simbólica que anticipa el giro hacia el horror. La cámara, por momentos contemplativa y por momentos abrupta, acompaña ese vaivén entre languidez veraniega y estallidos de violencia, como si la película misma estuviera al borde de perder el control.
En su tramo final, La virgen de la tosquera logra articular sus múltiples capas en una resolución donde lo psicológico y lo fantástico convergen con fuerza. La rabia contenida de Natalia encuentra una salida brutal, transformando el relato en una experiencia visceral que trasciende el mero retrato generacional. Casabé no solo narra el dolor de crecer, sino que lo convierte en materia tangible, casi física, dejando una impresión persistente: la adolescencia, bajo ciertas condiciones, puede ser el más inquietante de los territorios.
Muy recomendada.
4. Miniserie para ver en Disney Plus: Dear Killer Nannies: Criado por sicarios
Este nuevo acierto de Sebastián Ortega, en lugar de narrar el ascenso y caída del narcotraficante Pablo Escobar, adopta el punto de vista de su hijo, "Juampi", un niño que crece rodeado de lujo, violencia y una anomalía afectiva inquietante, la de tener como niñeras a sicarios del cartel. El argumento se despliega como un relato de formación torcido, donde la infancia no es un refugio sino un campo minado, y donde el descubrimiento más doloroso no es la violencia exterior sino la comprensión progresiva de que el padre admirado es, en realidad, el arquitecto del horror.
La serie se mueve entre el relato de iniciación y el thriller criminal, pero encuentra su identidad en una zona más íntima, casi psicológica, donde resuenan ecos de The Sopranos: no tanto por la estructura mafiosa, sino por la exploración del trauma y sus reverberaciones en la subjetividad. Los clímax no están necesariamente en los tiroteos o persecuciones, sino en escenas más silenciosas y corrosivas: pesadillas, silencios incómodos, la incapacidad de Juampi para relacionarse con otros niños, o ese proceso devastador de "adultización" prematura. En ese sentido, la serie acierta al desplazar el espectáculo de la violencia hacia sus consecuencias emocionales, construyendo un retrato donde el verdadero campo de batalla es la mente del protagonista.
El trabajo actoral es uno de sus principales logros. Miguel Tamayo, en la etapa infantil de Juampi, ofrece una interpretación notablemente contenida y expresiva, evitando el golpe bajo y transmitiendo con precisión esa mezcla de inocencia y perturbación. Sus versiones posteriores (Miguel Ángel García y Janer Villareal) sostienen la continuidad emocional del personaje, aunque con menor impacto. Por su parte, los "niñeros" sicarios funcionan como un coro tan absurdo como inquietante, una especie de Enanitos en torno a Blancanieves: figuras de violencia que, sin embargo, ofrecen afecto, lealtad y hasta ternura en un contexto profundamente distorsionado. La presencia de John Leguizamo como Pablo Escobar es deliberadamente periférica, casi espectral, reforzando la idea de un padre más mítico que presente.
El guion adopta una estructura fragmentaria, con desplazamientos constantes entre distintas etapas de la vida del protagonista, lo que contribuye a dilatar el suspenso en torno a varias situaciones. Sin embargo, lo más llamativo reside en su ambigüedad ideológica: en su intento por humanizar la experiencia de Juampi, el relato llega por momentos a rozar una justificación del privilegio, sin someterlo a un verdadero examen crítico.
En este sentido, resulta significativo que la serie omita precisar de qué vive el afligido hijo de Pablo Escobar durante su exilio en la Argentina —el único país que lo acogió tras su paso por Mozambique—, mientras contrapone esa omisión con imágenes de un Juan Pablo "real" ya cercano a los cincuenta años, quien, mediante una voz en off teñida de arrepentimiento, articula amplios tramos del relato y aparece, por ejemplo, compartiendo el desayuno con su hijo. En paralelo, persisten hasta hoy en la prensa acusaciones de lavado de dinero vinculado, al menos en parte, con la violencia y el sufrimiento de miles de víctimas. Teniendo en cuenta esta salvedad, los 8 episodios son sumamente entretenidos.
Muy recomendada.
5. Película para ver en Prime Video y YouTube: 6 mujeres para el asesino
Este film del maestro Mario Bava (Domingo negro) despliega su argumento como un refinado juego de apariencias que pronto se convierte en una danza macabra: en una casa de alta costura, un grupo de modelos y diseñadores queda atrapado en una serie de asesinatos cometidos por una figura enmascarada. Todo comienza con la muerte de Isabella, cuyo diario compromete a casi todos los personajes, desatando una cadena de crímenes donde cada sospechoso parece esconder algo. Bajo la superficie glamorosa del atelier, emergen codicia, celos, drogas y chantajes y se tratará de descubrir quien cometió los homicidios.
En términos de género cinematográfico, la película se erige como una de las piedras fundacionales del "giallo", anticipando muchos de sus rasgos distintivos: el asesino fetichizado (gabardina, máscara, anonimato), la centralidad del cuerpo femenino como objeto de deseo y violencia, la intriga construida sobre identidades ambiguas y la estilización extrema del crimen. Bava no solo establece estos códigos, sino que los eleva a una forma casi operística, donde cada asesinato es coreografiado como un espectáculo visual. La violencia, lejos de ser meramente funcional, se convierte en un lenguaje estético que mezcla erotismo, horror y fascinación, delineando esa zona incómoda donde el espectador es tanto testigo como cómplice.
El estilo de Bava alcanza aquí una de sus cumbres. Heredero de su experiencia como director de fotografía y de una tradición que dialoga tanto con el expresionismo como con el melodrama cromático, construye un universo de colores saturados, luces irreales y decorados que parecen vitrinas de un museo decadente. La cámara se desliza con una elegancia casi hipnótica entre maniquíes, espejos y cortinados, como si el espacio mismo conspirara contra los personajes. En este sentido, su cine se emparenta más de lo que suele admitirse con Antonioni: bajo la opulencia visual se esconde una profunda descomposición moral. La belleza no es aquí redentora, sino una superficie que encubre la podredumbre.
El elenco funciona como piezas de ese mecanismo perverso. Cameron Mitchell y Eva Bartok encarnan a las figuras de autoridad que administran ese microcosmos corrupto, mientras que las modelos —interpretadas por actrices como Mary Arden o Ariana Gorini— oscilan entre la sensualidad y la vulnerabilidad, convertidas en cuerpos expuestos tanto al deseo como a la destrucción. Más que personajes psicológicamente complejos, son figuras que encarnan roles dentro de una maquinaria simbólica, donde cada gesto y cada mirada parecen coreografiados para alimentar la tensión.
Pero es en la concepción misma de la mirada donde Bava introduce una dimensión más inquietante. Los maniquíes dispersos por el decorado no son simples elementos escenográficos: funcionan como duplicados inertes de los personajes, reflejando una sociedad que cosifica el cuerpo hasta volverlo indistinguible de un objeto. El asesino, que observa sin ser visto, encarna esa lógica llevada al extremo. Sin embargo, en un giro poco habitual dentro del género, Bava sugiere una fisura en esa mirada: el reconocimiento tardío de la humanidad de las víctimas. Así, 6 mujeres para el asesino no solo funda un estilo, sino que también lo interroga, revelando que bajo el brillo del artificio siempre late una incomodidad más profunda, como si la belleza misma estuviera manchada desde su origen.
Muy recomendada.
Nota: la versión de YouTube está doblada al español.
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