Qué ver en Netflix, Prime Video y Max: las mejores series y películas para el fin de semana
Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , Prime Video, y Max.
1. Miniserie para ver en Netflix: Sirenas
Esta fantasía gótica —basada en una obra de teatro de Molly Smith Metzler— sostiene que el casamiento no es necesariamente lo mejor que puede sucederle a una señorita, y que su rol sigue estando subordinado a que el dueño de casa pueda seguir rascándose... los lóbulos de las orejas.
La trama gira en torno a la ampulosa mansión de los Kell, ubicada en una de las islas del estuario de Long Island y en donde confluyen todos los personajes. Quien detona el conflicto es Devon (Meghann Fahy), que, desbordada por la incipiente demencia de su padre, llega desde Buffalo en busca de su hermana. Esta ha sido captada por la señora Kell (Julianne Moore), decidida a transformar a la joven Simone (Milly Alcock) en un monstruo del control, a su imagen y semejanza.
Así, a pesar de sus esfuerzos, Devon se enfrentará a múltiples resistencias, al igual que los pájaros rescatados por la señora Kell, que terminan estrellándose contra los ventanales de la mansión.
Hay numerosas y variadas fiestas con fines benéficos —o supuestamente tales— que sirven como excusa para que las damas luzcan los atuendos más excéntricos, en un derroche de lujo y colores pasteles... Pero las noches en la mansión son sombrías. El señor Kell (Kevin Bacon) se la pasa fumando a oscuras, en una habitación en lo más alto de la residencia.
Es una lástima que, en el cuarto episodio, el guion se empantane al convertir la mansión en una suerte de taller de chapa y pintura para gente rota. Por suerte, el gancho para pasar al siguiente episodio es lo suficientemente atractivo como para seguir el recorrido de las tres protagonistas, dos de las cuales recibirán el premio mayor: la independencia, un premio que, en un primer momento, podría parecer una derrota.
Salvando ese bache, Sirenas es una mezcla de drama y sátira con algunos toques de suspenso, sazonada con una pizca de Las poseídas de Stepford (Bryan Forbes, 1975) y otra de la Rebecca de Hitchcock. La serie combina un elenco sólido con una puesta en escena suntuosa que resulta visualmente impactante.
Julianne Moore repite un rol similar al que interpretó en Secretos de un escándalo (Todd Haynes, 2023), aunque aquí con subrayados más intensos. Siempre es un placer verla, y esta es una de las principales razones para recomendar la serie. Meghann Fahy, que se destacara en la segunda temporada de The White Lotus, aporta a su problemático personaje una belleza atlética y cierto desparpajo. La joven Alcock, con su pelo rubio maíz, recuerda a una versión recargada de la muñeca M3GAN. Por su parte, el señor Bacon —siempre elegantemente vestido— se pasea relamiéndose los labios como un lobo al acecho de Caperucita.
El canto al que algunas de estas Sirenas responden es el del dinero y las ansias de poder. No puede terminar bien...
Recomendada.
2. Miniserie para ver en Max: Un hombre decente
Pawel es un reconocido cardiocirujano en un hospital de Varsovia. Con años de experiencia y a punto de ser ascendido a director, su carrera parece estar en su mejor momento. Su esposa, Anna, es abogada y acaba de concretar una operación importante: la compra de una cadena de farmacias. La estabilidad familiar se ve sacudida cuando su hijo, Malek, es brutalmente golpeado por Arek, un chico violento e incontrolable. La escuela, incapaz de intervenir eficazmente, deja al matrimonio en busca de justicia por mano propia.
La madre de Arek, también abogada, propone un arreglo extrajudicial, pero Anna y Pawel lo rechazan. Es entonces cuando Pawel comete un acto que lo alejará irremediablemente de la decencia, trastocando la vida de todos los que lo rodean.
Esta miniserie polaca de seis episodios es un drama con toques de neo noir, con el suficiente suspenso como para mantener al espectador pegado a la pantalla. A lo largo de la historia, Pawel encontrará una especie de liberación del mandato paterno —su padre, también cirujano, ya retirado— aunque no por los medios más nobles.
En su descenso, Pawel humillará, golpeará, será golpeado, será infiel, desafiará a las autoridades y descubrirá que, de un modo u otro, todos a su alrededor están comprometidos en prácticas corruptas o éticamente cuestionables.
Al final del recorrido, el personaje habrá llevado al extremo la noción de "decencia", estirándola hasta casi romperla.
Con un elenco sólido, una notable construcción de climas y atmósferas, y una narrativa atrapante, esta producción de Max tiene mucho para ofrecer.
Recomendada.
3. Miniserie para ver en Netflix: 13 de noviembre: Atentados en París
Este documental es una de las aproximaciones más íntimas, sobrias y conmovedoras a los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París. Dirigido por los hermanos Jules y Gédéon Naudet —quienes ya habían investigado los ataques del 11S en Nueva York—, evita el lugar común del documental sensacionalista o explicativo. En cambio, ofrece una narración centrada en las voces de las víctimas, testigos y socorristas, para construir una crónica coral que privilegia la experiencia subjetiva por sobre la información técnica o ideológica.
Dividida en tres episodios, la miniserie reconstruye los ataques terroristas perpetrados por extremistas del Estado Islámico que, en cuestión de horas, convirtieron la ciudad en un campo de guerra: explosiones en el Stade de France, tiroteos en cafés y restaurantes del 10° y 11° distrito, y la masacre en el Bataclan, donde murieron 90 personas durante un concierto. En total, 130 víctimas fatales y más de 400 heridos. A una década del horror, 13 de noviembre encuentra en el documental una herramienta para dar forma al trauma colectivo desde lo más íntimo.
Los Naudet eligen no mostrar a los atacantes, ni explicar sus motivaciones. No hay reconstrucciones gráficas, ni mapas del terrorismo global. En cambio, se concentran en lo que significa vivir —y sobrevivir— a una noche como aquella.
La puesta en escena es mínima: primeros planos sobrios, fondos neutros, montaje limpio. De tanto en tanto se intercalan grabaciones de teléfonos celulares o fragmentos de llamadas, pero el peso narrativo está en los testimonios. Lo que podría parecer un recurso limitado se transforma en su mayor virtud. El documental renuncia al artificio y, al hacerlo, se acerca al cine testimonial más potente. La voz humana, sin filtros ni adornos, tiene aquí un poder devastador.
En ese sentido, 13 de noviembre se inscribe más en la tradición del cine de la memoria que en la del documental periodístico. No se trata de entender el terrorismo, sino de visibilizar lo que deja a su paso: cuerpos marcados, vidas fragmentadas, duelos en proceso. En un momento donde los relatos sobre violencia suelen abusar de la espectacularidad, esta apuesta por lo íntimo y lo austero se vuelve ética, casi política.
Cada episodio aborda un aspecto distinto de la jornada. El primero ofrece un panorama general de la noche y su inicio en el Stade de France, donde incluso el entonces presidente François Hollande debió ser evacuado. El segundo, mucho más crudo, se enfoca exclusivamente en el ataque al Bataclan. A través de múltiples relatos que se superponen y se entrecruzan —víctimas escondidas, simulando estar muertas, corriendo a ciegas— se construye un relato fragmentado, pero profundamente efectivo. La tercera parte, centrada en el día después, en la desolación, la respuesta ciudadana y el trauma a largo plazo, cierra el recorrido con un tono contenido pero conmovedor.
Los testimonios están cuidados al detalle, y el montaje favorece un efecto de acumulación emocional: no es un archivo de víctimas locuaces, sino una coreografía del duelo. Entre los entrevistados hay personal de emergencia, el propio Hollande, pero también muchas personas anónimas cuya presencia esa noche fue puro azar.
Muy recomendada.
4. Película para ver en Max: Mickey 17
El film más reciente de Bong Joon-ho, nos transporta a un futuro distópico donde la humanidad intenta colonizar el planeta helado Niflheim. Basada en una novela de Edward Ashton, la historia sigue a Mickey Barnes (Robert Pattinson), un trabajador clasificado como "prescindible", cuya labor consiste en realizar misiones suicidas en nombre del progreso humano. Cada vez que muere, su cuerpo es reemplazado por un clon idéntico con los mismos recuerdos, lo que plantea una inquietante exploración de la identidad, la individualidad y la alienación en sistemas de trabajo extremo. A través de esta premisa, Bong despliega una sátira de ciencia ficción en la que critica con lucidez y humor negro la explotación laboral, el autoritarismo y el capitalismo que convierte al ser humano en un recurso descartable.
La dirección de Bong Joon-ho combina géneros con su ya reconocible maestría: ciencia ficción, comedia absurda, thriller y drama íntimo se entrelazan para construir un relato que, sin abandonar su ingenio visual, se atreve a reflexionar sobre la deshumanización en entornos de alta tecnología. No obstante, el trazo satírico se vuelve excesivamente caricaturesco en ciertos momentos, en especial en la representación de los antagonistas, como el líder narcisista de la misión, Kenneth Marshall (Mark Ruffalo), y su esposa Ylfa (Toni Collette), figuras que encarnan el cinismo de las élites al mando de proyectos coloniales disfrazados de heroísmo.
Robert Pattinson realiza una labor notable en el rol principal, diferenciando con sutileza las múltiples réplicas de Mickey que van emergiendo a lo largo del relato. Su interpretación revela una creciente angustia existencial, a medida que el personaje empieza a cuestionar su rol dentro del sistema y su propia autenticidad. La relación con Nasha (Naomi Ackie), su compañera sentimental, le otorga una dimensión afectiva que contrasta con la fría brutalidad del entorno espacial. Como en sus trabajos anteriores, Bong Joon-ho no se limita a construir una fábula distópica con atmósfera; también plantea dilemas éticos y políticos que resuenan con una fuerza inquietante en el presente.
Si bien Mickey 17 -como las anteriores películas en inglés del director- no alcanza la perfección de Parásitos, ofrece una experiencia cinematográfica rica, provocadora y visualmente inventiva. El film logra un balance entre el entretenimiento y la crítica mordaz, dejando al espectador con la sensación de haber asistido a una fábula futurista tan divertida como inquietante. Pattinson brilla como un antihéroe atrapado entre la obediencia y la rebelión, mientras Bong confirma una vez más su talento para convertir lo grotesco en espejo lúcido de nuestro tiempo.
Recomendada.
5. Película para ver en Prime Video: El secreto de Roan Inish
Dirigida por John Sayles en 1994, esta delicada fábula entrelaza con sensibilidad el realismo cotidiano con la mitología celta. Basada en la novela de Rosalie K. Fry, la historia se centra en Fiona, una niña de diez años que, tras perder a su madre y verse separada de su padre enfermo, es enviada a vivir con sus abuelos en la escarpada costa oeste de Irlanda. Allí, rodeada de relatos antiguos y paisajes brumosos, Fiona se sumerge en una leyenda familiar que afirma que su hermano menor, desaparecido años atrás, fue llevado por las míticas selkies —criaturas marinas que adoptan forma humana— a la isla deshabitada de Roan Inish. Su silenciosa convicción y su voluntad de recuperar al niño perdido marcan el eje emocional del relato.
John Sayles, una figura esencial del cine independiente estadounidense, sorprende aquí al desplazarse de sus habituales retratos sociales —como los de Matewan (1987), una crónica sobre las luchas obreras, o City of Hope (1991), una mirada coral sobre la corrupción urbana— hacia el terreno del realismo mágico, sin perder la profundidad ética que caracteriza su obra. Como guionista, editor y director de esta película, Sayles demuestra una vez más su dominio de la narración precisa, comprometida con el desarrollo de personajes y el respeto por las comunidades que retrata. En El secreto de Roan Inish no impone una visión externa sobre la cultura irlandesa, sino que se adapta a su ritmo, a su oralidad, a sus silencios y a la fuerza simbólica del paisaje.
La película pertenece a ese territorio liminal entre el drama intimista y la fantasía folclórica, y logra una alquimia poco frecuente: conmover sin sentimentalismos y maravillar sin artificios. La interpretación de Jeni Courtney como Fiona es fundamental para ello. La joven actriz, en su debut cinematográfico, sostiene con una mezcla de gravedad y dulzura el peso emocional de la historia. A su alrededor, actores como Mick Lally y Eileen Colgan, que interpretan a los abuelos, refuerzan la autenticidad del entorno familiar con actuaciones contenidas y cálidas. La película confía en la mirada infantil, en la fe de Fiona, para abrir paso a lo extraordinario dentro de lo cotidiano.
La dirección de fotografía, a cargo del reconocido Haskell Wexler (Medium Cool, ¿Quién le teme a Virginia Woolf?, Esta tierra es mi tierra) refuerza este cruce entre realismo y mito. Rodada en los paisajes del condado de Donegal, Irlanda, la película transforma el entorno natural —acantilados, playas grises, casas de piedra abandonadas— en un espacio cargado de historia, duelo y esperanza. El paisaje no es mero telón de fondo, sino un protagonista silencioso que refleja el estado emocional de los personajes y su pertenencia a una tradición que sobrevive en la tierra, en el mar y en la memoria oral. Las imágenes construyen un tono contemplativo, sin estridencias, que armoniza con la musicalidad de los relatos tradicionales que atraviesan el film.
A diferencia de otras películas sobre niños, El secreto de Roan Inish evita los efectos especiales o las resoluciones fáciles. Sayles privilegia la sugerencia, el poder de lo no dicho, y en ese gesto de contención logra una profundidad emocional notable. Como en sus obras anteriores, el director se interesa más por las estructuras invisibles que moldean la vida de las personas —en este caso, el peso del pasado, el poder de los mitos, la resiliencia frente a la pérdida— que por la espectacularidad narrativa.
El resultado es una obra serena y luminosa, capaz de dialogar con públicos de todas las edades. En tiempos en que la fantasía suele estar saturada de artificio, El secreto de Roan Inish propone un retorno a lo esencial: la narración oral, la conexión con la tierra, la mirada esperanzada de la infancia.
Imperdible.
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