ENTRETENIMIENTO

Qué ver en Netflix, Prime Video, Apple TV y Mercado Play: las mejores series y películas para el fin de semana

Del terror psicológico al drama histórico, estas son las mejores series y películas para un finde de sillón. Streaming, cine y recomendaciones que valen la pena.
Qué ver en Netflix, Prime Video, Apple TV y Mercado Play: las mejores series y películas para el fin de semana
Oscar Mainieri 20-05-2025
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Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , Prime Video, Apple TV y Mercado Play.

1. Miniserie para ver en Netflix: Los secretos que ocultamos

Esta miniserie danesa (ocho episodios de media hora) que gira en torno a la desaparición de Ruby Tan, una joven au pair filipina que trabajaba en un exclusivo barrio del norte de Copenhague. Su repentina ausencia despierta las sospechas de Cecilie (Marie Bach Hansen), una vecina que, con la ayuda de su propia au pair, Angel (Excel Busano), decide investigar los rumores que comienzan a circular en la comunidad. A medida que profundiza en su búsqueda, Cecilie va desentrañando una compleja red de mentiras, privilegios y abusos que pone en entredicho la aparente armonía del vecindario.

La figura de la au pair, en principio, corresponde a la de una joven que participa en un programa de intercambio cultural y que reside con una familia anfitriona en el extranjero, colaborando en el cuidado de los niños y en tareas domésticas ligeras. A cambio, recibe alojamiento, manutención y una modesta asignación económica. En teoría, se trata de una oportunidad para ampliar horizontes culturales, perfeccionar un idioma y adquirir experiencia personal. No obstante —aunque parezca innecesario recordarlo—, este acuerdo no contempla en modo alguno obligaciones que vayan más allá de lo doméstico o educativo, pese a que algunas interpretaciones interesadas tiendan a tergiversarlo.

A la investigación se suma la detective Aicha Petersen (Sara Fanta Traore), quien pronto se encuentra con la indiferencia institucional y las trabas impuestas por las autoridades locales. Sin embargo, la resistencia no proviene solo de los organismos oficiales: Cecilie también debe enfrentar el silencio y la complicidad de sus propios vecinos, los Hoffmann, una influyente familia propietaria de un conglomerado industrial. Amigos cercanos tanto de ella como de su esposo (Lars Ranthe) —quien, además, trabaja para ellos—, los Hoffmann se ven directamente implicados en el caso, ya que Ruby trabajaba para ellos en el momento de su desaparición.

El guion de la serie aborda temas como el privilegio, la desigualdad y la justicia, aunque lo hace desde una narrativa más inclinada al suspenso que a la crítica social explícita. La información se dosifica con precisión, manteniendo una tensión constante mientras se revelan, poco a poco, las verdaderas motivaciones de cada personaje. Las interpretaciones son especialmente destacables, con una Marie Bach Hansen muy sólida en un personaje bien construido y una potente actuación de Danica Curcic como la señora Hoffmann, quien aporta intensidad emocional a través de sus arrebatos y contradicciones.

En lo visual, la serie apuesta por una estética cuidada y ostentosa: mansiones imponentes, vehículos de alta gama y un diseño de producción meticuloso contribuyen a construir una atmósfera de lujo y exclusividad, que el relato se encarga gradualmente de descomponer. Con un doble giro final bien ejecutado, Los secretos que ocultamos se consolida como un thriller elegante y efectivo, ideal para una tarde de entretenimiento.

Recomendada.

2. Serie para ver en Apple TV: El estudio

Esta comedia satírica, creada por Seth Rogen, Evan Goldberg, Peter Huyck, Alex Gregory y Frida Perez, ofrece una mirada crítica y humorística a los mecanismos y absurdos de la industria cinematográfica de Hollywood actual, retomando el espíritu de Las reglas del juego (1992), aquel film señero de Robert Altman.

La propuesta de Rogen es menos mordaz y cínica que la de Altman, pero irradia un profundo amor por el cine, un arte que parece diluirse entre secuelas, remakes y películas de superhéroes. Ese amor impulsa a Matt Remick (interpretado por el propio Rogen), un cinéfilo apasionado que, de manera inesperada, es ascendido a jefe de Continental Studios, una productora en decadencia. A lo largo de la serie, Matt se esfuerza por conciliar su idealismo cinéfilo con las exigencias comerciales y corporativas del negocio, enfrentándose a proyectos absurdos y decisiones comprometedoras que ponen a prueba su integridad y sus dotes de liderazgo.

Como en la película de Altman, el primer episodio abre con un extenso plano secuencia que introduce a Remick en su nuevo territorio de acción como jefe de estudio. Allí se cruzará con varios personajes clave: Patty Leigh (Catherine O'Hara), antigua directora del estudio y mentora de Matt, cuya abrupta salida lo deja en una situación incómoda; Sal Saperstein (Ike Barinholtz), vicepresidente de producción y amigo íntimo de Matt, cuya visión pragmática y a menudo cínica del cine genera tensiones; Quinn Hackett (Chase Sui Wonders), ex asistente de Matt, ahora ascendida a ejecutiva junior, ambiciosa y con una mirada renovadora sobre la industria; y Maya Mason (Kathryn Hahn), jefa de marketing del estudio, directa y sin rodeos, que aporta una perspectiva realista y en ocasiones cáustica sobre las estrategias empresariales.

La serie se enriquece además con numerosas apariciones especiales de figuras destacadas del cine interpretándose a sí mismas, como Martin Scorsese, Sarah Polley, Ron Howard, Charlize Theron, Zoë Kravitz y Bryan Cranston, entre otros.

Cada episodio ofrece una nueva peripecia cargada de referencias cinéfilas. En uno, el encargo de Matt consiste en desarrollar una película basada en el jugo en polvo Kool-Aid, lo que lo lleva, en un giro delirante, a considerar a Martin Scorsese como posible director, con resultados cómicos y absurdos. En otro episodio, enteramente filmado en plano secuencia, Matt visita un set dirigido por Sarah Polley, quien intenta rodar una escena del mismo modo: la intromisión constante de Matt genera un caos que funciona graciosamente a la vez que el recurso del plano secuencia funciona como una parodia metatextual. En un tercero, un rollo de película desaparece y reponerlo implicaría un gasto que Matt no está dispuesto a asumir. En clave de film noir, con claroscuros estilizados y referencias explícitas a Barrio Chino (Roman Polanski, 1974) y Un largo adiós (Robert Altman, 1973), Matt se convierte en una suerte de Sam Spade enfrentado a una mujer fatal y a los enigmas del estudio.

Los guiones, muy precisos, permiten que cada episodio (de los diez que componen la temporada) plantee y resuelva sus conflictos en apenas 25 minutos. Los amantes del cine encontrarán múltiples motivos de disfrute en la densidad de guiños y citas: desde el uso de una banda sonora de bajo perfil que subraya el ritmo narrativo -como en la película señera de Altman- hasta la repetición de motivos musicales al estilo de Un largo adiós, que tenía a Philip Marlowe como protagonista.

Con un elenco de lujo que respalda con solidez y brillo las desventuras de Rogen -un comediante eficaz-, una puesta en escena dinámica, un ingenioso tratamiento visual de su "noche americana", y una batería de ocurrencias agudas, El estudio se impone como una de las series más destacadas de la temporada.

Imperdible, especialmente para los cinéfilos.

3. Miniserie para ver en Netflix: Fred y Rose West: Una historia de terror británica

Esta serie documental en tres partes, dirigida por Dan Dewsbury, ofrece una exploración exhaustiva de los crímenes cometidos por Fred y Rose West, una pareja británica responsable de una cadena de asesinatos perpetrados entre 1967 y 1987.

El guion se centra en la investigación y los actos atroces de los West, quienes secuestraron, torturaron, violaron y asesinaron al menos a doce mujeres jóvenes, incluida su propia hija, Heather. Muchos de estos crímenes ocurrieron en su residencia de Gloucester, tristemente conocida más tarde como la "Casa de los Horrores".

El documental se apoya en grabaciones policiales recientemente desclasificadas y testimonios en primera persona para reconstruir los hechos. Este enfoque ofrece una mirada minuciosa sobre cómo la pareja cometió sus crímenes y cómo finalmente fue desmantelada su red de abusos.

Algunos de sus momentos más perturbadores se dan al escuchar la voz de Fred West respondiendo a los interrogatorios. Consultado sobre cómo desmembró el cuerpo de su hija antes de enterrarlo en el jardín, responde con escalofriante frialdad: "con el cuchillo de cortar el pan".

Dewsbury dirige la serie con un tono sobrio que equilibra el rigor investigativo con una profunda sensibilidad hacia las víctimas. La producción se destaca por el uso de material de archivo inédito —grabaciones de audio y video de las investigaciones policiales— que le confiere una autenticidad sobrecogedora. Lejos del sensacionalismo, la serie opta por una presentación cuidadosa y centrada en los hechos.

Fred y Rose West fueron responsables de una secuencia de crímenes que estremecieron al Reino Unido. Sus víctimas, en su mayoría jóvenes vulnerables, sufrieron abusos sexuales y torturas antes de ser asesinadas. Los restos de varias de ellas fueron hallados enterrados en el sótano y en el jardín de su casa, ubicada en el número 25 de Cromwell Street, Gloucester. Fred fue arrestado en 1994 y se suicidó en prisión en 1995, antes de enfrentar juicio. Rose, por su parte, fue condenada ese mismo año por diez asesinatos y sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Fred y Rose West: Una historia de terror británica es una serie documental imprescindible para quienes siguen el género basado en crímenes reales. Su enfoque riguroso y respetuoso, junto con el valioso material de archivo inédito, ofrece una mirada profunda, inquietante y necesaria sobre uno de los casos más siniestros en la historia criminal del Reino Unido.

Imperdible.

4. Película para ver en Prime Video: La hermandad silenciosa

Este thriller policial dirigido por el australiano Justin Kurzel se inspira en hechos reales y narra la infiltración y posterior desmantelamiento de un grupo supremacista blanco en Estados Unidos.

Ambientada en 1983, la historia sigue al agente del FBI Terry Husk (Jude Law), quien es enviado a la apacible ciudad de Coeur d'Alene, Idaho, para investigar una serie de robos a bancos y vehículos blindados. Pronto descubre que estos crímenes están vinculados a "La Orden", una organización paramilitar liderada por Bob Mathews (Nicholas Hoult), cuyo objetivo es financiar una guerra racial contra el gobierno federal. Con la colaboración del joven policía local Jamie Bowen (Tye Sheridan), Husk se embarca en una misión peligrosa para desarticular al grupo extremista.

Un maduro y mofletudo Jude Law, interpreta a Husk con solidez. Da vida a un agente veterano, marcado por la obsesión y el desgaste que su trabajo ha provocado en su vida personal. Su actuación transmite con autenticidad la carga emocional del personaje.

Nicholas Hoult —en pleno ascenso tras NosferatuJurado N.° 2— encarna a Bob Mathews, el carismático líder de "La Orden". Su apariencia encantadora y juvenil contrasta con la violencia ideológica que profesa, aportando una intensidad enfebrecida y una sensualidad feroz que contrastan con el aplomo de Law. 

Fiel a la línea estética de sus trabajos anteriores (NitramLa verdadera historia de la banda de KellyMacbethLos asesinos de Snowtown), Kurzel recurre nuevamente a un estilo austero, por momentos apagado, que puede resultar carente de energía. Aunque la historia está correctamente contada, no logra despegarse del molde de otros relatos similares que ya hemos visto en el género. Si no hay nada mejor a mano, vale la pena darle una oportunidad.

Recomendada.

5. Serie para ver en Mercado Play: Mad Men

Las siete temporadas de Mad Men (2007-2015), disponibles en la plataforma, constituyen uno de los hitos más emblemáticos de la llamada "televisión de prestigio". Ambientada en la Nueva York de los años sesenta, en el microcosmos de una agencia de publicidad ficticia —primero Sterling Cooper, luego Sterling Cooper Draper Pryce—, la serie despliega una mirada crítica y matizada sobre los cambios sociales, políticos y culturales que atravesaron Estados Unidos durante esa década. Lo hace a través de la vida personal y profesional de personajes cuidadosamente construidos, con Don Draper (Jon Hamm) como eje central: un director creativo brillante, hermético y sofisticado, cuya identidad es, literalmente, una invención. Draper se vuelve así el emblema perfecto de las tensiones entre el yo íntimo y la máscara pública, entre la apariencia y la verdad, en un mundo que promueve la ilusión como motor del deseo. En él confluyen las contradicciones del sueño americano, el auge del capitalismo de consumo, el racismo estructural, el machismo corporativo y la alienación del sujeto moderno.

La narración, más que avanzar por el impacto de giros argumentales, se deja habitar por lo implícito: hay un culto al silencio, al subtexto, a las decisiones no verbalizadas. El estilo privilegia la psicología de los personajes por sobre la acción. En ese universo de miradas elusivas y deseos no satisfechos, Don Draper encarna la figura de un hombre anacrónico, atrapado en su propia máscara. 

A diferencia de personajes como Peggy Olson o Roger Sterling, que modifican su apariencia y actitud conforme el mundo cambia a su alrededor, Don se mantiene inmutable. Su peinado prolijo, sus trajes sobrios, su negativa a seguir las modas emergentes revelan no una elección estilística sino una voluntad de permanecer fijo, de sostener una idea de sí mismo que se resiste a la erosión del tiempo. Pero esa rigidez es también una condena. Su incapacidad para evolucionar lo aísla y deteriora sus vínculos, lo convierte en un espectro del pasado en un presente que ya no lo contiene. Mientras el entorno muta —en formas de vestir, de hablar, de amar—, él persiste, como una isla, proyectando autoridad con un estilo que pierde sentido a cada paso.

Matthew Weiner, su creador, llevó a Mad Men una sensibilidad cinematográfica heredada de su trabajo en The Sopranos y profundamente influida por el cine clásico estadounidense de Billy Wilder y Douglas Sirk, pero también por el dramatismo ensimismado de autores europeos como Bergman o Antonioni. La serie rinde homenaje al ideal publicitario estadounidense a la vez que lo desarma desde adentro, acercándose, incluso, a las lecturas foucaultianas del poder, la representación y la subjetividad. No por casualidad, muchos han encontrado afinidades con la literatura de John Cheever —sobre todo con cuentos como El nadador— en esa visión crítica y melancólica de la clase media blanca norteamericana.

Más allá de Don, la serie ofrece una galería de personajes inolvidables: Peggy Olson (Elisabeth Moss), que transita de secretaria a redactora creativa y encarna el ascenso de la mujer en un sistema patriarcal; Betty Draper (January Jones), esposa de Don, cuyo vacío existencial expone la represión de la feminidad doméstica; Joan Holloway (Christina Hendricks), cuya sensualidad estratégica desafía los roles tradicionales en la oficina; Pete Campbell (Vincent Kartheiser), ambicioso y mezquino, figura de una generación que replica los errores de la anterior; y Roger Sterling (John Slattery), dandy decadente que presencia el ocaso de su clase social. Junto con Breaking BadThe Walking DeadMad Men ayudó a consolidar a AMC como un canal de dramas de autor y, más ampliamente, a posicionar las series televisivas como objetos culturales dignos de análisis académico.

Porque Mad Men no es solo una serie sobre publicistas ni un fresco nostálgico de los años sesenta; es una meditación compleja sobre la construcción de la identidad en la modernidad, sobre la imposibilidad de autenticidad en una cultura fundada en la representación y el simulacro. Su sofisticación formal, su densidad simbólica y su capacidad para entrelazar lo íntimo con lo histórico la convierten en una obra mayor, donde el drama humano se encarna en cada gesto, cada pausa y cada mentira dicha con una copa en la mano.

Imperdible.

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