¿Por qué hay tantos fracasos taquilleros en Hollywood? El caso de Blancanieves
"Es la mejor película de la historia" dijo Sergei Eisenstein después de salir del cine. El cineasta soviético, director de clásicos como El Acorazado Potemkin e Iván el Terrible, había quedado maravillado con Blancanieves y los Siete Enanitos. Expresó su admiración por lo que consideraba la forma de expresión cinematográfica más pura: la animación. Eisenstein, genio cinematográfico y pionero de la teoría del montaje ideológico, entendió que el cine animado no solo se acercaba más a la pintura: también ofrecía posibilidades infinitas para el arte.
No fue el único que salió emocionado. Para Charles Chaplin, Blancanieves y los Siete Enanitos era una obra maestra. La adaptación de la obra de los hermanos Grimm fue un éxito de taquilla para Walt Disney. El público la amaba, la industria reconocía el talento de la película y Disney hacía historia con un largometraje animado. Pero todo eso sucedió en 1937. En 2025, la historia es muy distinta.
La remake de Blancanieves y los Siete Enanitos tuvo críticas pésimas y es uno de los grandes fracasos de taquilla del año. Pero no es el único caso que reúne estas características. Cada vez más producciones fallan para lograr lo único para lo que fueron concebidas: llevar gente al cine. ¿Es el caso de Blancanieves uno atípico o es una crisis que se está agravando en Hollywood?
Una tendencia que preocupa
Blancanieves es un fracaso rotundo. En IMDb está rankeada como una de las peores películas de la historia del cine, con un promedio de 1.6/10 en base a más de 300 mil votos. En Letterboxd no le va mejor: apenas 2.0/5, sobre el promedio de puntajes de más de 130 mil usuarios. Ni siquiera a la crítica profesional le gustó: en Rottentomatoes y Metacritic está "desaprobada" (44% y 50/100, respectivamente).
Nada de eso sería tan grave si Blancanieves hubiera cumplido el propósito con el que fue concebida: recaudar dinero y llenar las salas de cine. Ninguna de las remakes live action de los clásicos de Disney es demasiado querida, como atestiguan los promedios del público y la crítica. Pero, al menos, películas como la remake de El Rey León llenaron los bolsillos de Disney y llevaron gente a las salas. Puede que tampoco tengan valoraciones positivas, pero Disney no las hace para ganar el Oscar o hacer arte. Son remakes que explotan hasta donde pueden la nostalgia y el nivel artístico de las originales, que además de haber sido taquilleras, fueron queridas y hasta premiadas.
Blancanieves costó US$ 209 millones y lleva recaudados $143 millones a nivel mundial. Para no ser un fracaso comercial, debería recaudar más de US$400 millones, mínimo. Pero es una cifra que difícilmente alcance. Pero Disney no es la única empresa que debería estar en alerta roja.
Warner está atravesando una crisis aún peor. La secuela de Guasón, Joker: Folie a Deux, fue uno de los fracasos taquilleros más grandes de los últimos años. Tampoco tuvo buenas críticas ni buena valoración por parte del público. La película se convirtió en el hazmerreír de la industria. Pero, de nuevo, no es un caso aislado.
Capitán América: Un Nuevo Mundo recaudó US$ 400 millones en su paso por los cines. Se especula con que la película habría costado más de US$ 300 millones, aunque voceros de Disney sugieren que el presupuesto fue de US$ 180 millones. Si la primera cifra fuera cierta, algo que no resulta difícil de creer porque tuvo varios reshoots (es decir: volver a filmar escenas una vez finalizado el rodaje), sería otro grandísimo fracaso. Como en todos los casos anteriores, la película tampoco tiene buenas valoraciones del público y la crítica.
Es doblemente grave que este tipo de películas, que cada vez cuestan más, ni siquiera tengan números de taquilla decentes. A lo largo de las últimas décadas abundaron las películas de Hollywood de dudosa calidad, pero al menos casi todas cumplieron sus objetivos. No es un problema que involucre a las grandes producciones.
Películas como Megalopolis (el proyecto personal e independiente de Francis Ford Coppola), o Horizon (lo mismo, pero para Kevin Costner) no llevaron a casi nadie al cine y no lograron convencer a los pocos espectadores que las vieron. Ni siquiera Emilia Pérez, con sus 13 nominaciones al Oscar, se salvó de ser un fiasco taquillero que además fue vapuleado en redes.
Se suele decir que no debería importar cuánto costó una película ni cuánto recaudó en taquilla. Es cierto que, a la hora de personalmente valorar una obra, esos datos son irrelevantes. Una película, un cuadro, un disco o un libro nos gusta o no más allá de lo que haya vendido o cuánto haya costado hacerlo. Pero es errado pensar que los costos de producción y la recaudación son algo irrelevante si se pretende mantener a flote a la industria. Los estudios y los cineastas deberían tener cuidado con esta tendencia que puede alejar de las salas a los espectadores. Porque lo que está en juego es, ni más ni menos, la relevancia del cine.
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