Las mejores historias del streaming para ver en Netflix, Max, Flow y MUBI
Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix , HBO Max, Flow y MUBI.
1. Miniserie para ver en Netflix: Black Rabbit
Unidos por la sangre pero opuestos en casi todo, los hermanos Friedken viven atrapados en una tensión constante: se necesitan y se rechazan como polos magnéticos. Lo único que realmente comparten es una inclinación inevitable a enredarse en una espiral donde cada error se multiplica y todo lo que puede salir mal termina peor.
Jake Friedken (Jude Law) parece estar en el mejor momento de su vida: su restaurante Black Rabbit crece con éxito y le augura un futuro prometedor. Sin embargo, la reaparición de su hermano Vince (Jason Bateman) —con quien alguna vez compartió tanto el negocio como una banda musical— despierta viejas heridas. Vince carga con un historial de fracasos, adicciones y tropiezos que lo han convertido en una carga para quienes lo rodean. Su regreso introduce una inestabilidad que amenaza con derrumbar el equilibrio que Jake había logrado construir con tanto esfuerzo.
Concebida por Zach Baylin, esta miniserie de 8 episodios reúne a dos intérpretes carismáticos: Jude Law y Jason Bateman, quien además dirige dos capítulos, desplegando en pantalla una química intensa. A esto se suma la presencia de Troy Kotsur (ganador del Oscar al mejor actor secundario por CODA), que da vida a un mafioso de segunda línea cuya sola aparición estremece al espectador. El guion alterna secuencias de acción con interludios románticos entre Jake y la novia de su mejor amigo, mientras construye un clima de desesperación marcado por callejones sin salida donde los personajes se ven atrapados.
Desde lo visual, Black Rabbit recurre a convenciones claras: Vince aparece con melena larga y barba descuidada para acentuar su decadencia, mientras la fotografía oscura insiste en remarcar que estamos en un territorio sombrío. El relato se carga de desgracias y giros con situaciones desafortunadas, reforzando la idea de que sus personajes están condenados a tropezar una y otra vez. El resultado es eficaz como entretenimiento, aunque diste de la excelencia.
Recomendada.
2. Miniserie para ver en Flow: Querer
Esta miniserie de 4 episodios se ha convertido en una de las más comentadas del año en España, y con motivos claros. Su historia gira en torno a Miren, una mujer que, tras treinta años de matrimonio, decide denunciar a su esposo Íñigo por violaciones reiteradas. Desde ese punto, la narración se despliega en dos líneas principales: lo íntimo, que expone las tensiones familiares cuando los hijos se ven obligados a elegir entre el amor y la lealtad, y lo judicial, que muestra un proceso cargado de incertidumbre, dudas y dilemas sociales. Lo notable es que la serie evita el recurso fácil de la violencia grafica para centrarse en una violencia más invisible: la manipulación, el abuso normalizado, la humillación cotidiana y el peso del silencio.
El reparto es uno de sus grandes pilares. Nagore Aranburu deslumbra como Miren, transmitiendo con precisión la vulnerabilidad, la fortaleza y el estoicismo de una mujer que, al romper con años de silencio, debe enfrentar no solo a su marido sino también el juicio de quienes la rodean. En el rol de Íñigo, Pedro Casablanc dota de complejidad a un personaje perturbador, capaz de alternar entre la fachada pública de respetabilidad y la negación persistente de sus abusos. Los hijos, interpretados por Miguel Bernardeau e Iván Pellicer, encarnan la fractura generacional y moral: el primero inicialmente inclinado a creer a su padre, el segundo más permeable a la dolorosa verdad de su madre.
La puesta en escena acompaña el tono realista con acierto: diálogos medidos, silencios cargados de significado, una fotografía contenida sin colores intensos y un ritmo que combina las tensiones de lo doméstico con lo judicial. El guion de Alauda Ruiz de Azúa, Eduard Sola y Júlia de Paz se caracteriza por su sobriedad, alternando escenas íntimas con la dureza del juicio e introduciendo recuerdos y ambigüedades que mantienen la intriga. Todo ello hace que la serie no solo atrape, sino que también confronte al espectador con preguntas incómodas sobre el consentimiento en las relaciones sexuales, la complicidad social y las formas menos visibles del maltrato.
Querer dialoga directamente con Te doy mis ojos (2003), la celebrada película de Icíar Bollaín protagonizada por Laia Marull y Luis Tosar, donde una mujer huía de su hogar con su hijo tras años de violencia. Además, se inscribe en un contexto social en el que España ha sido referente en la lucha contra la violencia de género: en 2004 aprobó la Ley Integral contra la Violencia de Género, un marco legal pionero que incluyó juzgados específicos, medidas de protección y asistencia psicológica, social y económica para las víctimas, convirtiéndose en ejemplo europeo.
En definitiva, Querer es una obra que incomoda, que interpela y abre debates necesarios. No se limita a ser un drama familiar o judicial, sino que se erige como una de las propuestas más significativas de la ficción española reciente, tanto por la calidad de su realización como por la fuerza de su denuncia.
Imperdible.
3. Película para ver en Netflix: Nosotros en la noche
El reciente fallecimiento de Robert Redford invita a revisitar Nosotros en la noche (2017), como una de sus últimas apariciones memorables. Actor, director y fundador del Festival de Sundance, Redford fue mucho más que una estrella: un gran pilar del cine estadounidense del siglo XX que supo combinar el glamour de Hollywood con historias cargadas de humanidad y, en algunos casos, significación social. En esta película, comparte pantalla una vez más con Jane Fonda en un relato que se convierte en un homenaje digno de su talento, esa gran capacidad para transmitir emoción contenida, nobleza y dignidad.
La película, basada en la novela de Kent Haruf, se sitúa en un pequeño pueblo de Colorado y sigue a Addie (Fonda) y Louis (Redford), dos viudos que deciden compartir las noches juntos para combatir la soledad. Lo que empieza como un pacto práctico se transforma en una relación que reabre heridas del pasado, enfrenta los prejuicios de la comunidad y, sobre todo, muestra la posibilidad de afecto, intimidad y compañía en la tercera edad. La historia evita los sentimentalismos fáciles y se centra en la ternura y el cuidado mutuo, explorando el amor en una etapa de la vida donde el cine estadounidense rara vez posa la mirada.
El tema del amor tardío se aborda con sensibilidad: ambos personajes arrastran matrimonios fallidos, vínculos tensos con sus hijos y el peso de las pérdidas, pero predomina su necesidad de afecto y compañía. La película reivindica la vejez como un momento de nuevas oportunidades, de descubrimiento y de plenitud en lo cotidiano. Esa naturalidad convierte a la historia en un retrato sincero y luminoso, donde el deseo y la intimidad no desaparecen con la edad, sino que adquieren otra profundidad.
Uno de los grandes atractivos del film es el reencuentro entre Fonda y Redford, quienes ya habían trabajado juntos en clásicos como La jauría humana (1966), Descalzos en el parque (1967) y El jinete eléctrico (1979). Su química se mantiene intacta en pantalla, y el paso del tiempo añade nuevas capas a su interacción: ahora interpretan a dos personas maduras, conscientes de su fragilidad, que buscan refugio y compañía mutua. Este cruce de trayectorias convierte la película en un espejo de sus carreras y en un homenaje a su vigencia como intérpretes capaces de conmover desde la sobriedad.
Dirigida por Ritesh Batra, Nosotros en la noche se sostiene en la sencillez de su planteo y en la solidez de sus protagonistas. Sin artificios visuales ni giros dramáticos exagerados, apuesta por la cercanía, la calidez de los diálogos y la emoción contenida que surge de ver a dos grandes actores en plena sintonía. Para Fonda, es una reafirmación de su vigencia artística; para Redford, se convierte, con la perspectiva de su fallecimiento, en un recordatorio de su legado como una de las últimas grandes leyendas de Hollywood.
Muy recomendada.
4. Película para ver en HBO Max: Loco. No demente
Este documental dirigido por Alex Gibney (Enron: los tipos que estafaron a América, Gonzo: Vida y hazañas del Dr. Hunter S. Thompson) ofrece una mirada profunda sobre la trayectoria de Dorothy Otnow Lewis, psiquiatra estadounidense pionera en el estudio del trastorno de personalidad múltiple y reconocida por su trabajo en casos judiciales de gran relevancia en Estados Unidos, entre otros los de John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer o Mark Chapman, el asesino de John Lennon. El guion focaliza en Lewis y su labor, utilizando sus notas, cintas y recuerdos como hilo conductor, lo que permite al espectador acceder de manera directa a su enfoque y a la evolución de sus investigaciones.
El documental aborda temas complejos como la psicología de los asesinos en serie y la naturaleza fragmentada de ciertas personalidades, explorando cómo estos trastornos influyen en la conducta violenta. Gibney estructura la historia de manera que combina entrevistas, material de archivo y reconstrucciones de recuerdos, generando un relato que mantiene el interés, sin necesidad de recurrir a sensacionalismos o dramatizaciones excesivas.
Si bien la película destaca por su enfoque riguroso y la claridad de su narrativa, no está exenta de limitaciones. La introducción sugiere una investigación sobre el origen del "mal", que rápidamente queda en segundo plano en favor del retrato de los pacientes. Asimismo, el documental ofrece poca explicación sobre los trastornos en sí, limitándose a mostrar sus manifestaciones a través de casos específicos. Estas decisiones, aunque coherentes con la intención de centrar la atención en Lewis y sus pacientes, podrían percibirse como un déficit en términos de contexto o análisis más amplio.
A pesar de estas limitaciones, Loco. No demente se revela como un trabajo cautivante. La combinación del relato de Lewis, la construcción narrativa de Gibney y la fascinación inherente al estudio de personalidades complejas permite al espectador comprender, con sensibilidad y respeto, aspectos profundos de la mente humana y de la práctica psiquiátrica aplicada a la criminalidad. Es un documental recomendable para quienes buscan un acercamiento serio y reflexivo al estudio de la psicología forense y la complejidad de la conducta humana.
Muy recomendada.
5. Película para ver en MUBI: Showgirls
Dirigida por Paul Verhoeven en 1995 y escrita por Joe Eszterhas, llegó a los cines estadounidenses envuelta en un repudio que marcó su recepción inicial. La prensa y los críticos más influyentes la atacaron por su erotismo, su violencia y lo que muchos percibieron como un guion exageradamente melodramático. La película fue tildada de vulgar, explotadora y sin valor artístico, y se convirtió rápidamente en el blanco de burlas y desprecio, ganando notoriedad como uno de los mayores fracasos de taquilla de la década. La controversia se intensificó por la naturaleza de su historia, ambientada en el mundo de los clubes nocturnos y los shows de Las Vegas, un territorio sensible para la crítica puritana estadounidense de mediados de los 90.
El prontuario de los creadores ayuda a contextualizar la propuesta. Paul Verhoeven venía de un cine provocador y subversivo, con títulos como RoboCop (1987), El vengador del futuro (1990), Instinto básico (1992), sin olvidar en su etapa holandesa Delicias turcas (1973) y El cuarto hombre (1983), películas que combinaban violencia, erotismo y sátira social con un estilo excesivo y reconocible. Por su parte, Joe Eszterhas era conocido por guiones que despertaban polémicas, cargados de situaciones eróticas y manipulaciones diversas, incluyendo los de Instinto básico y Flashdance (1983), lo que garantizaba un relato audaz y polémico, dispuesto a explorar la ambición y el deseo humano sin atenuantes. La combinación de ambos, director y guionista, prefiguraba una obra divisiva, hiperconscientes de los límites del mal gusto y la exageración.
Más allá de esa polémica inicial, Showgirls puede leerse como una parodia oscura y exagerada de La malvada (1950). Al igual que la película de Joseph L. Mankiewicz, interpretada gloriosamente por Bette Davis, la trama se centra en la ambición desmedida, la rivalidad entre mujeres y los juegos de poder en un entorno competitivo, todo llevado al extremo en un contexto contemporáneo e hipererotizado. Nomi Malone (Elizabeth Berkley) encarna a la joven ingenua que asciende en el mundo del espectáculo mediante una mezcla de manipulación y vulnerabilidad, replicando arquetipos clásicos del melodrama pero amplificados hasta el exceso, lo que contribuye a la lectura irónica y camp de la película.
La labor de las actrices es un componente clave para sostener el tono del filme. Elizabeth Berkley ofrece una interpretación intensa y sin filtros, capaz de oscilar entre la inocencia, la ambición y la franqueza brutal. La estupenda Gina Gershon, como Cristal Connors, despliega carisma y un cinismo que contrasta con la ingenuidad de Nomi, mientras que Kyle MacLachlan (el actor fetiche de David Lynch) aporta su habitual porte y frialdad en un rol que encarna la corrupción y la codicia del entorno. La exageración deliberada de sus gestos, diálogos y poses físicas ayuda a construir un universo teatral que roza la autoparodia y refuerza el carácter camp de la película.
Hoy, lejos del rechazo inicial, Showgirls es reconocida como un fenómeno cultural complejo, una mezcla de melodrama, erotismo y comedia involuntaria que permite múltiples lecturas: desde la crítica social a la industria del espectáculo hasta la exploración de la ambición femenina llevada al extremo. Su legado reside en su capacidad para generar discusión, fascinación y disfrute irónico. La combinación de la visión provocativa de Verhoeven, el guion desbordante de clavos miguelito de Eszterhas y la entrega de sus actrices convierte al filme en un ejemplo paradigmático de cine camp y de cómo un fracaso aparente puede trascender para convertirse en un entretenimiento sumamente disfrutable.
Imperdible.
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