Una película de Minecraft

Chicken Jockey: la industria del cine celebra el éxito de Minecraft, pero paga un costo

El éxito de Minecraft beneficia a las salas de cine. Pero el descontrol durante las funciones de la película, generado para hacer videos virales, obliga a la industria a pensar en el futuro del cine y el rol de los espectadores.
Una Película de Minecraft se convirtió, adrede o no, en un meme. O mejor dicho: en la primera película shitpost. .
Pablo Planovsky 07-05-2025
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"Chicken jockey!" exclama Steve y, como si fuera una frase clave que altera los más recónditos sectores del cerebro, cientos de adolescentes se paran, gritan y tiran comida por toda la sala de cine. El fenómeno parece no tener explicación: ¿por qué el público reacciona con una inyección de adrenalina tan grande como si un equipo de fútbol hubiera ganado un mundial? ¿Por qué una frase en apariencia tan irrelevante para la trama se festeja con una energía que desconcierta a la mayoría de los adultos? El fenómeno de Minecraft no es nuevo, pero tiene explicación.

Lo primero que hay que entender es que Minecraft es uno de los juegos más populares de la historia. Hasta ahora, lleva vendidas más de 350 millones de copias, contando versiones físicas y digitales, para consolas y PC. Es el más vendido de todos, más que GTA V, Super Mario Bros., o Mario Kart 8. 

Hasta ahora, la primera adaptación cinematográfica prueba que la marca mantiene intacto su poder de convocatoria: lleva más de US$ 816 millones recaudados en todo el mundo. Probablemente supere la barrera de los US$ 1000 y termine como una de las más taquilleras de 2025. En Argentina vendió más de 1.600.000 de entradas y es, con comodidad, la más popular del año. Hasta ahora, Una Película de Minecraft (tal su título completo) es la única que llenó las salas, en un año donde son más los fracasos que los éxitos de taquilla.

El atractivo del videojuego no son los gráficos hiperrealistas. Quienes lo vean por primera vez quizás queden sorprendidos y no entiendan por qué un juego que se ve tan "cuadrado", gracias a los gráficos voxel, vende mucho más que superproducciones que visualmente se acercan cada vez más al mundo real. El diseño artístico de Minecraft no solo le da identidad y lo diferencia del resto, va de la mano con la idea que lo convirtió en un fenómeno mundial: la sencillez, aunque sea solo en apariencia.

Un juego que se hizo con pocos recursos y generó miles de millones

Minecraft fue desarrollado en el año 2011 por Mojang Studios. Creado por el sueco Markus (o "Notch", como se lo conocen en el cyberespacio) Persson, el proyecto no tenía el apoyo o el soporte financiero de cualquier juego de Sony, Nintendo o Microsoft, aunque terminó destronando a todos. Notch quería diseñar un juego sobre minería. Tan simple como eso. Sin querer diseñó una extraordinaria pieza de programación.

En el mundo del gaming, muchas veces se utiliza mal un concepto: sandbox. Hay videosjuegos que ofrecen al jugador escenarios gigantescos repletos de actividades para que cada uno decida qué hacer primero, cuándo y dónde. Son los títulos que se ubican bajo el paraguas de los "mundos abiertos": Grand Theft Auto, Red Dead Redemption, Ghosts Of Tsushima, Assassin's Creed y varios más. No son estrictamente lineales, aunque todos sí tengan límites muy bien camuflados dentro de lo que son sus "mundos abiertos". 

Hasta obras extraordinarias como Elden Ring o Baldur's Gate 3, inspirado en el juego de mesa Dungeons & Dragons, tienen sus límites o están enfocados en ciertos aspectos que terminan siendo ineludibles para los jugadores. Ya sea el combate o la narración principal, tienen una columna vertebral que sostiene a todo el esqueleto. Minecraft es uno de los pocos sandbox de verdad: el juego se adapta a lo que cada jugador decida hacer.

¿Uno quiere explorar el mundo de Minecraft? Puede hacerlo, porque son mundos de generación procedural, no hay dos escenarios iguales. ¿El jugador quiere dedicarse a juntar minerales? Puede. ¿Construir y diseñar casas? Puede. De hecho, algunos hasta han jugado a replicar la Tierra, el Universo o un procesador de 8 bits de una computadora, todo dentro de Minecraft. Minecraft es el videojuego que cada uno quiere que sea y llegó en el momento justo: cuando las redes sociales parecían aislar cada vez más a una generación que crecía frente a las pantallas, alejado de lo que alguna vez significó "salir a jugar a la calle".

Quienes crecieron con Minecraft, hoy tienen 14 años. Pero el juego nunca estuvo limitado al mercado de los más chicos o los adolescentes. Es un producto apto para todo público, en el sentido más general posible. Nunca hizo falta adquirir la consola de última generación o tener armada la PC de gama media o alta para jugar Minecraft, porque es una pieza de software que no consume demasiados recursos. Bajo su aparente sencillez técnica, cobija una gran complejidad.

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Los chicos que crecieron soñando con ser youtubers

La generación Minecraft creció a la par de YouTube y los youtubers que se dedicaron a los "let's play": una forma de caratular los videos donde los creadores de contenido pasaban sus videojuegos favoritos. Se creó un ecosistema de youtubers y seguidores que compartieron su propio lenguaje, sus propios códigos y un elemento unificador: el gaming. Para muchos, el juego que abrió la puerta que jamás se cerró fue Minecraft.

Un juego sobre minería se convirtió en una mina de oro. Minecraft empezó a crecer como pocos productos de la industria cultural reciente. Aunque muchos no reconozcan a su personaje protagónico por nombre, como sucede con Mario o Sonic, casi todos saben señalar e identificar qué es Minecraft. No importa si son o no gamers: es como Fortnite, un fenómeno que excede al medio.

El crecimiento, por supuesto, estuvo acompañado de críticas, el desdén de ciertos expertos y hasta de cierto sector de los gamers. Como todo acontecimiento que se convierte en algo masivo, tuvo defensores y detractores. Pero también captó la atención de las grandes empresas del mercado electrónico. Nintendo, compañía famosa por proteger con todos sus recursos la integridad de sus personajes, invitó a Steve a ser parte del plantel de Super Smash Bros. Ultimate, el juego que reúne a los personajes más icónicos de la historia, sean o no de Nintendo.

En 2014, apenas 3 años después de su creación, Microsoft desembolsó más de US$ 2.000 millones para quedarse con Mojang y la preciada propiedad intelectual: Minecraft. Xbox, que todavía no empezaba a ver cómo Playstation y Nintendo le sacaban ventaja, necesitaba una killer app exclusiva. Microsoft fue inteligente, porque no cambió aspectos esenciales de Minecraft, ni lo convirtió en una experiencia llena de micropagos o lo llenó de secuelas. En su lugar, empezó a ampliar el catálogo de productos que podía comprender la marca. Minecraft, como Tetris, Super Mario o Pokemon, se convirtió en sinónimo de videojuegos.

Por supuesto, el éxito en las consolas de videojuegos no explica necesariamente por qué las salas de cine se llenaron con Minecraft. Tampoco permite comprender por qué, cuando Jack Black pronuncia "chicken jockey" el público se transforma y empieza a revolear gaseosas y pochoclos (o pororó, o palomitas de maíz, como prefieran llamarlo) por la sala. O, mejor dicho, quienes no pueden comprenderlo son aquellos que no están embebidos de los mismos rituales y códigos que aquellos que pasan mucho tiempo frente a las pantallas. 

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La película de Minecraft: un meme o un shitpost

Cuando se estrenó el primer trailer de la película live action de Minecraft, como era de esperarse, tuvo números récords de visualizaciones. Pero la relación de "me gusta"/"no me gusta" favorecía mucho más a quienes le bajaron el pulgar. El trailer, en general, no gustó. Muchos fanáticos, en los comentarios de YouTube, foros como Reddit, o redes como X y TikTok, argumentaban que la película no tenía un estilo visual demasiado atractivo. Ni siquiera era muy parecido al videojuego. 

Durante el primer fin de semana de estreno, las dudas se despejaron: Una Película de Minecraft iba a ser un éxito en el cine. Impermeable a las críticas, que fueron mixtas tirando a negativas. Para compararMinecraft, el juego, ostenta 93/100 en Metacritic. La película, apenas 45/100. No le va mucho mejor con la opinión del público general: 5.9/10 en IMDb y 2.7/5 en Letterboxd. ¿Por qué, si tiene promedios tan bajos, la película de Minecraft vende tanto?

Durante la semana de estreno, comenzó a viralizarse un fenómeno singular pero no novedoso. Ciertos espectadores empezaron a festejar algunas frases aleatorias de la película. "I am Steve", "chicken jockey" o la canción sobre el pollo hecho con lava, eran vitoreadas como si fueran goles en una final de fútbol. 

Algo muy parecido a lo que ocurría en las funciones de las películas de Marvel, cuando el cine de superhéroes estaba en su apogeo: la gente se filmaba saltando y gritando de emoción cuando algún héroe realizaba una hazaña o aparecía algún actor famoso. Los fanáticos festejaban que el Capitán América levantara el martillo de Thor: pero la experiencia, genuina o no, no estaba diseñada para nacer y morir en una sala. Tenía que ser filmada y compartida en redes sociales. ¿El protagonismo era de la película o de los espectadores? ¿Eran actitudes que beneficiaban al cine, o lo acercaban a ser un parque de diversiones, como auguraba Martin Scorsese cuando decía que ciertas películas no eran realmente cine?

La industria no se hizo tantas preguntas: después de todo, las salas se llenaban y los videos se hacían virales en Twitter, TikTok o Facebook, dándole más publicidad a las películas. Todos parecían contentos. ¿Había algo de negativo en todo esto? Quienes aducían que podía convertirse en una conducta problemática parecían ser los aguafiestas que, con razón, señalan ciertos excesos que podrían terminar por arruinar la diversión para todos.

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Las nuevas formas de "ver" cine: filmar lo que pasa en la sala

El fenómeno de los espectadores filmándose en salas de cine no terminó en Marvel. En 2022, cuando la película de India, RRR, se convirtió en un éxito, algunos espectadores en cines de Los Angeles se levantaban para bailar durante el número musical Naatu Naatu. Cuando se reestrenó Interstellar y tuvo un éxito mayor al esperado, abundaron los videos de aplausos y festejos en momentos claves de la película. Como sucede con los recitales, donde la experiencia a veces se vive a través de la pantalla y no de manera directa, en ciertas películas se empezó a hacer costumbre levantar los celulares para filmar momentos claves... o las reacciones de los espectadores, directamente.

En la mayoría de las recciones que se podían ver en las redes sociales, quienes tiraban comida y bebida por el aire no eran necesariamente menores. Muchos parecían estar más cerca de los 20 años que de los 10. La tendencia fue creciendo. En apenas tres días, se hizo viral un video donde la policía tuvo que intervenir en una función para sacar a unos adolescentes cuyo alboroto durante la escena del "chicken jockey" había sido demasiado. Algunos cines empezaron a poner carteles pidiéndoles por favor a los espectadores que no tiren comida y bebida durante las funciones de Minecraft. 

Lejos de frenarse, la tendencia creció. Para hacerse notar en un océano de internautas que desean la fama de la viralización, algunos empezaron a llevar los excesos a nuevos niveles. Llevaron bolsas de kilos de pochoclos y hasta pollos vivos para soltar en medio de las funciones. A mayor desastre, mayor mugre y mayor caos, más visualizaciones. El cine, más que un cine, se convirtió en un circo o una cancha de fútbol. 

¿Hasta qué punto ese tipo de reacciones beneficia a una industria que tiene que enfrentar la comodidad  que brinda quedarse en casa para ver una película por streaming? Nunca la experiencia en el hogar se va a comparar con la calidad de imagen y sonido del cine, pero muchos espectadores (con razón) no ven con buenos ojos que les interrumpan la película llenándoles la cabeza, literalmente, de comidas y bebidas.

El descontrol con Minecraft no quedó solo en Estados Unidos. Apenas dos semanas después del estreno, en Argentina empezaron a imitar el caos en las mismas escenas y diálogos. Se viralizaron filmaciones de adolescentes tirando cosas en cines de Buenos Aires y Rosario, por ejemplo.

Warner Bros. Discovery tomó nota de la situación. Quizás demasiado tarde. O quizás, como suele suceder cuando las empresas quieren hablar el mismo código de los adolescentes, sea lo que involuntariamente detenga el chiste: Warner decidió programar, para el mes de mayo, funciones de Minecraft especiales. "Meme along", un juego de palabras con las funciones "Sing along" de las películas musicales que ofrecen la posibilidad de que los espectadores canten a la par sin molestar a los demás que no quieren escuchar la versión de Bohemian Rhapsody cantada por el compañero de sala que está a unas butacas de distancia.

Chicken Jockey: la industria del cine celebra el éxito de Minecraft, pero paga un costo

Una Película de Minecraft se convirtió, adrede o no, en un meme. O mejor dicho: en la primera película shitpost. Muchos no ven Minecraft, por lo menos esta versión protagonizada por Jack Black y Jason Momoa, como algo serio. Al contrario, lo ven como un producto para ser explotado como shitpost. Revolear comida durante una función tampoco es algo nuevo ni exclusivo de Minecraft: en la cultura estadounidense, sobre todo en las películas clase B, esas muy berretas, los espectadores solían arrojar comida contra la pantalla. Pero con Minecraft no es necesariamente por desprobación: es porque se generó una tendencia viral, irónica, y hasta cínica.

La industria del cine tendrá que pensar bastante si este tipo de actitudes les hacen un favor a las salas de cine. ¿Deberían continuar con una actitud más bien pasiva que deje que cualquier alboroto ocurra durante las funciones? ¿O, por el contrario, tomar una posición de mayor firmeza que no permita que este tipo de fenómenos crezca aún más? Cualquiera sea la decisión, sin dudas va a impactar en la manera que pensamos la experiencia en salas de cine.

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