Volver a Keynes

Volver a volver: la propuesta del último libro de Axel Kicillof

El libro de Kicillof no es una lectura ligera ni un simple panfleto ni defensa del intervencionismo estatal; es una declaración de principios que busca devolver la economía política a su origen: entender la realidad económica para cambiarla.
En este libro, Kicillof recupera la voz crítica original de Keynes, al denunciar la manipulación histórica de sus ideas.
Ramiro Gamboa 14-05-2025
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Cada generación enfrenta sus fantasmas. En política económica, también. En los años noventa, Argentina bailó al compás del pensamiento neoliberal, un espejismo de prosperidad bajo recetas del norte global cuyos efectos implicaron el aumento de la pobreza estructural y la deuda externa. Axel Kicillof, en su reciente libro Volver a Keynes, se presenta como quien, formado en esos tiempos, busca explicarse —y explicarle a sus lectores— por qué los resultados fueron tan desiguales y por qué, casi un siglo después, el economista británico John Maynard Keynes sigue siendo tan relevante como incómodo.

El libro está basado en la tesis con la cual Kicillof se doctoró en Economía por la Universidad de Buenos Aires. En 2018, había sido publicado en inglés por Routledge. Su actual publicación por la editorial Siglo XXI implica una reflexión sobre el pensamiento keynesiano, pero, sobre todo, una rebelión intelectual contra los lugares comunes. 

Como el propio Kicillof afirma, nació como una reacción al pensamiento dominante en la enseñanza económica de los noventa. Ahora bien, en esta época mileísta, en la cual la teoría económica clásica vuelve a estar en boga y se discute la relación entre Estado, mercado y economía, ¿cuáles son los efectos de que el gobernador de la Provincia de Buenos Aires republique su tesis doctoral?

En principio, una posible respuesta podría encontrarse en la relación entre el título Volver a Keynes y el subtítulo Fundamentos de la "Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero". El subtítulo se refiere a uno de los libros más famosos de Keynes. Y vincula a la publicación de Kicillof con la dimensión más académica recorrida por el gobernador antes de su carrera política en tanto docente, investigador y especialista en política económica. Mientras que el título, Volver a Keynes, es una apuesta intertextual a partir de aquella mítica frase pronunciada por Lacan cuando pedía "volver a Freud". Ese volver es un intento por volver a las fuentes, al origen, a una experiencia de lectura. No se trata entonces simplemente de reivindicar o no a Keynes, sino de rescatar su pensamiento original de la distorsión interesada o blanda que lo convirtió en una doctrina inofensiva. Justamente eso ocurrió con Keynes: su teoría fue domesticada, edulcorada hasta volverse inocua y, por tanto, ineficaz.

Volver a Keynes, por el contrario, está construido con densidad conceptual y minucioso trabajo de citas, explicadas y contextualizadas en el marco del pensamiento de esta política económica. Se trata de una invitación a una lectura intensiva de Keynes, en una búsqueda de sistematización de su pensamiento. A la vez, resulta una apuesta por señalar ciertos estereotipos frente al intervencionismo estatal para poder deconstruirlos. Es un libro que muestra a Kicillof como lector. 

John Maynard Keynes nació en 1883, en el corazón intelectual y bohemio de la Inglaterra victoriana. Creció entre las tertulias y los amores cruzados del Grupo Bloomsbury, ese círculo influyente de quienes cultivaron la irreverencia, el libre pensamiento y la búsqueda estética. Formado inicialmente como matemático, nunca consideró los mercados como abstracciones numéricas, sino como fenómenos profundamente humanos. 

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, como emisario del Tesoro británico en la Conferencia de Paz de París, se enfrentó abiertamente al establishment político, al denunciar las imposibles reparaciones que Francia y Gran Bretaña exigían a una Alemania devastada. Su famoso cuestionamiento al Tratado de Versalles, Las consecuencias económicas de la paz, fue un fenómeno editorial, que vendió más de 100 mil ejemplares y le otorgó fama mundial. 

En los años veinte y treinta, mientras invertía exitosamente en acciones y divisas —llegó a tener en juego sumas equivalentes a 23 millones de dólares actuales—, Keynes elaboró la teoría económica que revolucionaría el siglo XX. Su obra Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero —justamente el subtítulo y el foco del análisis del libro de Axel Kicillof, Volver a Keynes. Fundamentos de la "Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero"— cuestionó frontalmente el dogma del libre mercado y propuso una intervención estatal activa para evitar los efectos destructivos de las recesiones. Según Keynes, el Estado debía gastar más en tiempos de crisis para asegurar demanda futura, rompía con el enfoque clásico que solo profundizaba los estancamientos.

A pesar de sus ideas radicales, Keynes criticaba con dureza al marxismo. Estaba convencido de que la supervivencia del capitalismo dependía de su capacidad para elevar el nivel de vida de la gente común. Inicialmente ignorado, Keynes finalmente fue reconocido cuando la Segunda Guerra Mundial convirtió en práctica obligatoria sus teorías de intervención estatal y gasto deficitario. "La clave de Keynes residía en su compromiso de preservar la economía de mercado haciéndola funcionar", escribe su biógrafo Zachary D. Carter: creía en una sociedad justa alcanzada por vías democráticas y no "a punta de pistola". Murió en 1946, y dejó un legado que todavía hoy influencia profundamente las políticas económicas globales.

Keynes elaboró la teoría económica que revolucionaría el siglo XX. Su obra Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero cuestionó frontalmente el dogma del libre mercado y propuso una intervención estatal activa para evitar los efectos destructivos de las recesiones.

Quizá lo que mejor explica su impacto sea algo que sugiere Axel Kicillof al reflexionar sobre Keynes: las teorías logran influencia política cuando resuelven problemas concretos de una época y convocan el apoyo de los intereses predominantes. Keynes, con su capacidad de leer e interpretar las necesidades urgentes de su tiempo, logró exactamente eso.

El gobernador Axel Kicillof, durante la presentación de la reedición del libro, señaló: "Cuando al mercado lo dejan funcionar sin regulaciones, termina generando calamidades como que los salarios no alcancen, que aumente el desempleo o que los jubilados no puedan comprar sus medicamentos. Éstos son todos problemas que abordó Keynes hace muchos años, pero que vuelven a surgir ahora como resultado de haber abandonado sus ideas".

A sala José Hernández repleta, al llegar al final de la Feria del Libro de Buenos Aires, se presentó Volver a Keynes con la compañía de Carlos Díaz, director de Siglo XXI; de Florencia Halfon, periodista y escritora —quien habló sobre los debates suscitados por el libro—; y de Pedro Saborido, humorista y guionista, —quien refirió a la "batalla de normalidades" de esta época y vinculó el libro con la coyuntura—.  

La presentación estuvo inmersa en una atmósfera entusiasta, pero no fue un acto proselitista. Más allá de la presencia de funcionarios de la provincia y del acompañamiento de la militancia, fue un acto, podría pensarse intelectual, en el cual Kicillof ahondó en la dimensión más profunda de su origen: el de la discusión con la teoría clásica. Esta vuelta a las raíces también se extendía al clima familiar e íntimo de quienes rodean y acompañan al gobernador hace años, como su esposa Soledad Quereilhac a quien le dedica el libro. 

Con la sala José Hernández repleta, se presentó Volver a Keynes. Acompañaron al autor Carlos Díaz, director de Editorial Siglo XXI; Florencia Halfon, periodista y escritora, quien analizó los debates del libro; y Pedro Saborido, humorista y guionista, que vinculó la obra con la coyuntura actual.

Organizado en una introducción y cinco capítulos, el libro incluye un prólogo inédito especialmente escrito para esta publicación. Los capítulos que lo componen son "Keynes y su comprensión del capitalismo de comienzos del siglo XX", "¿A qué llamó Keynes teoría clásica?", "Crítica de Keynes a la teoría clásica. Los límites de la teoría clásica", "La Teoría general de Keynes", y "Los conceptos fundamentales que sostienen el sistema de Keynes".

Carlos Díaz, director de la editorial Siglo XXI, destaca el involucramiento de Axel en este proceso de publicación y comparte con El Economista: "Nosotros no solemos publicar políticos ni funcionarios, pero el caso de Axel es atípico. Lo conozco hace muchos años y ya habíamos publicado anteriormente sus trabajos académicos. Me llena de alegría. Siglo XXI siempre tuvo una historia muy comprometida con la coyuntura nacional y mundial. Por eso también me alegra poner a circular libros que intervengan y participen en esa discusión pública". 

Agrega Díaz: "Hay una frase de Mitterrand que me gusta mucho, cuando dice que el capital político está, cuando llegue el momento, para ponerlo en juego. No se trata, entonces, sólo de acumular capital simbólico en respeto y valoración porque a veces se tienen que tomar riesgos. Y eso nos ayuda porque nuestro recorrido no implica hacer campaña por un candidato u otro, sino mantener coherencia y compromiso con la realidad nacional".

"Axel se involucró en todo: contratapa, prólogo, imagen de cubierta, presentación, panelistas. Es un autor que participa con pasión, es alguien con quien da gusto laburar mano a mano porque sabe que lo estamos cuidando. Valora mucho nuestro punto de vista profesional, y es un alivio y está bueno que escuche a su editor. Después puede no estar de acuerdo, pero es un diálogo fluido y constructivo", concluye el director de Siglo XXI sobre Volver a Keynes

Carlos Díaz, director de Siglo XXI, destaca la participación directa de Axel Kicillof en el proceso editorial: "Es un autor que participa con pasión; da gusto laburar mano a mano".

Para Kicillof, Keynes no fue un reformador tibio, sino un "revolucionario" quien desafió frontalmente el dogma del laissez-faire y puso al Estado en el centro del tablero económico. Esta revolución conceptual implicó romper con el pensamiento clásico, ya que, según Kicillof, para Keynes, "el capital no era una fuente natural de rendimiento ni el dinero una simple mercancía más". Estas ideas disruptivas han sido por momentos ignoradas por economistas ortodoxos y heterodoxos por igual.

En este libro, Kicillof recupera la voz crítica original de Keynes, al denunciar la manipulación histórica de sus ideas. Escribe: "Mi primer encuentro con la Teoría general de Keynes resultó un verdadero descubrimiento. Dediqué mi tesis y este libro a [...] exponer críticamente las ideas poderosas y originales que se presentan en la Teoría general".

Kicillof aborda esta tarea reconstructiva al recuperar la voz crítica original de Keynes, y recuerda su denuncia contra la teoría clásica y su rechazo a la ley de Say, esa creencia ilusoria de que el mercado siempre encuentra automáticamente su equilibrio. Keynes afirmaba: "La respuesta ortodoxa consiste en echarle la culpa al obrero". 

El libro expone con precisión la concepción de Keynes sobre el dinero, el capital y la ganancia —nociones fundamentales para entender las auténticas raíces de las crisis capitalistas—. Además, Kicillof enfatiza que el gobierno "no puede contentarse exclusivamente con la persecución del objetivo clásico, que consistía en mantener estable el poder adquisitivo del dinero, sino que dispone, además, de un método para intervenir en el sistema económico que le permite regular el nivel de ocupación".

En este sentido, sostiene que la Teoría general "ofrece argumentos contundentes para abandonar la vieja receta, inspirada en la teoría clásica, según la cual el gobierno solo puede contribuir a la creación de empleo a través de la política salarial". La teoría clásica consideraba que el desempleo era provocado por la rigidez salarial, y culpaba principalmente a los obreros por resistirse a reducir sus salarios hasta un nivel compatible con la productividad marginal del trabajo, especialmente debido a la contratación colectiva. Contrario a esta visión, Keynes argumentaba que dicho control estatal sobre los salarios sólo sería posible en una sociedad autoritaria, algo contrario al espíritu liberal del laissez-faire.

Kicillof subraya con fuerza cómo la visión keynesiana sobre el capitalismo es, paradójicamente, más sólida que la de sus supuestos defensores. Destaca que Keynes era consciente de la fragilidad inherente del sistema a la vez que también rechazaba el socialismo revolucionario y afirmaba su fe en un capitalismo reformado y eficiente. Tras su visita a la Rusia bolchevique, Keynes escribió: "Al menos teóricamente, no creo que haya ninguna mejora económica para la que la revolución sea un instrumento necesario [...] las tácticas de la revolución roja precipitarían a toda la población en un foso de pobreza y muerte". Keynes abogaba por una gestión científica y racional de la economía, al rechazar tanto la revolución violenta como el laissez-faire irresponsable, en busca de un camino reformista radical, pero no violento, bajo la confianza de que la solución adecuada podría surgir del trabajo riguroso y lúcido de los intelectuales y pensadores.

Este camino, para Kicillof, pasa inevitablemente por la transformación del papel del Estado. A contracorriente de quienes en la actualidad proponen "retirar o directamente destruir el Estado", Kicillof retoma una idea central de Keynes: la intervención estatal es una consecuencia irreversible y necesaria del desarrollo económico moderno. El Estado no es una "malformación", sino un protagonista esencial en la regulación del capital y el empleo. 

Kicillof retoma una idea central de Keynes: la intervención estatal es una consecuencia irreversible y necesaria del desarrollo económico moderno.

El libro hace una notable aportación al clarificar cómo Keynes redefine el rol del ahorro y la inversión. Mientras la ortodoxia económica consideraba el ahorro como motor de crecimiento, Keynes sostuvo exactamente lo contrario. En palabras de Kicillof: "El ahorro no debe ser considerado 'la base de la fortuna', sino que su aumento provoca una contracción de la demanda corriente, por lo que, para Keynes, 'el crecimiento del capital no depende para nada de la baja propensión a consumir, sino que, por el contrario, ésta lo demora'".

En definitiva, Volver a Keynes no es solo una reconstrucción rigurosa del pensamiento del economista británico; es también un llamado urgente a reconsiderar sus propuestas para enfrentar los desafíos económicos actuales, al evitar caer tanto en la desregulación ingenua como en los espejismos de presupuestos descontrolados. 

Con audacia, el autor enfrenta las contradicciones inherentes en su propia teoría, y reconoce que "Keynes no tenía todas las respuestas". Pero, lejos de descalificarlo, esto fortalece su argumento principal: es necesario entender y debatir los fundamentos teóricos, en lugar de esconderlos bajo modelos matemáticos aparentemente neutros.

En palabras de Axel Kicillof durante la presentación en La Rural, "Volver a Keynes pretende instalar una discusión distinta, pero muy actual: me gusta la idea de volver a volver, esa es la tarea". Una declaración que remite directamente al espíritu del libro. Un Keynes al desnudo, que explora y redefine conceptos clave como el capital, el valor y el dinero, situándolos en la crisis de los años treinta, pero en cuya lectura estas redefiniciones pueden proyectarse con relevancia hacia la coyuntura actual.

Lejos de proponer un ataque al capitalismo como modo de producción, Kicillof rescata y problematiza la preocupación histórica por un capitalismo eficiente y humanizado, que reivindica la necesidad de debatir los fundamentos teóricos más profundos, frente a la superficialidad urgente del tuit. Este libro no es una intención proselitista sino una invitación a la conversación intelectual sustanciosa y pausada, a un debate sobre economía política.

La obra forma parte de una biblioteca Kicillof en crecimiento, junto a títulos como Diálogos sin corbataY ahora, ¿qué?. Estos textos reflejan su trayectoria desde la independencia intelectual, la academia donde se inició como investigador y docente hasta su salto a la política activa. Volver a Keynes es un regreso sobre el propio recorrido de Kicillof. 

Volver a Keynes es un libro valiente. Es, también, una advertencia contra la repetición ciega de errores históricos y un llamado a debatir el futuro económico. El libro de Kicillof no es una lectura ligera ni un simple panfleto ni defensa del intervencionismo estatal; es una declaración de principios que busca devolver la economía política a su origen: entender la realidad económica para cambiarla.

Volver a Keynes no es una intención proselitista sino una invitación a la conversación intelectual sustanciosa y pausada, a un debate sobre economía política.
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