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Si te invitaran a la fiesta más exclusiva del mundo, ¿preguntarías qué pasa adentro?

¿Qué pasa -se pregunta Lousteau- cuando la máxima aspiración de las élites es que las inviten a las fiestas de Epstein?
Martín Lousteau EE
02-04-2026
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Con una pregunta provocadora —"Si te invitaran a la fiesta más exclusiva del mundo, ¿preguntarías qué pasa adentro?"—, el diputado Martín Lousteau publicó una columna en su Substack en la que pone bajo la lupa el funcionamiento de las élites globales y argentinas, tomando como punto de partida el caso Epstein.

El eje de su planteo no está en el morbo ni en los nombres propios, sino en algo más estructural: cómo operan las élites y qué tipo de lógica comparten, tanto en Estados Unidos como en la Argentina.

Una "radiografía" del poder real

Para Lousteau, el escándalo Epstein funciona como una ventana que deja ver el funcionamiento real del poder. No se trata solo de delitos o excesos individuales, sino de una red de relaciones, privilegios y silencios compartidos.

  • "Lo que se aprecia detrás es una verdadera radiografía de las élites: vínculos, prácticas y lógicas que suelen operar fuera de los reflectores pero que son lo principal", dice.

En esa línea, el diputado sugiere que existe una especie de sistema paralelo, donde la meritocracia convive con mecanismos informales que protegen a quienes forman parte del círculo.

Entrada de Cristo a Bruselas en 1889 (1888) - James Enso. Imagen que Lousteau usó en su posteo.

El enojo social y la crisis de legitimidad

Uno de los puntos centrales del texto es el creciente rechazo social hacia las élites. Lousteau cita datos globales que muestran una percepción cada vez más extendida: las élites gobiernan para sí mismas.

  • "Las élites ya no son superiores por resolver problemas colectivos, sino porque no los padecen", dice

Este divorcio entre dirigentes y sociedad, sostiene, explica buena parte del malestar político actual, tanto en Argentina como en el mundo.

Una frase de David Brooks, ex columnista de The New York Times, muestra -dice Lousteau- una autocrítica demoledora al comportamiento de las élites. 

En un auditorio repleto de ellas, Brooks dijo: "[...] Nosotros, los miembros de la élite educada, hicimos algunas cosas buenas. Creamos Internet, el brunch y los cócteles sin alcohol. De nada. También hicimos algunas cosas malas. Diseñamos una meritocracia basada en las habilidades que nosotros mismos poseemos y amañamos el juego para que nosotros triunfáramos y todos los demás fracasaran. [...] Así que creamos un sistema de castas, aunque finjamos ser igualitarios".

La frase más fuerte: la "casta" y el poder

El momento más potente de la columna llega cuando Lousteau vincula este fenómeno con la política argentina y el concepto de "casta", hoy instalado en el debate público.

"No molesta la casta, sino no pertenecer a ella", dice.

Con esa definición, el diputado apunta a una dinámica recurrente: quienes critican al poder desde afuera suelen reproducir sus mismos privilegios una vez que logran ingresar. "Siempre hay casta", dice. "Y cuando se denuncia la existente suele ser para reemplazarla: es el sueño de la casta propia", dice y pone como ejemplo a Manuel "Fin" Adorni que se la pasó denunciando lo que, una vez en el poder, empezó a practicar.

Argentina como espejo del problema global

"En Argentina -dice Lousteau-, el caso Epstein se llama corrupción rampante y aceptada, vínculos espurios, visitas a Lago Escondido, implicación en la Causa Cuadernos o la AFA, entre muchas otras. Igual que allá: diferencias de cara al gran público, tolerancias mutuas en privado. Dicho sea de paso, por ahora parece que a los onanistas más millonarios y poderosos del país no les dio el piné para entrar en ese círculo; quizás alguno que haya intentado hacerlo respire hoy aliviado pensando 'menos mal...'", sentencia.

¿Hay salida? El llamado a nuevas élites

En el tramo final, el diputado introduce una idea clave: las élites no son el problema en sí mismo. Lo determinante es cómo actúan.

Recuerda momentos históricos donde, según su lectura, existieron élites con vocación inclusiva y proyecto de país.

¿Qué pasa cuando la máxima aspiración de esas élites es que las inviten a las fiestas de Epstein?

"El fracaso de las élites es no tener un proyecto integral de país", dice. Y deja una advertencia final: "Sin otro tipo de élites en el mundo y en el país, no hay destino". Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar

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