Fenómeno Barrial

Los partidos pasan, los líderes no quedan

En un nuevo episodio del podcast Fenómeno Barrial, Andrés Malamud y Pablo Castro conversan sobre la crisis de los partidos nacionales en Argentina, las causas del derrocamiento de Arturo Illia y la fragmentación electoral que ubica a los gobernadores como los principales actores políticos.
Malamud y Castro dialogan sobre la incapacidad de las estructuras tradicionales para interpretar la demanda ciudadana. .
06-07-2026
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Las mejores frases del podcast

  • En el debate permanente sobre honestidad versus corrupción en Argentina, no hay nadie, ni amigo ni enemigo, que acuse a Arturo Illia de haberse enriquecido o de haberlo permitido. Al contrario, se acepta que fue uno de los presidentes más honestos de la historia y, tal vez, uno de los pocos que dejó el cargo más pobre de lo que entró. 
  • En cuanto al desempeño económico, durante la presidencia de Illia, Argentina registró un crecimiento aproximado del 6%, el doble que hoy, y un desempleo del 4%, la mitad que en la actualidad.
  • Illia fue derrocado por la dictadura de 1966, que selló un pacto con sindicalistas peronistas y antiperonistas, como Vandor y Alonso.
  • La principal causa del golpe a Illia fue la victoria del peronismo en las elecciones intermedias provinciales. Por este motivo, su salida del poder no respondió tanto a su filiación radical, sino a la imposibilidad de contener aquel triunfo justicialista. Quienes lo derrocaron pactaron con ese mismo sector e impulsaron la idea de un peronismo sin Perón. Ese fue, precisamente, el eje del acuerdo entre Augusto Vandor y Juan Carlos Onganía. En ese marco se crearon las obras sociales y surgieron diversas estructuras que perduran hasta nuestros días. En gran medida, la Argentina corporativa actual tiene su origen en aquella época, a partir del derrocamiento de Illia. 
  • Al visitar Corrientes, Mendoza, Jujuy o Santa Fe, los comités radicales abren sus puertas y se encuentran llenos. Resulta muy difícil caminar por algún lugar y no hallar radicales. Mientras en algunas geografías de la república el radicalismo ha desaparecido, en otras no solo permanece vivo, sino que gobierna. 
  • A diferencia de Estados Unidos, Brasil y México, en Argentina los gobernadores sí manejan el calendario electoral en la mayoría de los casos. Por tal motivo, los partidos en el país son efectivamente provinciales: cada mandatario controla su propio espacio. El gobernador de Mendoza es el líder del radicalismo en su provincia, pero carece de influencia a nivel nacional. A su vez, la estructura nacional no tiene peso sobre él. Una dinámica similar ocurre con el resto de los líderes provinciales y con el PRO, que cuenta con tres gobernadores y cada uno sigue su propia estrategia. Rogelio Frigerio se ubica más cerca del Gobierno de Milei; Ignacio Torres posee mayor autonomía en Chubut y, por supuesto, Jorge Macri aún no definió qué rol ocupará, ya que la estrategia en la Capital dependerá de las intenciones del oficialismo nacional.
  • El kirchnerismo de la provincia de Buenos Aires está dividido entre Kicillof, el alegado heredero, y los Kirchner, Cristina, inhabilitada, y Máximo, que le buscan hacer la vida imposible a Kicillof. Su único objetivo, y se lo dijeron a contactos en común, es que Axel no gane.
  • Por lo tanto, ninguno de los tres partidos que hasta ahora gobernaron en Argentina —el radicalismo, el peronismo y el PRO—, además de LLA, tiene una conducción centralizada con una estrategia unificada y un candidato definido.
  • Líder sí, pero sin partido no. No funciona. Se necesita un partido para organizar las elecciones, la campaña, los recursos y la disciplina posterior. ¿Cómo se hace para coordinar un conjunto de legisladores y de ministros si no se tiene partido?
  • Los partidos políticos aún son herramientas importantes para el gobierno, para la gestión, pero no lo son para la campaña. Se puede ganar una elección sin tener partido político, dice Javier, pero no se puede gobernar sin partido, dice Karina, y por eso se ocupa de armarlo. 
  • Milei interpretó a los rotos, a los hastiados y un sentimiento que era mayoritario en la sociedad. Tuvo olfato, a veces no hacen falta encuestas, pero lo que se advierte en los viejos partidos es un exceso de ofertismo o, si se quiere, un déficit de demandismo. Se olvidan de preguntarle a la gente qué es lo que quiere votar. 
  • La mayor parte de los presidentes argentinos desde 1983 fueron antes gobernadores. Y sus rivales también. Menem, por supuesto, enfrentado por Angeloz y por Massaccesi; De la Rúa, gobernador o jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, enfrentado por Duhalde; Bordón, exactamente, en el 95; y Macri, enfrentado por Scioli. Eran todos gobernadores. Y de repente, cuando se es gobernador, no se cumple la función de ser un líder nacional, porque se entiende bien el metro cuadrado, se comprende la demanda del pueblo de la provincia, pero se tiene mucha dificultad para articular las necesidades de los otros 23 distritos. Porque no hay partidos.
  • No todos los países desarrollados están en la misma situación. Dentro de la Unión Europea, Holanda o Suecia son ejemplos de países que tienen capacidad fiscal y un déficit muy controlado.

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Andrés Malamud se recibió con honores en la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y después hizo un doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en el Instituto Universitario Europeo. Vive en Portugal y trabaja como investigador de la Universidad de Lisboa.

Pablo Castro es economista y politólogo. Fue docente en diversos cursos en la Universidad de Buenos Aires, consultor y analista financiero en Argentina y el Reino Unido.

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