Presente ambiguo
Todos recordamos la imagen que a unos les parece un pato y a otros un conejo. ¿Ilusión? No. Puntos de vista. Ambigüedad.
Para la RAE "ambiguo": "Que puede entenderse de varios modos o admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión".
Pato o conejo, depende de quién sea el observador, estado de ánimo, edad, formación y de la fugacidad o morosidad de la mirada. L.Wittegenstein usó esa imagen para distinguir entre "ver algo como si fuera" o "ver algo como permanente" o bien que todo depende del punto de vista. Antes (1846) la "ley de Campoamor" señalaba « nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira» ("Las dos linternas")
Este domingo -voluntad política revelada - una evidencia estadística: 84% del padrón no acepto la invitación que realizó Milei a votar por Adorni.
No es que sólo 16% aprueba su gestión. No. Ni los votos - como veremos - ni las encuestas informan de un rechazo a lo que está ocurriendo o a lo que creen que va a ocurrir en la economía. Lo dominante no es un rechazo.
Pero tampoco, ni remotamente, una aprobación convencida, entusiasta y fiel. Y por eso tal vez dependa de pocas cosas. Tal vez por eso, finalmente, es frágil o es un resultado ambiguo.
La enorme mayoría se abstuvo de ir votar, al igual que en las elecciones del domingo anterior, donde también triunfó la indiferencia.
Como todo es según del color del cristal con que se mira, la mayoría de los periodistas - el grupete de los que se autodenominan "progres", que se autoidentifican así por sostener la agenda woke y ya no los grandes proyectos transformadores; más los fanáticos de Javier, legiones que ocupan los horarios top de los principales canales de noticias - han repetido, toda la semana, que la LLA tuvo un triunfo "aplastante" a pesar de que sólo lo votó 16% de un padrón de 3 millones. Que no votaron los extranjeros, que hay una tendencia universal a no participar, etc. Pero si miramos la cantidad de votos de los dos principales participantes, resulta que tuvieron una diferencia de 46 mil votos: 1,5% del electorado. Casi la misma fuerza.
Dentro de la "misma familia ideológica" Milei aplastó a Macri: lo duplicó en votos.
Lo que ganó de manera aplastante fue el castigo a todo lo que huela a kirchnerismo: rondó el millón de votos que, por otra parte, con "ñonos republicanos" incluidos, manifestó su acuerdo (me baso en comentarios de campaña) con los resultados de las políticas económicas de Milei.
Pueden no estar de acuerdo con "cómo se lograron esos resultados" (jubilados, obra pública, apertura económica extrema, exageradas ganancias de la bicicleta financiera, etc.). Pero, aplauden el achique del Estado, el equilibrio fiscal, la baja tasa de inflación, el tipo de cambio bajo (es una ganga viajar al exterior) y también que no haya más piquetes en la Avenida 9 de Julio. Eso sí no anotan consecuencias.
A Adorni lo votaron casi 500 mil. Pero si sumamos los votos de los que destacaron en campaña los "buenos resultados económicos", ese número se duplica.
Una "mayoría económica" por "resultados", que no considera todas las consecuencias, pero que -con su amontonamiento- empuja, arrastra, a la adhesión a la mayor parte de los gobernadores e intendentes, prescindiendo de su origen: kirchneristas, masitas, radicales, etc. Lo vemos en el Parlamento.
El "éxito de los resultados" económicos y la deportiva ausencia de consideración de las consecuencias de esos resultados, es la celebración que han realizado, en estos años de democracia, los oficialistas y los opositores de todos los tiempos, que "por contagio electoral" han logrado la desaparición de los partidos: la gran paradoja de la reforma del 94 que introdujo a los partidos en la Constitución al mismo tiempo que por su germen, muy olvidado, producía su desaparición.
Pero ¿qué piensan acerca de los "resultados" económicos aquellos que no fueron a votar en CABA y en las 4 provincias? La gran duda.
¿No votaron porque creen que con los que vayan a votar alcanza para que Milei continúe? ¿Que todo seguirá de acuerdo con el Plan?
¿O no votan porque no hay ofertas convocantes? Nada los atrae. No han sido convocados, por eso no participan, pero están abiertos, esperan.
¿O no votan porque la prédica de que hay que destruir al Estado, y a "la política", ganó su voluntad y consecuentemente renuncian a ser ciudadanos? ¿Por qué carece de sentido decidir acerca del Estado porque es una clase vacía?
Esta tercera opción, obra de los ingenieros del caos, es un mensaje devastador: no hay nada como el Bien Común que atraiga nuestra voluntad. Si la mayoría de los que no fueron a votar en las provincias y en CABA, comulgara con esa visión, la que ha predicado Milei, y si a esa visión de los que no fueron, le sumamos la totalidad de los votos de LLA - que sostiene esa doctrina - más las fracciones libertarias pequeñas y una parte -menor - de los que votaron al PRO, se estaría incubando una expresión potencialmente mayoritaria que nos condena, (hay todavía un capital social que no se ha agotado), a un experimento de individualismo salvaje cuyas consecuencias, a no muy largo plazo, habrán de ser devastadoras. Con un vacío de alternativas seductoras ¿esas legiones serán incontenibles?
La segunda opción, de ser cierta, podría ser estimulante: ¿un número importante esperando la oferta de una alternativa en el terreno de "la política"? Una oferta de ideas para construir, desde el Estado, las condiciones colectivas para ser Nación, darle a la Argentina del presente un sentido basado en un proyecto sugestivo de vida en común. Lo viejo que se ha olvidado.
Cuando la Nación de los argentinos estaba en su primer siglo de formación -tan jóvenes y al mismo tiempo dan decadentes - Leopoldo Lugones - voy a recordar una frase que contiene una palabra recurrida día y noche en estos tiempos - apelaba a esos criollos comprometidos con la construcción de la Patria a los que llamaba una "casta digna de mando".
Se es "digno de mando" cuando se milita un proyecto de Nación que debe ser necesariamente inclusivo. Nadie afuera. Qué difícil entender: el actual presidente ha querido (aceptar es querer) siendo ya presidente, ser ciudadano extranjero. Todo es raro.
El16% de los votos no se condice con una adhesión a los resultados de Javier que, según encuestas, ronda 50% de la población. La mayoría de los entrevistados en los medios, economistas, politólogos, sostienen la sustentabilidad de lo que llaman los "indudables éxitos de la macroeconomía". Reducen esos "éxitos" a la estabilidad del tipo de cambio, equilibrio fiscal y reducción de la inflación.
El principal vocero del programa libertario sostiene que el plan es "equilibrio fiscal + Sturzenegger". Una versión small del programa de Roberto Aleman, Dictaura Genocida, que en 1982 sostenía las 3D "desregular, desestatizar, desinflacionar" y con esos tres "deshaceres" agotaba la política económica. El resto lo harían las fuerzas, los vientos, no "la política".
Desde 1975 la dominante fue la lucha contra la inflación, anclando el tipo de cambio y negociando deuda externa. Con distintos discursos, siempre se redujo a lo mismo. Resultado: estancamiento económico, crecimiento de la pobreza y de la deuda externa.
Nadie debería desconocer que la "macroeconomía" no se reduce a las variables financieras.
Para el consenso académico, la "macro" son los agregados económicos: no se reduce a equilibrio financiero; es PIB y PIB por habitante, tasa de inversión, nivel de empleo en las condiciones deseadas, salario real y las condiciones de vida, pobreza (inclusión), infraestructura económica y social y su disponibilidad geográfica, distribución del ingreso, equilibrio de las cuentas externas, ahorro disponible, etc.
Caputo II acaba de dibujar, en el aire, medidas destinadas, en última instancia, a liberar controles para que aumente el consumo autofinanciado con dólares del consumidor. La sed de dólares de Caputo II es inagotable; y dado que un aumento del 1% de la producción local implica un aumento de entre 3 y 6% de las importaciones, la urgencia de dólares es prioridad si quieren arrancar.
Blanqueo, auxilio del FMI, nuevo blanqueo, son parte de la doble llave para evitar el derrumbe de la economía y del programa: el BCRA no acumula reservas y si las acumulara, en la cantidad y el ritmo necesario, para cumplir con el FMI, la presión sobre el dólar habría de generar una presión inflacionaria mortífera para el resultado de Octubre.
Con el apoyo del FMI y del secretario del Tesoro que puso el cuerpo, un "toco y me voy", 16% en la Capital, es un pésimo antecedente, si es que en Octubre votamos con un dólar cerca del techo de la banda y los precios en respingo: sea como sea eso es lo que no tiene que ocurrir para que esto continue.
R. Arriazu, padre de la tablita fundadora de este proceso histórico, promotor de Vaca Muerta desde hace más de una década, avisó que si las promesas de energía, minerales, etc., se cumplen, el problema que tendremos es que, como la destrucción es anterior a la construcción, sino hacemos lo que hay que hacer - que es expresamente lo que no estamos haciendo - tendremos bolsones de pobreza y de descontento.
Es decir, los triunfos electorales - si no consideramos la ausencia de los electores -, la economía financiera celebrada y el futuro de abundancia de dólares que las riquezas minerales nos anuncia, en esta Argentina cara, seremos una Argentina aún más cara; y si seguimos no haciendo lo que hay que hacer, los bolsones de pobreza transformados en descontento (Arriazu dixit), ahuyentaran a "las fuerzas del cielo". En otras palabras, se celebran los éxitos financieros, se anuncia la abundancia de dólares, pero se avisa - con criterio- que haber renunciado a lo que habría que haber hecho (lo obvio, el desarrollo) es una garantía que la pobreza parirá el descontento que hará maldecir la abundancia.
La ambigüedad del presente, ¿es o no es lo que ven?
Seguí a El Economista en Google Agreganos a tus medios preferidos. + Agregar