Leonel Chiarella, presidente UCR: "Las rutas nacionales están abandonadas, no cortan ni el pasto"
Un 18 de diciembre de 1988, exactamente 34 años antes de la consagración argentina en el Mundial de Qatar, nació Leonel Chiarella. La casualidad del calendario parece un guiño del destino para un hombre atravesado por la pasión futbolera y la intensidad política. Venado Tuerto, la ciudad que lo vio nacer, es el epicentro productivo de la Pampa Húmeda y el escenario definitivo de su vida.
Hijo de una maestra de primaria y de un técnico electromecánico, su infancia transitó en un hogar de clase trabajadora, bajo el cuidado materno y de sus abuelos. Fueron años de educación pública ininterrumpida, desde las primeras letras hasta el título universitario. La crisis de 2001 dejó cicatrices imborrables como las visitas al club del trueque para sostener la economía doméstica.
El arco de fútbol fue su primer territorio de resistencia. Desde los seis años ha sido arquero en el Club Centenario, luego en Rivadavia y finalmente en Sarmiento de Maggiolo. Esa vocación de atajar penales, de resguardar lo propio frente a la adversidad, mutó con el tiempo hacia la arena pública.
La adolescencia trajo consigo el despertar del interés por lo colectivo. A los quince años, en el colegio técnico "El Industrial" Leonel Chiarella presenció sus primeros pasos en la militancia al crear y presidir el Centro de Estudiantes. Las inquietudes excedían el ámbito escolar; la participación en programas de simulación legislativa y en modelos de Naciones Unidas encendió una mecha.
A la par, la Juventud Radical lo recibió en sus filas locales. Allí forjó vínculos con figuras como Lisandro Enrico, actual ministro de Obras Públicas de Santa Fe, e inició el tejido de una red territorial.
Al cumplir 18 años, su mudanza a Rosario para formarse como abogado en la Universidad Nacional lo expuso a una realidad distinta y a nuevos desafíos. Los primeros años transcurrieron entre apuntes de derecho y bandejas de bar; el empleo de mozo resultaba indispensable para sostener la estadía. Cada fin de semana implicaba un regreso a Venado Tuerto, para no perder el pulso de su ciudad ni el contacto con el activismo de su departamento.
—¿Cómo se dio el encuentro con el actual gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro? —le pregunta El Economista a Leonel Chiarella.
—El encuentro ocurrió en la juventud radical de la región, específicamente en el departamento General López. Para comprender la geografía política santafesina, cabe destacar que cada ciudad o pueblo conforma un distrito con su propia unidad de debate local. Venado Tuerto tiene la suya, al igual que Hughes, la localidad donde Pullaro transcurrió su infancia. A su vez, la provincia se divide en zonas más amplias llamadas departamentos. General López agrupa a treinta y una localidades. Fue en esa mesa departamental, un ámbito de alcance mayor, donde se forjó el vínculo y se inició una labor política conjunta sostenida durante más de diez años con Pullaro —responde Chiarella.
—¿De qué manera se articuló esa militancia territorial con la vida universitaria en Rosario?
—En el tercer año de la carrera me sumé a la participación en la Agrupación 1983, una extracción del radicalismo en la universidad. Jamás abandoné el camino en la juventud radical de Venado Tuerto. Trabajaba, estudiaba y militaba en ambos frentes en simultáneo.
El esfuerzo académico rindió frutos en 2014, al obtener el título de abogado. Durante su etapa universitaria, la experiencia se enriqueció con el rol de ayudante de cátedra en Derecho Constitucional y con labores de asesoría legislativa.
La consagración en las urnas llegó rápido. En 2015, los vecinos lo eligieron concejal a Chiarella. Su experiencia política lo catapultó a la intendencia en 2019. Con apenas treinta años, se convirtió en el intendente más joven en la historia de Venado Tuerto.
Cuatro años más tarde, la reelección se confirmó con un respaldo abrumador del 83 % de los votos. Consagrado también como presidente de la Unión Cívica Radical, hoy ostenta el título del intendente más joven de la provincia, consolidado como un actor ineludible del escenario santafesino.
—¿Qué elementos explican la enorme capacidad productiva de Venado Tuerto?
—El lugar estratégico resulta fundamental, en el corazón de la Pampa Húmeda. Ese factor es impulsado por una sociedad con un entramado de extrema pujanza y dedicación. Además, existe una articulación virtuosa entre lo público y lo privado. Se cuenta con un territorio clave, gente dispuesta a invertir y gobiernos locales que acompañan al sector productivo.
—¿Es cierto que allí se fabrican las reconocidas ollas Essen y se originó la Marcha de San Lorenzo?
—Totalmente. Se fabrican las ollas Essen, las motos Corven y la ciudad es la capital nacional de las semillas. Además, es la cuna de la Marcha San Lorenzo. En el ámbito deportivo, la urbe se destaca como capital nacional de la pelota paleta y cuenta con el registro del primer club de polo del país. Existen grandes figuras deportivas locales, como Walter Herrmann, de la Generación Dorada de básquet, y el tenista Guillermo Coria, además de futbolistas de alto nivel.
El origen del nombre de la ciudad, Venado Tuerto, encierra un misterio a mitad de camino entre el folclore de frontera y la rigurosidad histórica. La leyenda más popular, cargada de cierto romanticismo, sitúa la acción en un antiguo fortín —una pequeña fortificación defensiva de la llanura— del siglo XIX. Allí, los milicianos —civiles armados para proteger el territorio— adoptaron a un pequeño venado de las pampas al que le faltaba un ojo. El animal actuaba como un centinela prodigioso: cada vez que un ataque indígena era inminente, advertía a la tropa con movimientos nerviosos y lograba salvar innumerables vidas. Años más tarde, el pionero Eduardo Casey escuchó este relato de boca de un baqueano —un guía local experto en los caminos de la región— y eligió el curioso apodo para dar identidad a su nueva colonia.
Aunque esa versión resulta bella, los fríos documentos sugieren una verdad más terrenal. Registros militares de 1837 —muy anteriores a la llegada de Casey— ya identificaban la zona con igual denominación. El origen exacto proviene de la traducción del topónimo mapuche "Thrauma Trüli", que significa, de manera literal, venado tuerto. A la par, otras versiones más mundanas susurran que el título aludía a un solitario habitante de la zona, un hombre de un solo ojo apodado "Venado" por su nulo éxito con las mujeres. Sea fruto del heroísmo de un animal salvaje, de la antigua lengua de los pueblos originarios o del humor rústico de la pampa, el fundador Eduardo Casey supo aferrarse a una mística que hace de Venado Tuerto un lugar inconfundible.
Detrás de la investidura oficial, en Leonel Chiarella perviven intactas las raíces de sus antepasados italianos. Las preferencias culturales dibujan a un hombre apegado a la tradición del mate, el asado y su pasión por Boca Juniors. La banda sonora de la vida de Chiarella oscila entre la cumbia y el folclore clásico de Soledad Pastorutti.
Ante la consulta por un libro memorable, destaca "Ahora Alfonsín" de Matías Méndez. Chiarella reconoce en el líder radical a un dirigente insoslayable. Su película favorita es "El hijo de la novia" y su lugar en el mundo no admite vacilaciones: "Venado Tuerto". El proyecto político abriga, a su vez, una meta de máxima: "Que la Argentina vuelva a tener un presidente radical", asegura Leonel Chiarella.
Con esa matriz de pensamiento, forjada en la gestión territorial y en la pertenencia partidaria, el intendente santafesino se sumerge en el debate de coyuntura. En este diálogo con El Economista, Leonel Chiarella disecciona el presente nacional y reflexiona sobre los desafíos del radicalismo frente a un escenario político en plena ebullición.
—Como presidente de la UCR, ¿percibís una mayor exposición? ¿Cuál es la estrategia de instalación que están implementando?
—Un desafío es movilizar a la fuerza política y mantener cercanía con las realidades provinciales y locales. Con ese fin, se está realizando una recorrida federal junto a Piera Fernández, secretaria general del partido, quien tiene 28 años y es originaria de Río Cuarto, aunque actualmente reside en Capital Federal.
Otro objetivo es movilizar al radicalismo, recorrer el territorio y propiciar encuentros. En ese marco, ya se visitaron diferentes provincias y se realizó un encuentro con más de 300 intendentes. A pesar de no haber cumplido aún los cien días de gestión, el ritmo de trabajo es muy satisfactorio.
Buscamos que el radicalismo logre expresar una voz propia sobre los problemas reales de la ciudadanía. El partido debe abandonar la discusión sobre la "rosca" o las internas para enfocarse en soluciones concretas.
Muchas de estas cuestiones pueden afrontarse no solo desde las ideas, sino también desde la experiencia de gestión de cinco gobernadores y más de 500 intendentes. Visibilizar estas administraciones, mostrar cómo se resuelven los conflictos —como el avance de Maximiliano Pullaro contra el narcotráfico en Santa Fe— permite demostrarle a la Argentina que los principales problemas sociales tienen solución.
Exponer una gestión eficiente, como la de Alfredo Cornejo en Mendoza, implica presentar el modelo que el radicalismo propone. Cuando se menciona la eficiencia, se alude también al coraje. En las gestiones actuales reside un valor fundamental, ya que el coraje de los radicales es indiscutible: Gerardo Morales enfrentó a Milagro Sala en Jujuy, Leandro Zdero terminó con el sistema clientelar de Capitanich en Chaco y Pullaro combate al narcotráfico en Santa Fe.
El radicalismo expresa esa impronta. Actualmente, manifestarlo no requiere una mera declamación de ideas; además de sostener la necesidad de terminar con las mafias y el clientelismo, se demuestra con hechos. No es una expresión de deseo sobre lo que habría que hacer, sino una realidad que está ocurriendo en Santa Fe, en Chaco y en Jujuy, entre otras provincias.
—¿Qué tiene hoy el radicalismo para ofrecer a la sociedad?
—Principalmente, una mirada desde las gestiones que representan las soluciones demandadas en la agenda pública. Ante la pregunta sobre cómo resolver los problemas, la respuesta se encuentra en lo que realizan las administraciones radicales. Otro punto es el aporte de sentido común al debate público; la capacidad de acompañar lo que está bien y señalar lo que está mal.
Existen debates que no son ideológicos, sino de sentido común. Que el gasto no exceda la recaudación es un concepto básico que no nació en 2023 con la llegada de Javier Milei. En mi caso, soy intendente de Venado Tuerto desde 2019 y desde entonces mantengo superávit. Lo mismo ocurre en la intendencia de Mendoza con Ulpiano Suárez o en la mayoría de las gestiones radicales, donde el equilibrio fiscal es previo a 2023.
Del mismo modo, terminar con el "home office" desde las cárceles es de sentido común. No es admisible que los presos utilicen teléfonos celulares para organizar delitos. Maximiliano Pullaro trabajó firmemente en este aspecto como ministro de Seguridad y lo profundiza ahora como gobernador de Santa Fe.
Asimismo, se debate actualmente el rol del Estado. No hay una creencia en un Estado presente que sea corrupto y no resuelva los problemas, aunque tampoco se considera aceptable un Estado ausente que abandone sus funciones. Se aspira a un Estado eficiente y humano, que comprenda que detrás de cada política pública existen personas.
Un ejemplo central es la infraestructura vial. Ningún país logra desarrollarse sin inversión en esta área. No se desean rutas vinculadas a la corrupción, como sucedió anteriormente, ni rutas abandonadas, como ocurre en la actualidad. Es necesaria la inversión en infraestructura para evitar accidentes y para que la producción llegue a destino de manera ágil, convirtiendo a la logística en un motor de desarrollo. No se conoce nación que haya progresado sin invertir en rutas, puertos y aeropuertos.
El radicalismo acompañó ciertos planteos del gobierno nacional, aunque también marcó un límite claro en la defensa de la educación pública y la universidad. El acceso a la educación transforma vidas; la posibilidad de ocupar hoy un lugar como intendente o presidente del partido es consecuencia directa de lo que me brindó la universidad pública.
—¿En qué estado se encuentran las rutas de Santa Fe y cómo se evalúa el manejo que el Gobierno Nacional hace de ellas?
—Las rutas nacionales están abandonadas, no cortan ni el pasto. Somos testigos de la situación en la ruta 8 y la ruta 33, donde no se realiza siquiera el corte del césped.
Debo destinar fondos locales para cortar el pasto en las dos rutas nacionales que atraviesan Venado Tuerto. Ante esta situación, la senadora departamental Leticia Di Gregorio presentó un amparo judicial para que Vialidad Nacional repare las trazas.
La ruta 33 es fundamental porque por allí transita el 70 % de los granos que exporta la Argentina; es una arteria troncal. Hoy circular por ella resulta peligroso. La calzada está deteriorada y presenta huellas que, al llover, acumulan agua sobre la ruta. Si a esto se suma el pasto alto en los sectores rurales que dificulta la visibilidad, cualquier maniobra ante un imprevisto se convierte en un riesgo de muerte.
En Santa Fe, mientras las rutas nacionales carecen de inversión, el Gobierno Provincial está invirtiendo en infraestructura y construyendo nuevas rutas provinciales. Frente a la inacción nacional, la provincia solicitó la transferencia de las rutas nacionales para hacerse cargo de su mantenimiento, pero la respuesta fue negativa. No las reparan, pero tampoco permiten que la provincia lo haga.
—¿Cuál es la principal diferencia con Milei y cuál con Kicillof?
—En el caso de Kicillof, la diferencia fundamental radica en el modo y la forma de gestionar la política pública. En territorio bonaerense se percibe una falta de progreso y de desarrollo específico en materia de infraestructura, así como en la lucha contra el narcotráfico y la inseguridad.
Respecto del Gobierno Nacional, existen coincidencias y disidencias sobre cuestiones que sí son ideológicas. No hay acuerdo con el desfinanciamiento de la educación pública, de las personas con discapacidad o de los jubilados, ni con los ataques a la cultura o el intento de quitar recursos al Hospital Garrahan, un emblema de la salud pública.
Asimismo, se rechazan los procesos fundacionales. No se comparte la visión de que quien asume deba eliminar todo lo realizado por la gestión anterior para empezar de cero. Estos procesos fundacionales permanentes no son beneficiosos para el país.
Al observar naciones desarrolladas como Finlandia o Noruega, o incluso casos regionales como Uruguay, Brasil o Chile, se advierte que los gobiernos cambian, pero determinadas políticas se sostienen más allá de quien ejerza el poder. Si se continúa en esta dinámica de procesos fundacionales constantes, será imposible alcanzar el desarrollo.
—Existe la percepción de que el bloque legislativo del radicalismo transita por una vía y la conducción partidaria por otra. ¿Cómo explicás esta falta de sintonía interna?
—Actualmente se mantiene un proceso de diálogo fluido con los legisladores radicales, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. El trabajo está orientado a aunar posiciones y establecer criterios comunes, siempre comprendiendo la naturaleza del rol legislativo. Existe un diálogo constructivo con los representantes en el Congreso Nacional, así como una coordinación constante con los gobernadores.
—¿Qué representa Provincias Unidas?
—La presidencia del partido implica representar a todos los radicales: a quienes integran Provincias Unidas, a quienes no pertenecen a ninguna alianza y también a aquellos que, en sus distritos, mantienen acuerdos con La Libertad Avanza.
El rol de la presidencia consiste en trabajar para todos los sectores. Es una dinámica similar a la de un intendente, quien no gobierna solamente para sus votantes, sino para todos los ciudadanos.
La tarea actual se centra en movilizar al partido para propiciar el encuentro y generar el diálogo necesario para que las diferencias no resulten determinantes. Es imperativo trascender la discusión sobre la "rosca" política; a la sociedad no le interesan las disputas internas del radicalismo, sino la capacidad de respuesta ante sus problemas.
—Si se observa a Santa Fe y la gestión de Pullaro, ¿qué balance hacés de Unidos para Cambiar Santa Fe —alianza, que logró sumar al PRO—?
—Unidos para Cambiar Santa Fe es una coalición que contiene a más de diez partidos políticos, entre ellos el radicalismo, el PRO y el socialismo, junto a diversas expresiones provinciales.
Es una experiencia sumamente valiosa que incluye también al partido del intendente de Rosario Pablo Javkin, a Uno —vinculado a la Iglesia Evangélica— y al Partido Demócrata Progresista. Unidos es un ejemplo a nivel provincial, como también lo son los frentes en Corrientes con Juan Pablo Valdés, en Jujuy con Carlos Sadir y Gerardo Morales, en Chaco con Leandro Zdero o en Mendoza con Cambia Mendoza. Son espacios donde se priorizan las coincidencias por sobre las diferencias. En Santa Fe, esa unidad se traduce en una experiencia no solo electoral, sino de gestión, con resultados concretos en la administración provincial.
—En 2027, ante la eventual ausencia de un candidato presidencial propio, ¿cómo se evita una dispersión o anarquía dentro del partido?
—En marzo de 2026, hablar de 2027 resulta prematuro; implica poner el carro delante del caballo. La responsabilidad actual radica en movilizar la estructura partidaria, abordar los problemas que preocupan a la ciudadanía y trabajar en el entendimiento entre los diferentes sectores internos. Ese proceso determinará la estrategia electoral futura, cuya definición corresponderá a la Convención Nacional en 2027. Adelantar un año esa discusión no es conducente cuando aún se desconoce el escenario de ese momento.
—¿Qué dirigentes del radicalismo cuentan con proyección nacional para el próximo año?
—Existen numerosos dirigentes con proyección nacional, comenzando por los gobernadores, quienes gestionan diariamente y están en la primera línea de resolución de conflictos. No obstante, mencionar nombres propios en este momento resultaría irresponsable.
—¿A qué se debe la fuerte postura de Javier Milei contra la figura de Raúl Alfonsín?
—Se trata de una mirada profundamente equivocada de la historia. Alfonsín fue el presidente más importante de la historia argentina porque enfrentó con coraje a los sectores militares cuando los cañones todavía estaban calientes. Los sentó en el banquillo de la justicia en un hecho inédito a nivel mundial. No se registró en ningún otro país una acción similar contra las juntas militares que tanto daño causaron.
A través de esa visión de coraje y de apertura política, Alfonsín comprendió que la reconstrucción no era tarea de un sólo partido y convocó a todas las fuerzas políticas.
Su gestión aseguró la democracia, devolvió los derechos civiles, políticos y sociales, cumpliendo con el mandato que la sociedad le otorgó en aquel momento. Eso es lo que Alfonsín representa. Los agravios proferidos por Milei son injustos porque implican negar la trascendencia de Alfonsín en la historia argentina y universal.
—Pensando a largo plazo, ¿está en tus planes llegar a ser gobernador de Santa Fe?
—No, la verdad es que en ese sentido soy muy claro: voy a estar en los roles que Dios y la organización política a la que pertenezco decidan. Todo lo demás resulta circunstancial.